Las detectives: de la novela policial a la novela negra (apuntes para una exposición: Bruma Negra). Parte I

Juan Mari Barasorda

El Ayuntamiento de la Villa de Plentzia y la revista digital Calibre.38 colaboran desde 2015 en la nueva etapa de los Encuentros de Genero Negro Bruma Negra, un proyecto cultural que inició su andadura en 1992. Uno de los proyectos anuales es la Exposición sobre género negro que ocupa cada año las paredes de la Casa de Cultura de Plentzia (Goñi Portal). Los Pulps y el género negro o las 100 mejores novelas de género negro de la historia fueron las ultimas exposiciones con la colaboración en el diseño gráfico del portadista y diseñador gráfico Josevi Blender. Este año la Exposición gráfica debe ser aplazada por exigencia del COVID, pero no nos va impedir presentar a los seguidores de Bruma Negra y Calibre.38 el relato histórico que sustenta la Exposición que habíamos preparado para 2020 y que se celebrara en 2021: “Las mujeres detectives: de la novela policial a la novela negra“. Un recorrido por la creación histórica de 100 detectives femeninas (y alguna criminal) creadas por escritores de ambos géneros, aunque mayoritariamente por escritoras. Un homenaje a la “hembra de la especie” como dijo Ellery Queen.

Hasta el año que viene compartiremos en las próximas cinco semanas los cinco capítulos en que se dividirá esta Exposición.

PARTE I: 1841-1900. Detectives victorianas

En 1841 serán no una sino dos las detectives –aficionadas– que aparecen en Susan Hopley or Circunstancial Evidence, de Catherine Crowe (1803-1876). Dos sirvientas, la deductiva Susan Hopley y su Watson particular, Julie le Moine, son las protagonistas de una novela criminal adelantada a su época. La popularidad de la novela en el Londres victoriano fue absoluta, estrenándose una obra de teatro y prolongando las hazañas de Susan Hopley otro escritor de relatos criminales, Samuel Warren. Incluso Dante Gabriel Rosetti inmortalizó en un grabado a la “detective” Julie Le Moine. La –injustamente– olvidada Catherine Crowe, vital, feminista cuando no existía aun ningún movimiento feminista, apasionada de lo sobrenatural y amiga de Dickens fue –a criterio de este lector ya defendido en la Revista Calibre 38– la autora posible de El misterio de Notting Hill, calificada como la primera gran novela policíaca de la historia.

El diario de Anne Rodway (1856) fue el primer relato criminal de Wilkie Collins (1824-1889), una pequeña muestra no solo de su dominio de la figura del diario para elaborar una trama sino de su habilidad en construir tramas criminales, tal y como no muchos años más tarde tendría ocasión de articular en La dama de blanco o en La piedra lunar.

En 1862 se inició la publicación del “penny dreadful” Ruth the Betrayer or the female spy. Lo firmaba Eduard Ellis, seudónimo de Charles Henry Ross (1835-1897). Ruth ha sido propuesta recientemente por Judith Flanders como la primera mujer detective. Ruth, sin embargo, aún no es una detective propiamente dicha.

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Es en 1864 cuando, con semanas de diferencia, se publicarán en Inglaterra dos libros de relatos con una mujer detective como protagonista. The female detective fue publicada por Ward&Lock en formato “yellowback –novelas en papel barato y con contraportada amarilla – de forma anónima. Su autoría, atribuida durante años a Andrew Forrester Jr. corresponde en realidad a James Redding Ware (1832-1909), de un panfleto sobre el crimen de Constance Kent –uno de los más famosos de la era victoriana– idéntico a uno de los relatos. Su protagonista, Miss. G. (Miss Gladden) trabaja ya como detective ayudante para la Metropolitan Police en una época en la que aún no se había incorporado ninguna mujer aunque sí existían ya mujeres detectives trabajando para agencias privadas (“Private Inquiry Offices”), como lo demuestran los anuncios publicados en la prensa londinense por agencias como “Slaters” o “The Confidential Agency”, donde las calificadas como “females detectives” eran ofrecidas como la mejor solución para determinadas investigaciones.

