
Un viaje alrededor de la novela negra
Costa Este: Detroit – Cleveland – X-ville – Boston – Nueva York – Nueva Jersey – Baltimore – Washington DC – Richmond – Miami
Etapa anterior: Cleveland
En octubre de 2024, se publicaba El lugar de los hechos. Un viaje alrededor de la novela, ensayo a cuatro manos escrito entre dos amigos y apasionados por el género negro: Jesús Lens y quien firma ahora estas líneas. Algo más de cuatrocientas páginas en las que visitamos tres continentes (Europa, Asia y África), treinta países y cincuenta y dos ciudades.
La aventura continúa, ahora en solitario y en otro soporte (esta vuestra revista Calibre .38), con la pretensión de recorrer América de norte a sur, Caribe, Pacífico y Antártida. Podrás seguir el recorrido en «cómodas entregas» -una por cada etapa del viaje- que recopilaré en un pdf de libre descarga conforme se vayan completando las diversas rutas en las que he estructurado el recorrido.
Buen viaje.
La población en la que vivía y me había criado -la llamaré X-ville- no tenía barrios bajos propiamente dichos. Había zonas más duras, sin embargo, donde vivían los obreros o la gente con problemas, un poco más cerca del océano, y solo unas cuantas veces yo había pasado junto a sus destartaladas casas, con los patios plagados de juguetes y basura. Ver a esa gente por la calle, desesperanzada, furiosa e indiferente, me encantaba y me asustaba y me hacía sentirme avergonzada de no ser tan pobre. Pero las calles de mi vecindario tenían hileras de árboles, eran ordenadas, casas queridas y atendidas con orgullo y afecto y una sensación de orden cívico que me hacía sentirme avergonzada de ser tan desordenada, tan anodina, de estar arruinada.
Mi nombre era Eileen. Ottessa Moshfegh
Nuestra intención inicial al salir de Cleveland era dirigirnos directamente a Boston, ciudad de la que tendremos que hablar largo y tendido por su importancia en el género criminal gracias a uno de nuestros autores favoritos. Sin embargo, hemos pensado que podríamos ir primero a otra localidad más pequeña de Massachusetts para conocer a una muchacha muy peculiar que nos ha cautivado a pesar de carecer de cualquier atractivo físico y tener un carácter no apto para cualquiera. O sí, quién sabe, tal vez su sinceridad insultante sea algo que muchos desearíamos poder mostrar abiertamente, al menos en algunas ocasiones.
La localidad en cuestión no aparece en los mapas, y lo poco que sabemos de ella es que su nombre es X-ville, que está situada exactamente a cuatrocientos trece kilómetros al norte de Nueva York -ansiado destino de nuestra protagonista- y que se encuentra en algún lugar de la costa de Nueva Inglaterra: “Y a no ser que hayáis crecido en Nueva Inglaterra, no habéis conocido la peculiar calma de una población costera cubierta de nieve por la noche”, nos dice la propia Eileen Dunlop.
Prueben ustedes a buscar por los alrededores de Gloucester y no andarán muy desencaminados.
¿Y quién es -o era- Eileen en la Navidad de 1964? Pues una muchacha de veinticuatro años, huérfana de una madre a la que no tenía mucho aprecio y que falleció el mismo día que su perra Mona -“Mi madre era mala y el perro era simpático”- y conviviendo con un padre, un ex policía totalmente alcoholizado, en una vivienda de un barrio razonablemente tranquilo y cuidado, una vivienda caótica que destaca por ser la única que tiene los setos y el césped delantero sin cuidar desde hace años. El interior tampoco desentona con el exterior, con Eileen durmiendo en el desván, el padre en un sillón junto a la cocina y cristales de ventanas tan sucios que resulta difícil que entre algo de luz a través de ellos, aunque todo esto no es algo que preocupe a Eileen, casi diríamos que todo lo contrario.
