Crucero mediterráneo: Estambul

Por Ricardo Bosque, Jokin Ibáñez y Jesús Lens

Turquía, encrucijada de caminos, crisol de culturas, puente entre dos continentes -puestos a recurrir a tópicos, nosotros también sabemos hacerlo-, lleva décadas llamando a las puertas de Europa. Pero si hasta el momento parece que la firma del correspondiente tratado de adhesión a la Unión Europea tendrá que esperar unos años más, el país sí se está haciendo un hueco en lo que a literatura criminal se refiere, ya sea por autores extranjeros que tienen a bien ambientar sus novelas en ese país o por nativos que empiezan a contar desde dentro las peculiaridades de un país tan complejo como éste en el que nos hallamos.

El exotismo que se desprende de su situación geográfica ha convertido a Estambul en escenario de numerosas aventuras literarias, muy a menudo vinculadas al mundo del espionaje. Así, no nos podemos olvidar de aquel Charles Latimer, profesor universitario y escritor de novelas policíacas que, poco antes de la II Guerra Mundial, nos conducía por media Europa, desde la permanentemente conflictiva región de los Balcanes hasta Francia o la neutral Suiza. Y todo a raíz del hallazgo en Estambul, sumergido en el Bósforo, del cadáver de un tipo llamado Dimitrios y cuya vida siempre ha estado vinculada al crimen en todas sus vertientes, desde la trata de blancas al tráfico de drogas y armas, del asesinato por encargo al espionaje y terrorismo.

Claro que si lo que buscamos es exotismo y pasión turca, ¿qué mejor que dejarnos guiar por un detective eunuco -sí, ya lo sabemos, de todo hay en la viña del Señor- al servicio de un sultán?

Jason Goodwin, padre de quien suponemos único detective eunuco de la historia

Jason Goodwin, padre de quien suponemos único detective eunuco de la historia

Yashim Togalu, que así se llama el interfecto, es exquisito y refinado, amante de la buena cocina y lo mismo debe encargarse de investigar el misterioso retorno de los soldados de élite del Imperio en El árbol de los jenízaros (The Janissary Tree, 2006), del cuidado de un arqueólogo francés -no lo cuida demasiado bien, todo hay que decirlo, pues lo asesinan a las primeras de cambio- en La serpiente de piedra (The Snake Stone, 2007)) que recuperar cuadros perdidos en La estrategia de Bellini (The Bellini Card, 2008). Y, de paso, aprovecha para conducirnos por un Estambul -también por otras ciudades, pero centrémonos ahora en la capital turca- decadente y a la vez ostentosa. No olvidemos que estamos a finales del Imperio Otomano, en pleno siglo XIX, y al sultán Mahmud II y al sultanato en general le quedan dos telediarios -o algo menos de cien años- hasta que Kemal Atatürk firmase en 1922 el acta de defunción de dicha forma de gobierno.

Pero no nos anclemos en el pasado, dejemos la nostalgia a un lado y vayamos a visitar esa ciudad contemporánea y tal vez más atractiva pues, como se dice habitualmente en las guías turísticas acerca de infinidad de lugares, Estambul es una urbe que aúna tradición y modernidad. Tanta que, en ocasiones, no sabremos muy bien si nos encontramos allí o en cualquier capital occidental. Y eso es lo que sucede precisamente cuando Remzi Ünal nos toma de la mano y permite que le acompañemos en algunas de sus curiosas pesquisas.

Remzi Únal -creación de Celil Oker y protagonista de unas cuantas novelas, aunque sólo un par de ellas hayan sido traducidas al castellano- fue piloto de las Fuerzas Aéreas. Le expulsaron. Trabajó después como piloto comercial. Le echaron. Actualmente se contenta con manejar los mandos de una Cessna Skylane virtual en su juego de ordenador preferido mientras, de vez en cuando, ejerce como detective privado. También de vez en cuando practica el aikido.

