Novela: «Bull Mountain», de Brian Panowich

bull mountainSergio Torrijos Martínez

Un auténtico “country noir”, así se podía describir sin poner ni una simple coma. Probablemente de la línea más canónica de esa idea de novela negra llevada a zonas “no urbanas”, y digo canónicas desde que la trama se instala en el norte del estado de Georgia, en una zona donde los poderes estatales tienen escasa fuerza y muy lejos de los vínculos que pueden suponer los lazos familiares. Si a ello le sumamos que aprovechando el aislamiento y esos curiosos entramados sociales, durante décadas los habitantes de esa zona han vivido de la destilación del whiskey, del contrabando o de cualquier otra actividad que reportara rendimiento económico, tenemos un caldo de cultivo, que pese a ser muy obvio y puede que algo manido, siempre tiene su gusto. Sobre todo para lectores avezados que recordarán al gran Thompson, aquí presente en espíritu.

Lo curioso, aparte de lo bien escrita que está la novela, es la estructura narrativa de la obra, formada siguiendo saltos en el tiempo y que nos va mostrando como el clan Burroughs ha ido pasando por diferentes etapas. Será ese clan el que tenga la supremacía en el territorio y a modo del viejo ganadero que tenía al pueblo del oeste a su merced, el Burroughs de turno tiene a la zona bajo control. Lo único que falta son las tormentas de arena que arrasan el pueblo o las vacas en estampida llegando al pueblo. Pero no nos liemos, estamos en el siglo XX y hay mucho más que contar.

La trama toma a la familia como principio y aunque tenga algo de esas historias de sagas familiares no existen esos enormes romances, grandes triunfos y personajes inolvidables, aquí hay violencia, como un personaje más, hay traiciones y brutalidad, algo que parece implícito en los genes de esa familia.

Que un Burroughs ocupe el puesto de Sheriff y su hermano el que mantenga el poder en la montaña es un comienzo más que prometedor. Antagónicos y al mismo tiempo unidos por lazos familiares que dentro de aquel territorio significan más que un simple parentesco. Con ese caldo de cultivo se inicia la obra y ya pueden imaginar cómo terminará.

Aquel dicho de que detrás de una gran fortuna hay un gran crimen aquí se cumple a rajatabla, aunque hablar de un sólo crimen es quedarse muy corto. De una forma algo anómala se mezcla el poder que ofrecen los lazos sanguíneos o de vecindad con el propio poder que ofrece un negocio violento como puede ser el contrabando de cualquier sustancia. Todo sazonado con una carga de violencia y unos personajes, ya de por si violentos, que confluyen en una multiplicidad de intereses.

La obra está bien narrada, como ya comenté, con un ritmo muy vivo que ayuda mucho a darle gracia a todo el artificio. El autor no se anda por las ramas, ni se recrea, salvo en alguna ligera descripción, el resto es acción y tensión, manejada con pulso firme.

En resumen una obra muy interesante y divertida. Al lector le mantiene firmemente pegado al sillón, esperando que ese castillo de naipes termine por caer a golpe de escopetazo o de ráfaga letal.

Bull Mountain

Brian Panowich
Trad.: Rubén Martín Giráldez
Siruela

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