Voy a decir algo acerca de las casas. Esas viviendas coloniales perfectas y cuidadas por las que había pasado mientras cruzaba X-ville eran las máscaras mortuorias de la gente normal. En realidad, nadie es tan perfecto ni tan ordenado. Vivir en una casa así dice más de tus problemas que cualquier decrépito cuchitril. La gente que tiene una casa perfecta simplemente está obsesionada con la muerte. Una casa tan bien mantenida, provista de muebles bonitos de alta calidad, decorada con gusto, con todo en su sitio, se convierte en una tumba en vida. La gente que vive de verdad tiene la casa en desorden.
Eileen es la protagonista de una novela de la que insignes autores del género han dicho maravillas, pero nos quedamos con las palabras de John Banville o de Benjamin Black, la verdad es que no estamos seguros del todo: “Si Jim Thompson se hubiera casado con Patricia Highsmith (imaginen el hogar) podrían haber conspirado juntos para concebir algo como Mi nombre era Eileen”.
Eileen es una chica demasiado mojigata para la edad que tiene, viste con las ropas de su difunta madre, sueña en ocasiones con matar a su padre aunque su único delito habitual sea el de cometer pequeños hurtos en alguna de las tiendas de X-ville mientras compra una barra de lápiz de labios o una botella de ginebra para su padre. No se maquilla, no sale de bares, aunque tampoco es que haya una oferta muy variada en el pueblo a excepción del O’Hara, regentado por Sandy y siempre con la misma parroquia compuesta por unos cuantos jóvenes vestidos con el atuendo oficial, una pesada chaqueta de lana a cuadros azules, rojos o grises y gorro ajustado con orejeras, sus caras sonrojadas y agrietadas por las inclemencias del tiempo y el trabajo al aire libre.
Cuando sale de la cárcel que es su domicilio lo hace para encerrarse en el reformatorio de Moorehead en el que trabaja como administrativa por cincuenta y siete dólares a la semana y en el que ella parece tan reclusa como los menores internados aunque no lleguen a encerrarla nunca en una celda de aislamiento. En todo caso, bastante tiene con soportar a sus compañeras en la oficina, las amargadas señoras Stephens y Murray, y fantasear con el guardia Randy, guapo pero simplón, la única persona que constituye un mínimo aliciente para acudir al trabajo cada día aunque entre ambos nunca vaya a haber ni el menor derecho a roce.
Hasta que llega Rebecca Saint John, la nueva directora educativa de Moorehead. Sofisticada, deslumbrante, llena de sensualidad desde su también menuda figura y que pone del revés la vida de Eileen convirtiéndose en un modelo a seguir, un amor inalcanzable y una fuente de problemas que hacen que, por fin, el día de Navidad, cumpla su deseo de huir de su claustrofóbica existencia rumbo a Nueva York.
Ni las tranquilas calles, ni la nieve que caía suavemente, ni las casas llenas de familias felices, ni el alegre parpadeo de las luces que colgaban de todos los árboles de Navidad. Además del hedor a tubo de escape y vómito de mi coche, el aire que llegaba del exterior olía a jamón asado y galletas, pero yo no necesitaba esa alegría navideña. Ahora tenía a Rebecca. La vida era maravillosa. Mi pequeño mundo, que hedía a tubo de escape y vómito, era maravilloso.
Sin duda, uno de los personajes más fascinantes que hemos conocido nunca y una novela sorprendente que podemos enmarcar dentro de lo más negro del género, si bien dentro de la vertiente psicológica del mismo.
Y, si lo desean, pueden también ver la adaptación cinematográfica de 2023 dirigida por William Oldroyd y protagonizada por unas increíbles Thomasin McKenzie y Anne Hathaway en los papeles de Eileen y Rebecca, formando un dúo que logra que salten chispas de la pantalla en cada ocasión en que aparecen juntas.
No obstante, nos seguimos quedando con la novela. Sublime.
Próxima etapa: Boston





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