Televisión: «American rust»

American-Rust

Teresa Suárez

«La fundición en sí había sido como una pequeña ciudad, pero la habían cerrado en 1987 y desmantelado parcialmente diez años después; ahora se alzaba como unas ruinas antiguas, los edificios cubiertos de celastro agridulce, ¿cola del diablo y arboles del cielo? Las huellas de ciervos y coyotes se entrecruzaban en los terrenos, solo había algún ocupa humano de vez en cuando», Meyer, Philip. American rust.

Según el diccionario de la RAE, el óxido es una «capa, de diversos colores, que se forma en la superficie de los metales por oxidación, como el orín». Oxidar es «hacer que alguien o algo deje de funcionar correctamente».

Si nos atenemos a la literalidad de ambos términos, hay que reconocer que el título de esta serie, basada en la novela homónima de Phillip Meyer (editada en España como El valle del óxido) es, por sí mismo, una invitación a pensar.

¿En qué sentido emplea el escritor la palabra óxido?

Puede que sea una referencia a la pérdida de prosperidad de la zona debido al cierre de la fundición («El acero había sido el corazón. Se preguntó cuánto tiempo pasaría hasta que todo se oxidara y quedara reducido a nada y el valle se remontase a un estado primitivo»).

O quizás habla de cómo aquello que no se dice, pero se piensa, aquello que no se manifiesta, pero se siente, acaba cambiando a las personas, escondiendo su auténtico yo («Miró hacia el rio, su turbiedad, las cosas enterradas debajo. Diferentes estratos y toda clase de porquería antigua enterrada en el fango, piezas de tractor y huesos de dinosaurio. Tú no estás en el fondo, pero tampoco estás exactamente en la superficie. Te está costando mucho trabajo ver las cosas (…) Hay muchas cosas peores que robar; mentirte a ti mismo, por ejemplo, tu hermana y el viejo son expertos en eso») tras una máscara que impide que otros lleguen a conocerlos realmente.

Para descubrirlo, nada mejor que leer El valle del óxido de Philip Meyer, algo que, a tenor de la serie, y de algunos párrafos de la novela extraídos al azar («Días oscuros. Las cosas llevaban mucho tiempo sin ponerse tan mal. La caravana había ido a juicio hipotecario, pero poco a poco la gente empezó a boicotear las subastas que ejecutaba el sheriff, llevaban rifles para cazar ciervos en el maletero de sus coches, y cuando un banquero vino a instar al sheriff a que tomara medidas, volcaron su Cadillac y le prendieron fuego. Para evitar que alguien recibiera un tiro, el juez dictó una moratoria en los juicios hipotecarios. Con el tiempo se había convertido en una ley»), me atrevo a augurar que no supondrá un gran esfuerzo.

Buell, condado de Fayette, Pensilvania, ya no es lo que era. El cierre de la fundición provocó una debacle económica que afectó gravemente a todos sus habitantes. El que pudo, salió por patas. Muchos tuvieron que quedarse y resignarse a vivir, permanentemente, en el límite de la exclusión social.

Así las cosas, el descubrimiento de un cadáver en las instalaciones de la vieja fábrica, aunque les recuerda que la vida y la muerte siguen en Buell, apenas estremece a la comunidad. Salvo al sheriff, que, apartado del caso por tener una relación sentimental con la madre del acusado, tiene un interés personal, más que profesional, en desentrañar lo ocurrido.

No sé a la novela, pero el adjetivo trepidante no puede aplicarse a esta serie. Todo en ella transcurre a un ritmo lento, exasperante en ocasiones, que irrita y desanima a algunos telespectadores. No es mi caso.

Para algunos, decir American rust es decir Mare of Easttown. Salvo el hecho de que ambas transcurren en Pensilvania, tampoco estoy de acuerdo.

Mare of Easttown es un thriller más al uso. Un caso sin resolver (la desaparición de una chica), el asesinato de otra y la investigación policial en torno a ambos sucesos, son el centro de esta serie.

En El valle del óxido desde el principio sabes cómo ha muerto la víctima, quien la mató y por qué. El delito, pues, solo es el trasfondo no el eje principal.

En Mare of Easttown la detective interpretada por Kate Winslet es la protagonista absoluta. Una hermosa, carismática y moderna heroína, tan decidida en algunas ocasiones como insegura en otras. Con problemas para conciliar la vida laboral y familiar, sí, pero con tiempo y energía suficiente para no olvidar que también es una mujer con sus propias necesidades.

Aunque, inicialmente, en El valle del óxido el protagonismo es coral, a medida que avanza hay dos personajes, dos mujeres (la madre del chico acusado de asesinato y la que fue su novia), que empiezan a destacar sobre los demás porque cargan sobre sus hombros un peso cada vez mayor.

Mare of Easttown es optimista. Los personajes, aunque con problemas, tienen unas vidas razonablemente buenas y aseguradas. Hay risas y buenos momentos. La puerta que conduce a la esperanza está permanentemente abierta.

En El valle del óxido el pesimismo lo cubre todo. Los mayores se drogan para no recordar el pasado, lo que fue y ya no es. Los jóvenes se drogan para no pensar en el futuro que los espera y del cual, aunque lo intentan, no pueden escapar.

Pronunciar, en voz alta, que tú también te mereces cosas buenas no hace que éstas pasen. En El valle del óxido las ilusiones explotan, como pompas de jabón, antes de llegar a materializarse.

Capítulo a capítulo, la desesperación, cual enredadera, va trepando desde los pies de cada personaje hasta su cabeza, enraizándoles a una existencia que detestan, privándoles de la fuerza y confianza necesarias para marcharse de un lugar en el que nada bueno brota.

¿Es una serie amable? En absoluto.

Adentrarse en ella es como leer Revolutionary Road de Richard Yates («Estar solo no tiene nada que ver con cuántas personas hay alrededor») o Última salida para Brooklyn de Hubert Selby Jr. («Pero todas las noches enseñaba sus tetas y buscaba a alguien con pasta, despreciando a los malditos borrachos, pero los jodidos vagabundos sólo miraban sus cervezas y ella esperaba a alguien con pasta que tuviera cincuenta centavos de sobra para invitarla a una cerveza a cambio de un polvo y saltaba de tugurio en tugurio volviéndose más y más sucia y más y más miserable»). No es agradable leerlas, pero no puedes, no debes, dejar de hacerlo.

El Valle del óxido está habitado por una fauna de personajes frustrados que ansían otra cosa y no pueden conseguirla.

Capas y capas de desidia. Capas y capas de desolación. Capas y capas de abandono

Oxido americano.

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