Solo unas semanas después de la aparición de Miss G., un nuevo lanzamiento también en formato “yellowback” y con una leve modificación en su título, Revelations of a lady detective, tiene más controversia en su autoría, inicialmente anónima. Está generalizada su atribución a William Stephens Hayward (1835-1870), autor de vida breve y azarosa, aficionado al juego y a frecuentar los bajos fondos londinenses y autor de una obra hasta cierto punto escandalosa en su época sobre cortesanas y casas de juego que le llevaron a ser asiduo colaborador de la serie literaria “Anonyma” (nombre de una de las cortesanas más famosas de Londres), uno de cuyos títulos fue precisamente The lady detective. La serie de “yellowbacks” –” literatura de tren” para clases medias– fue escrita por un sindicato de escritores y se conoce como mínimo otro autor colaborador (Samuel Bracebridge Hemmyng), por lo que la autoría de Hayward, aun siendo probable, no está probada. Miss Paschal, la mujer detective, no tiene mucho que ver con “Anonyma” o “Incognita”, las cortesanas cuya vida retrata con detalle Hayward: trabaja, como Miss G. colaborando con la policía de Londres, ha cumplido ya los cuarenta, se enrola en la policía tras enviudar, usa revolver y confiesa “confiar en su cerebro y en su talento como actriz para resolver los casos”.

Madeleyne Payne

En 1884 se publica en Chicago la primera novela protagonizada por una detective profesional americana: Madeleyne Payne, la hija del detective, una de las pocas de esta primera entrega traducida al castellano (Sopena, 1931). La autoría corresponde a un seudónimo: Lawrence L. Lynch y, a su vez, este esconde a una prolífica autora americana, Emma Murdock Van Demeter (1853-1914), autora de 22 novelas, varias detectivescas. Madeleyne se parece a las protagonistas de Wikie Collins o Miss Braddon, pero con la afición a disfrazarse para realizar sus investigaciones.

En 1888 aparece Miriam Lea, la detective creada por el escritor Leonard Merrick (1864.-1939) en la novela Mr. Bazalgette´s agent. El titulo resalta al propietario de la agencia de detectives y jefe de Miriam Lea, Mr. Bazalgette. Miriam es una mujer inteligente, habla idiomas y su protagonismo en la novela le debe asegurar un papel relevante entre las detectives victorianas.

En 1890, cuando Conan Doyle aún no ha comenzado a publicar las Aventuras de Sherlock Holmes, una mujer, Elizabeth Burgoyne Corbett (1846-1930), bajo el marital seudónimo de Mrs. George Corbett, publica The adventures of a lady detective. Su autora fue la rival literaria de Conan Doyle durante una década y no solo gracias a este libro de relatos, también por The adventures of an amateur detective (1889) y Secrets of a Private Inquiry Office (1891). Sus detectives femeninas –Dora Bell y Dora White– aparecen en varios de estos relatos, aunque será Annie Cory, la detective protagonista de la novela When the sea gives up its dead (1894), quien competirá en ventas con las novelas protagonizadas por Sherlock Holmes. Mrs. Corbett fue periodista y una de las activistas feministas más reconocidas de la era victoriana y autora de una de las primeras novelas de ciencia ficción feminista: New Amazonia.

En 1894, otra novela de misterio compitió en ventas con la de Mrs. Corbett. En Thou art the man (un título idéntico al relato criminal de Poe publicado en 1844) de Mary Elizabeth Braddon, la investigadora es una dama de clase alta, Coralie Urquhart –una predecesora de miss Marple–, quien descubre al criminal para proteger a su familia.

El periódico de la universidad de Edimburgo publicó el mismo año dos pastiches holmesianos bajo el seudónimo Ka protagonizados por Julia Sholmes, viuda del “gran detective” Herlock Sholmes, ayudada en sus dos únicas investigaciones por una dama –Mrs. Wiggings– aficionada al punto como miss Marple.

Loveday Brooke

Catherine Louisa Pirkis (1839-1910) volvió a llevar a la mujer detective profesional al relato, allí donde la competencia con el incipiente Sherlock Holmes era más evidente. En 1894 publica en el “Ludgate Monthy Magazine” The experiences of Loveday Brooke, lady detective, sin duda una de las primeras conexiones entre la “new woman” y el relato policíaco y, de hecho, a diferencia de algunas de las detectives ya citadas, Loveday no busca marido en sus aventuras y la relación con su jefe en la agencia de detectives, Ebenezer Dyer, y con el inspector Guming de Scotland Yard es absolutamente profesional. Es claramente la primera detective feminista de la era victoriana. Pirkis fue periodista y activista del movimiento de protección a los animales.

En 1897 se produce la primera aparición literaria de Miss Amelia Butterworth, dama solterona y detective aficionada. La novela, editada por D’Epoca con el título El misterio de Gramercy Park fue escrita por Ann Katherine Green (1846-1935), reconocida como “la madre de la novela de detectives”. Green fue reconocida en su época por Conan Doyle y posteriormente por Agatha Christie, cuyo personaje de la solterona Miss Marple tiene como predecesora precisamente a Amelia Butterworth.

