El rincón oscuro. La sequía negra y criminal

Jesús Lens

A la sequía atmosférica, me refiero. Que en cuestión de producción literaria, el Noir es uno de los géneros más fértiles, pujantes y ricos del panorama nacional e internacional.Hablemos, pues, de la sequía, del campo y del entorno rural como tema para las tramas negras y criminales, recuperando la estela de la entrega que radicamos en Almería y en la que hablamos de La mala hierba, de Agustín Martínez, que transcurría en los áridos parajes del Cabo de Gata. Y del crimen de Níjar, cometido en el Cortijo del Fraile, en el que se inspiró García Lorca para Bodas de sangre.

El género negro, a priori, pide a gritos ambientes urbanos, noche, callejones oscuros, edificios ominosos, barras clandestinas, niebla y clubes de jazz. Es la imagen prototípica que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en Noir. Y, sin embargo, el género desborda las fronteras urbanas con creciente asiduidad y pasión. Como el crimen y el delito propiamente dichos, que no saben de delimitaciones ni catalogaciones.

¿Quién les iba a decir, por ejemplo, a los habitantes de Kiewarra, un pequeño pueblo del sureste de Australia, que el bueno de Luke Hadler iba a perder la cabeza y asesinar a tiros a su mujer y a su hijo, antes de volarse la tapa de los sesos?

Conmocionado por la tragedia, Aaron Falk, policía de Melbourne, volverá a su pueblo natal para acudir al funeral de su amigo de la infancia. Un regreso que no resultará tranquilo ni pacífico, que los fantasmas del pasado distan mucho de estar muertos y enterrados.

Con esas mimbres, la escritora Jane Harper escribió Años de sequía, publicada por Salamandra Black en nuestro país, con la que ganó el prestigioso premio Ned Kelly en Australia y que le ha reportado nada menos que la Daga de Oro del 2017, entregada por la Asociación de Escritores Policíacos del Reino Unido.

“El enorme río se había convertido en poco más que una cicatriz polvorienta en la tierra. El lecho vacío se extendía a lo largo y ancho en todas direcciones, con sus curvas serpenteantes señalando el lugar por donde antes había fluido el agua. La grieta que los siglos habían cavado era ahora un batiburrillo de rocas y matojos. En la orilla, las raíces grises y nudosas de los árboles habían quedado expuestas como telarañas. Era espantoso”.

Está claro que un paisaje complicado, un clima áspero y hostil y el terruño mal entendido pueden ser un cóctel explosivo que, a nada que se agite, termina estallando. Y, si no, que les pregunten a Luke y a Aaron, dos chavales normales y corrientes a los que la mala fortuna les tenía preparada una desagradable sorpresa que les condicionó el resto de sus vidas.

Que les pregunten, también, a los Deacon, una de esas familias de Kiewarra de toda la vida que, al saberlo todo sobre todos y después de haber realizado mil y un “favores” a la mitad del pueblo, manejan los hilos de la comunidad como si sus vecinos fueran peleles.

Años de sequía es una novela muy intensa cuya trama se desarrolla en dos líneas paralelas del tiempo. Una novela que transcurre, íntegramente, en un pueblo que parece habitado por zombis y del que, como si de una maldición bíblica se tratara, es imposible escapar. Será por eso que, mientras la leía, no dejaba de recordar la letra del mítico Hotel California de los Eagles: “You can check out any time you like / but you can never leave!”.

En España, por desgracia, bien sabemos a qué grado de insania pueden llevar los odios cainitas entre familias, los asuntos del pasado mal resueltos y nunca olvidados y los conflictos de lindes y tierras como excusa para dar rienda suelta a esa bestia que llevamos dentro.

Dos casos de nuestra historia negra son buen ejemplo de ello: los asesinatos de Puerto Hurraco, acaecidos a finales del verano de 1990; y el crimen de Fago que sacudió la diminuta localidad aragonesa a comienzos del 2007.

Tal y como Jane Harper cuenta en Años de sequía, en los crímenes ocurridos en poblaciones muy pequeñas concurren circunstancias muy semejantes. Carlos Saura, en su polémica película El séptimo día, recreaba libremente los luctuosos acontecimientos de Puerto Hurraco y, aunque no nombraba al pueblo ni a la región extremeña, se produjo una enorme controversia cuando el presidente autonómico, Rodríguez Ibarra, criticó la filmación por alentar su leyenda negra.

Una película que cuenta la historia desde el punto de vista de una de las niñas supervivientes y en la que Saura se toma la licencia poética de trasladar la acción al verano de 1992: mientras los habitantes del pueblo se solazaban viendo los Juegos Olímpicos de Barcelona en televisión, símbolo de la modernidad en que España parecía haber entrado, el odio ancestral que asola nuestra tierra desde tiempos inmemoriales estaba a punto de hacer acto de presencia.

En el caso del alcalde de Fago, asesinado con una escopeta de postas por un rival político y cuyo cadáver apareció tirado en un barranco, concurrían igualmente circunstancias caciquiles y problemas de lindes y aprovechamientos forestales enquistados entre vecinos de toda la vida, residentes en un precioso pueblo de arquitectura pirenaica que conforma un extraordinario conjunto histórico-artístico y que, en 2012, tenía empadronados a 29 vecinos, dado lo aislado que se encuentra.

El periodista Eduardo Bayona publicó en 2008 el libro El crimen de Fago, subtitulado como La investigación del asesinato del alcalde Miguel Grima, el homicidio que conmocionó a toda España. Ese mismo año, la editorial Debate publicó Emboscada en Fago, del periodista Jesús Duva, que incluye una entrevista con el condenado como autor del crimen.

Posteriormente, en 2012,  otro periodista, Carles Porta, ganaba el Premio Huertas Clavería con Fago, una novela en la que el crimen se utiliza para poner en cuestión el sistema judicial español al cuestionar que la resolución del caso resolviera, de verdad, la autoría del crimen.

Extremadura, Aragón, Cabo de Gata, sur de Australia… por mucho que la sociedad avance, hay ocasiones en que lo más visceral del ser humano resuelve los conflictos a través del salvaje y atávico baño de sangre, por desgracia.

@jesus_lens

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2 comentarios en “El rincón oscuro. La sequía negra y criminal

  1. Me anoto esta novela, Años de Sequía, y es gracias a ti, por tu forma de contarnos un poco más de ella. Gracias por descubrirnos cada vez nuevos títulos para alimentar nuestra ansia de novela negra!!

  2. Pingback: La sequía negra y criminal | Pateando el mundo

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