Novela: «Atrapado», de Julián Ibáñez

atrapadoSergio Torrijos Martínez

Vuelve Bellón de la mano del jefe, es decir Ibáñez. En esta ocasión Bellón es más empático, más amable, de alguna manera, ya sabemos que será un poco burda, demuestra que tiene su corazoncito, puesto que cuando desokupa una vivienda ofrece su propio albergue para que una muchacha y su bebé no terminen en la calle.

Empatía y buen rollo.

Ibáñez tiene la capacidad de introducir a sus personajes, bueno, a Bellón, en cualquier circunstancia actual, en este caso la desokupación, no voy a renunciar a la k aunque quede fatal, háganse a la idea. Bellón se dirige al piso ocupado y sabedor de que el negocio está presente, comenta, de manera educada aunque nada sutil, la facultad de abandonar ese piso, no necesita mucho más, aunque siempre hay algún que otro rifirafe, estamos hablando de la periferia de una gran ciudad y de negocios razonablemente turbios, por lo que siempre existe la fricción, que no el incendio.

Si le sumamos su tránsito por bares y polígonos, personajes particulares, muchachas que trabajan en la calle y en cualquier negocio que ofrezca a Bellón un billete pequeño estamos ante su universo. Puede que exista cierto grado de mala leche en esta novela, pero es tan circunstancial como la forma en que obtiene el dinero que lubrica su día a día.

Personalmente sigo sorprendido de que el escritor sea capaz de mantener al personaje en un grado de modernidad asombroso y no sólo por eso sino por ser capaz de mantener la tensión a lo largo de la obra y conseguir que el lector, en este caso me incluyo, nunca sepa con seguridad que pasará a continuación. Me encanta que sus novelas tengan esta extensión, una historia corta y al pie como dirían los futboleros, no es necesario superar las trescientas páginas para narrar un acto de la vida de Bellón.

Ya lo tengo muy reiterado, no se pierdan nada de Ibáñez, puede que algún traguito se les atragante, es normal, tiene la delicadeza del orujo gallego pero una vez superado ese momento del primer trago de seguro que el segundo mejora y ya es un no parar, se lo digo yo, que le sigo con afición.

Atrapado

Julián Ibáñez
Cuadernos del Laberinto

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