George R. Sims (1847-1922) introdujo a la mujer detective victoriana en el cine, En 1897 se publicó Dorcas Dene detective: her adventures, una serie de aventurLois Cayley -3as donde la genial detective era acompañada por su Watson particular, Mr. Saxon… y por su inseparable bulldog Toddlekins. Dorcas Dene era una actriz que se convierte en detective y utiliza sus dotes como actriz en sus investigaciones.

Si Conan Doyle publica las Adventures de Sherlock Holmes en “The Strand”, es su gran amigo Grant Allen (1848-1899) quien, tras ser el autor del primer relato de detectives publicado en “The Strand” (Jerry Strokes) cuatro meses antes que Un escándalo en Bohemia, llevara la primera mujer detective a las páginas del famoso magacín londinense. En 1897 se serializa en doce episodios Lois Cayley’s adventures. Lois Cayley representa el ideario de la “new woman” desde la perspectiva de Allen. Lois practica el montañismo y monta en bicicleta –en uno de sus relatos gana una carrera frente a sus rivales masculinos– un vehículo que representaba en la era victoriana la emancipación de la mujer, es independiente y ejerce de periodista. La otra detective amateur creada por Allen, Hilda Wade protagonizara uno de los primeros “medical mystery” de la literatura criminal. La novela a la que quedaba un capitulo por terminar cuando Allen cayo gravemente enfermo fue completada, por expresa petición de Allen, por su amigo Conan Doyle.

Florence Cusack apareció en las páginas de Harmsworth Magazine en 1899, su creadora fue Elizabeth Thomasina Toulmin Smith, conocida como L. T. Meade (1854-1914), autora irlandesa que publicó más de 250 relatos y novelas para jóvenes y editó uno de los magazines literarios más importantes de la época, el “Atalanta”. Con la colaboración del doctor Eustace Robert Barton creó el personaje de Florence Cusack. Florence tenía un acompañante, el doctor Lonsdale, y su autora, feminista reconocida, destacaba que Cusack era “altamente respetada por los detectives de Scotland Yard”. Además, Meade creó a la más pérfida archivillana de la era victoriana, Madame Sara, y a una genio del crimen, la lider de “La hermandad de los siete reyes” (1898), Madame Koluchy, quien se deberá enfrentar a la mas inteligente entre las detectives de Londres: Miss Beringer. Así pues, no es solo una sino dos las mujeres detectives creadas por L. T. Meade.

En un negocio de préstamos pueden existir extraños tesoros, ídolos chinos, anillos extraños… y cada uno de estos objetos puede ocultar un misterio. En Hagar of the pawn-shop. The gipsy detective, sera Hagar, una joven y bella gitana, quien investigará la procedencia y la historia de cada uno de estos objetos. Su creador, el australiano Fergus Hume (1859-1932), había publicado un éxito que eclipsó incluso a Conan Doyle con El misterio del carruaje, y su detective gitana no es solo un personaje exótico sino una inteligente investigadora al servicio de un gran contador de misterios. También Beatrice Maude Emelia Eatwick Heron-Maxwell (1859-1927) creó una investigadora fascinante que trabajaba en el mundo de las obras de arte y más en concreto al servicio de un tratante de perlas. Los collares de perlas que tanto juego dieron en la Golden Age se convierten en el trabajo diario de la investigadora Mrs. Mollie Delaware en The adventures of a lady pearl broker (1899). Mrs. Delaware se enfrentará a peligrosas bandas de ladrones internacionales a lo ancho del globo.

Termina el siglo con otra detective que atrajo a los lectores: Dora Myrl. Mathias McDonnell Bodkin (1850-1933) publicó Dora Myrl. The lady detective en 1900. Bodkin, periodista, abogado y defensor de la causa irlandesa creó un detective, Paul Beck, que fue apodado el “Sherlock Holmes irlandés”. Dora Myrl es, por su parte, tan atrevida y deportista como Lois Cayley y hasta puede atrapar al criminal persiguiéndole en su bicicleta. Es un nuevo ejemplo de la “new woman” de fin de siglo, su inteligencia le hará ganarse el respeto de los varones. Dora, graduada en Cambridge, es aún más inteligente que Beck. Bodkin hará coincidir en 1909 a sus dos detectives en una novela como rivales en la resolución de un caso. La relación acaba en matrimonio, como Tommy y Tuppence –la pareja de detectives de Agatha Christie– o Nick y Nora Charles –creados por Dashell Hammett– y en una novela será su hijo, detective también, el protagonista.

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