Navidades negras y criminales. Tercera edición

Juan Mari Barasorda

Hay una imperecedera tradición anglosajona, la del “cuento de fantasmas navideño”, que fue encumbrada al altar de los lectores por el triunvirato de Household Words (Charles Dickens, Wilkie Collins y Elizabeth Gaskell) y profusa y deliciosamente desarrollada por escritores como M. R. James. Pero hay otra tradición anglosajona también a la que el lector de novela criminal no deja de recurrir en estas fechas navideñas tan señaladas cuando el rojo de la sangre se confunde con el del gorro de papa Noel: la lectura de una novela, noveleta o relato corto, policial, negra o criminal según gustos, pero situada en estas fechas entrañables de solaz y recogimiento. Un recogimiento que yo acomodo en mi sofá preferido y con una lectura criminal. A tal fin, la revista Calibre .38 invita a recordar –e investigar– aquellas aventuras literarias que, como el capón trufado, nos regalan, junto a caminos cerrados por la nieve o el pudding de navidad, un crimen a los postres, un robo imposible o al detective de turno sosteniendo la copa de champan con una mano y la lupa con la otra.

En pasadas ediciones este lector ha sugerido, junto a antiguas ediciones traducidas hace ya lustros, pequeñas joyas de este ritual navideño de lectura criminal tan placentero como la comisión del delito del truncamiento del pavo o la puya arrojada sin miramiento y bajo el atenuante de los efectos del cava contra aquel cuñado o cuñada que más merecimientos ha hecho durante el año. Llega el momento de compartir nuevas sugerencias que este año 2018, que será conocido como el año de las mujeres, se centrará en las escritoras que nos regalaron alguna historia criminal de navidad.

Las cuatro damas del crimen cultivaron este subgénero detectivesco en la mayoría de las ocasiones a través del relato corto, una apuesta por la que no todas las editoriales se atreven a la hora de presentar nuevas ediciones. De recomendaciones pasadas volvemos a recordar las Una tragedia navideña (“A Christmas tragedy”) de Agatha Christie, un relato incluido en Señorita Marple y trece problemas. Un clásico. Dorothy L. Sayers situó el robo de Un collar de perlas en plena celebración navideña; lo hizo en el libro de relatos Las vacaciones del verdugo que aún puede encontrarse en viejas ediciones y que esperemos pueda reeditar la editorial Lumen embarcada en recordar la obra de esta genial escritora y luchadora feminista

Ngaio Marsh, la neozelandesa dama del crimen, escribió una novela que aún se puede encontrar (Atado con cintas,1972), situada en una casa de campo en plenas navidades: un rico excéntrico, una servidumbre de exconvictos que en nada se parece a la de Downtown Abbey, un trineo cargado de regalos… y un cadáver, y la nieve que convierte a la novela en un misterio de lugar cerrado. Un cóctel de sospechosos perfectamente elaborado para la degustación del inspector Roderick Alleyn. Buena novela con una escenografía de obra de teatro que hace recordar a La ratonera de Agatha. Pero Ngaio Marsh también escribió un relato, “Murder at Christmas” que luego fue retitulado como “Death on the Air” (1939), que en castellano se halla a la espera de ser publicado en algún futuro libro de relatos. Espero que Siruela se atreva con esta empresa ahora que ha comenzado las reediciones de Ngaio Marsh.

Es la editorial Impedimenta la que se ha atrevido a reeditar a la cuarta dama de la Golden age: Margery Allingham. Allingham escribió “The case is altered” para The Strand en 1938, reeditado en las antologías de relatos cortos protagonizados por Albert Campion, resolviendo una investigación durante las fechas navideñas en una de esas mansiones inglesas –llamada “Underhill” en esta historia– en la que los sospechosos suben y bajas escaleras y abren y cierran puertas como si peones de un Cluedo imaginario se trataran movidos por el azar de los dados de un desquiciado jugador (por si no lo he dicho, a mí el Cluedo siempre me encantó). Quedamos por tanto a la espera también de una antología de relatos de Margery Allingham para futuras temporadas.

Otra dama de la Golden Age, Lucy Beatrice Malleson, prolífica autora bajo el seudónimo de Anthony Gilbert, publicó en 1934 con otro seudónimo, Anne Meredith, Retrato de un asesino, reeditada en Inglaterra por el escritor y nuevo presidente del Detection Club Martin Edwards y traducida y publicada por Alba editorial con la adicción del subtitulo Crimen en Navidad, para facilitar al lector interesado en criminales lecturas navideñas la localización de esta novela de trama invertida en la que conocemos desde el principio la identidad del asesino, siguiendo una fórmula con la que el escritor de la Golden Age Francis Iles/Anthony Berkeley Cox había publicado en 1931 la adorada por Hitchcock “Malice Aforethought”, publicada en España con el nombre de Premeditación. También un cambio de nombre ha recibido la reedición en el mercado anglosajón (por Penguin Books) de la obra recomendada en otro artículo navideño de otra dama de la Golden Age, Gergette Heyer (“Envious Casca”, 1941), el envidioso y servil Casca, asesino de Julio Cesar al que Shakespeare llevo a los escenarios, convertida en “A Christmas party” (Una fiesta de Navidad). A buen seguro la encontraremos en una próxima campaña navideña traducida al castellano.