Palacete Esma Sultan en Ortökoy

Palacete Esma Sultan en Ortaköy

Remzi es divertido, irónico, arrojado, buena gente… Pero podríamos cambiar las calles de su ciudad por las de otra cualquiera y apenas se notaría la diferencia. Una ciudad volcada en el fútbol o la moda más actual cuyas únicas concesiones al tipismo serían las referencias a algunas calles que sirven para poder seguir los pasos a nuestro detective o a ciertas comidas que huelen a especias, como las tripas asadas que venden en los chiringuitos junto al palacete Esma Sultan, en Ortaköy. Porque Remzi lo que come es pizza. Y bebe casi exclusivamente café, al que se confiesa adicto. Vaya, que este antiguo piloto se apellida Ünal pero podría ser Spade, Marlowe, Maigret o Carvalho y -salvando las distancias- sería casi lo mismo.

Otro personaje que no puede ser catalogado de detective pero que también ha hecho sus pinitos en la capital turca es Kati Hirschel, joven alemana enamorada a partes iguales de la literatura criminal y de la capital de Turquía. Por tanto, nada mejor que abrir una librería especializada en Estambul.

La conoceremos en Hotel Bósforo (Hotel Bosporus, 2003), en una de cuyas habitaciones aparecerá asesinado un director de cine alemán como ella, resultando la principal sospechosa su amiga, la actriz Petra Vogel. Y su autora, la turca Esmahan Aykol, residente a caballo entre Berlín y Estambul, utiliza a su librera para contarnos, con buenas dosis de humor, el recurso a los estereotipos que tan buenos resultados suele dar y la excusa de la investigación de ese crimen, las vicisitudes diarias de una ciudadana alemana en Turquía, con el choque de culturas tan diferentes que ello supone.

Por supuesto, no podemos olvidarnos de otro investigador imprescindible si pretendemos conocer a fondo Estambul: el escéptico inspector de origen albanés Cetín Íkmen, siempre ayudado por su colaborador el sargento Suleyman, musulmán practicante de aristocrático origen. Juntos han resuelto más de una docena de casos, aunque en España sólo tengamos noticia de unos pocos, como los reflejados en La hija de Baltasar (Belshazzar’s Daughter, 1999) o Aguas profundas (Deep Waters, 2002).

Barbara Nadel

Barbara Nadel

Creados por la escritora londinense Barbara Nadel, Íkmen y Suleyman resuelven sus casos en una Estambul multicultural, con una nutrida presencia de inmigrantes y minorías étnicas de diverso origen -especialmente armenios o albaneses, como la madre de nuestro inspector- y más alejada de los estereotipos descritos por Aykol y de lo que habitualmente podremos ver si participamos en uno de los muchos viajes organizados que tienen como destino esa ciudad.

Tal vez resulte curioso comprobar cómo quienes mejor han mostrado la ciudad a los lectores ávidos de escenarios diferentes a los habituales han sido personajes creados por  autores nacidos fuera de Turquía. Porque además de Nadel, otros dos escritores resultan unos guías de excepción para esta ciudad: Petros Márkaris -nacido en Estambul, sí, pero en ese Estambul que muchos griegos siguen llamando Constantinopla- y Jon Arretxe, vasco de Basauri y gran aficionado a los viajes entre otras muchas cosas.

Por fin, Katerina se ha casado, para descanso de su madre -aunque ésta habría preferido una ceremonia religiosa que sigue sin descartar-. Casi a modo de celebración, Kostas Jaritos, el comisario ateniense hijo de Petros Márkaris de quien ya hemos hablado antes, accede a tomarse unos días de descanso y realizar un viaje con su mujer, Adrianí. El viaje, organizado; el destino, una ciudad con un fuerte significado histórico para los griegos: Estambul.

Al principio todo son iglesias, mezquitas, palacetes… que Jaritos describe con el mayor de los detalles y con su siempre admirable ironía. Asimismo consigue disfrutar durante unos días de una gastronomía muy similar a la griega pero más sabrosa y menos denaturalizada que la de su país y de unas calles que recorrerá como a él le gusta, a pie, y a poder ser solo, pues siempre que puede se separará del grupo como la oveja díscola que siempre ha sido.

