Reseña: “Tres minutos de color”, de Pere Cervantes

tres-minutos-de-color-pere-cervantesJesús Lens Espinosa de los Monteros

Es difícil ser original, hoy en día, a la hora de escribir una novela de género negro-criminal. Por un lado, la actualidad informativa suele superar a cualquier narración de ficción en todo lo referente a la corrupción de la sociedad contemporánea. Por otro, la estela de investigadores perdedores y de vuelta de todo, aquejados de mil y un vicios, taras y deficiencias, es interminable.

Y luego están los nórdicos y su inveterada tradición de alumbrar a crueles y letales asesinos en serie, capaces de diseñar las muertes más atroces para sus víctimas propiciatorias.

De ahí que una novela como Tres minutos de color, de Pere Cervantes, publicada por la imprescindible editorial Alrevés, la que más y mejor noir patrio está sacando en los últimos años, sea un agradecible soplo de aire fresco… que puede desconcertar a más de un lector.

Y es que, en Tres minutos de color, Pere Cervantes se la juega. Como los valientes. Son 350 páginas de novela cuya primera mitad cuenta una clásica investigación policial: la búsqueda de un inspector desaparecido que estaba husmeando en un asunto de pornografía infantil. Una investigación que también apunta a una red de abuso de menores y en la que el protagonista, Coque Brox, no debería participar, por órdenes directas de su superior en la cadena de mando, el comisario Palomares.

Los otros dos personajes principales son una neurocirujana obsesionada con las ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte) y un forense adicto al World of Warcraft. Dos personajes que se salen de lo normal en el universo del policial. Máxime cuando empiezan a ver y sentir cosas extrañas.

Y, de golpe, el shock. La sorpresa. El impacto. Porque en la página 178 ocurre algo que lo cambia todo. Algo que nos lleva a una dimensión desconocida en el noir contemporáneo. Una dimensión de la que no voy a hablarles para no arruinarles la sorpresa. Porque, llegados a este punto, ustedes deberían de haber dejado de leer estas líneas para abalanzarse a su librería más cercana a comprar el libro.

Hablamos de un libro que les dejará huella. Porque lo que plantea Pere Cervantes en esta segunda parte de Tres minutos de color hará que cada lector se cuestione determinados aspectos de su vida cotidiana. Cosas aparentemente banales y sencillas, pero que quizá no lo sean tanto.

Y luego está el final. Un final en el que, aunque parezca increíble al lector que haya ido avanzando en las peripecias de Brox, Oliver, Nadia y del resto de personajes, todo termina encajando. Y lo hace de tal manera que ardo por preguntarle a Pere cómo hilvanó determinadas partes de la trama y cuándo le surgió la chispa para dar determinados pespuntes.

Luego está la cuestión de la taberna de Rodri y su famoso libro. Otro tema del que me gustaría hablar con Pere. Y de Rumble Fish, por supuesto. Porque algo hay del Chico de la Moto en Coque.

¿O no?

En fin. Que gracias a Pere Cervantes por Tres minutos de color, una novela que cada lector podrá sentir como propia, única y personal.

@jesus_lens

 
El carbonero
Carlos Soto Femenía
Destino

Un comentario en “Reseña: “Tres minutos de color”, de Pere Cervantes

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