Mientras tanto, en 2018, aunque no en temporada navideña, se ha publicado la primera novela traducida al castellano de una casi desconocida dama del crimen de la Golden Age, Molly Thynne, gracias a las siempre arriesgadas apuestas literarias de la editorial D’Epoca. Fue en su Colección Noir, con el título Crimen en la posada Arca de Noe (“The crime at the Noah’s Ark”, 1931) aun cuando la novela fue publicada en forma seriada en los periódicos con el título “Snowbound”. Tras una gran nevada, un grupo de viajeros queda confinado en una posada, El Arca de Noe. Un campeón de ajedrez anciano, poseedor de una mente extraordinaria y detective aficionado, el doctor Luke Constantine, los miembros de una familia aristocrática, dos solteronas, el autor de un best seller, una bella dama… Un crimen, el robo de un collar de esmeraldas. Todos son sospechosos y todos sospechan del resto, y cada uno de los personajes es retratado de forma que nos resultan creíbles. El asesino, como en Diez negritos, está entre los presentes, y además la acción se sitúa en plenas fiestas navideñas. Se convierte pues en la novela perfecta para regalar en Navidad, al nivel de títulos como Navidades trágicas de Agatha Christie.

Mary Harriet (Molly) Thynne Haden nació en 1881 en el seno de una familia de origen aristocrático y falleció en Exeter (Devon) en 1950. Molly Thynne no tuvo título nobiliario, pero era descendiente en decimotercera generación de Maria Tudor, la reina sanguinaria (“Bloody Mary”). Molly Thynne, en su carrera literaria, ha sido una escritora oculta durante décadas por la bruma del tiempo. Se conservan sus primeras ediciones y poco más. Durante su vida en Londres tuvo relación con los círculos literarios y artísticos de la época. Es en 1931 cuando Molly Thynne crea –siguiendo los pasos de las damas del crimen– a un detective aficionado inteligente y sagaz: el doctor Luke Constantine. Sin embargo, el doctor Constantine no debe ser considerado únicamente como una pieza original –el único detective griego de la literatura policiaca durante muchas décadas– y el referente –solo tal vez– del doctor Constantine que aparece en el Asesinato en el Orient Express de Agatha Christie. Alguien de absoluta credibilidad como el escritor Charles Williams, autor de El arrecife del Escorpión entre otras grandes novelas y afilado y escrupuloso autor de numerosas reseñas de novelas policiales defendió “el derecho con todo merecimiento del doctor Constantine a ser conocido al mismo nivel que los Frenches y los Fortunes”, y con esta expresión se refería a los detectives creados por los escritores Freeman Wills Crofts –inspector French– y H. C. Bailey –Reggie Fortune–, coetáneos de las reinas del crimen.

Tras la sugerencia navideña más ortodoxa terminaremos, como si de la cena de navidad se tratara, con un cóctel chispeante y provocador, muy alejado del religioso villancico y de los cánones de la novela policiaca clásica. Nancy Spain (1917-1964) fue una inhabitual escritora de novelas policiales. Fue una periodista irreverente y polémica. El Daily Express escribió: “La llaman vulgar… la llaman inescrupulosa… la llaman la mujer peor vestida de Gran Bretaña…”. Y la razón por la que la encontraron mal vestida tuvo que ver con las represiones de la década de 1950: llevaba ropa “masculina y fue una pionera de la causa LGTB declarándose públicamente lesbiana (“…Es gay… es provocativa…”, clamaban sus detractores). Fue una inspiración para miles de otras lesbianas y hombres gays en Gran Bretaña.

Sus aficiones fueron la escalada en roca, participar en rallies y manejar las grúas de muelle. Dicen que fue amante de Marlene Dietrich, pero vivió con la editora Joan Werner Laurie y la piloto de rallies Sheila Van Damm y crió con ellas a su hijo nacido de una pasajera aventura con el marido de la escritora Margery Allingham.

No fue aceptada en el Detection Club presidido entonces por Dorothy L. Sayers por las tramas “no suficientemente detectivescas” de sus novelas. Un ejemplo es “Death goes on skis” (1959), una novela satírica a lo P. G. Wodehouse, de trama chispeante y aderezos criminales, incluida la presencia en una estación de esquí de dos detectives femeninas: Natasha DuViven, exestrella de ballet rusa y dueña de un club nocturno, y Miriam Birdseye, actriz de ingenio que siempre quiso dirigir una agencia de detectives. “La muerte se desliza sobre los esquíes” seria el título de esta novela pendiente de encontrar editor o editora que la traduzca al castellano. Habrá que esperar. Una estación de esquí, con o sin cadáver junto a la chimenea, es también un buen lugar para pasar las navidades.

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