Petros Márkaris, escritor griego aunque nacido en Estambul

Petros Márkaris, escritor griego aunque nacido en Estambul

Pero la desaparición de una anciana en un pueblo de Grecia y el asesinato de un familiar de la desaparecida en el país vecino le permitirán contar con un guía excepcional, el comisario turco Murat. Juntos se adentrarán en la pequeña comunidad griega que todavía permanece establecida en Estambul tras el éxodo masivo de 1955. Porque muchos fueron los que regresaron a su país de origen, en parte impulsados por las medidas confiscatorias del gobierno turco. Otros se quedaron, los más pobres que ni siquiera tenían con qué pagar el billete de autobús para Atenas; algunos, porque decían no encontrar comprador para sus bienes aunque, en el fondo, lo que les ataba a Estambul eran las hondas raíces que allí habían echado. Para ellos, Constantinopla estaba por encima de todo.

Porque lo que hay en el fondo de Muerte en Estambul (2008) es un excepcional tratado sobre la emigración de los pueblos: la de los griegos a Turquía, la de los turcos a Grecia o Alemania o la de los turcos dentro de su propio país. Y quizás el detalle más revelador de esta extraordinaria movilidad sea el protagonizado por el comisario Murat, quien abandonó en su momento la policía alemana en la que prestaba sus servicios al decidir su mujer -culta, con idiomas, profesional liberal y nada religiosa- colocarse el pañuelo en la cabeza en señal de rebeldía contra las restrictivas normas alemanas acerca de su uso. Y es que, ¿qué iban a pensar sus compañeros sino que él era un machista que obligaba a su mujer a cubrirse la cabeza?

A Kawa, protagonista de la novela firmada por Jon Arretxe, Shahmarán (2009), también le habría gustado emigrar a Alemania, tal y como hicieron su hermano Barán y su hermana Xezal. Pero alguien tenía que quedarse a cuidar a la madre, atada hasta la muerte a una silla de ruedas. Y ya que se queda, de algo hay que vivir, en su caso de los crímenes por encargo que ejecuta sin ningún tipo de remordimiento mientras nos describe el día a día del pueblo kurdo -al que él pertenece- en Turquía, de los turcos en Alemania y de muchas de sus mujeres en uno y otro sitio.

Nuestra estancia en la capital turca comenzaba hablando de tradición y modernidad, y visitábamos el Estambul decadente del Imperio Otomano acompañados por un detective eunuco. Así que, ¿por qué no terminar el viaje por el Estambul más actual de la mano de un detective travesti? Aunque tal vez detective no sea la palabra más adecuada para él.

Portada de la versión original de "El beso asesino"

Portada de la versión original de “El beso asesino”

Burçak Veral es el nombre del protagonista -aunque todos le conozcan como Abi o Abla- de una serie de novelas del turco Mehmet Murat Somer, si bien sólo El beso asesino (Buse Cinayeti, 2002) ha sido publicada en España. ¿Algún editor entre los lectores que se anime con el resto?

Consultor informático de día y travesti de noche -durante la que regenta el club de ambiente más exclusivo de la ciudad-, igual le toca ejercer de asesor financiero que hacer de Elena Francis cuando alguna de las chicas de su local le piden consejo. ¿El espejo en que mirarse? Audrey Hepburn. ¿Su canción favorita? It’s Raining Men de las Weather Girls, cómo no.

Como Remzi Únal, practica el aikido, pero también el thai-kickboxing, vestida con la más diminuta de las minifaldas si la ocasión lo requiere. Y no duda en utilizar esas artes -y otras peores- cuando se trata de defender a cualquiera de sus muchachas o, llegado el caso, mezclarse con mafiosos locales y chantajistas de diverso pelaje con el fin de aclarar la muerte de Buse, una de sus compañeras de trabajo que, un día antes de su muerte, le confesó sentirse acosada.

Con estos mimbres, es fácil pensar que acompañados por Burçak -o Abi, o Abla, como mejor les parezca- no nos limitaremos a visitar las archiconocidas mezquitas de Estambul sino que podremos consumir unas copas y algo de sexo en los clubes nocturnos de la ciudad.

Lo que les decíamos al principio: encrucijada de caminos, crisol de culturas, puente entre dos continentes, exotismo, tradición y modernidad… Todo eso y mucho más podemos encontrar en la literatura criminal turca. Y todo ello sin salir de una misma ciudad.

¿A quién prefieren como guía? Elijan lo que elijan, la satisfacción está garantizada.

Ruta completa: París – Marsella – Cagliari – Vigàta – Florencia – Milán – Venecia – Atenas – Estambul – Argel – Tánger

2 comentarios en “Crucero mediterráneo: Estambul

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