Cine: “Assassin’s Creed”

assassinsTeresa Suárez

Tienen razón. Esto no es cine negro. Tampoco un thriller.

Entonces, ¿por qué escribir sobre Assassin’s Creed para Calibre 38? Como no soy yo quien decide, puede que no lleguen a leer esta reseña. Pero si, por aquello del jodio espíritu navideño, pillo al Boss de la revista en plan condescendiente, puede que decida publicarla y entonces, si la curiosidad que se nos supone a los aficionados a lo negro y criminal me echa una mano, tal vez se vean empujados a investigar el motivo de mi elección.

Salvo alguna excepción, formulada casi en voz baja, la mayoría de las críticas sobre esta película son, del tipo de la de Javier Ocaña para El País: “Batiburrillo de acción desaforada pero carente de ritmo interno, subtextos de saldo relacionados con la erradicación de la violencia, y un puñado de referencias presuntamente cultas”. Demoledoras, sí, pero insuficientes para desanimar a alguien como yo cuya admiración, rayana en devoción, por Michael Fassbender (el mejor actor de su generación a quien muchos comparan con el mejor de la historia, es decir, Marlon Brando), Justin Kurzel (director de las impresionantes Macbeth y Snowtown) y Adam Arkapaw (responsable de fotografía de las tres mencionadas y de True Detective I y II), nada ni nadie me hubiera impedido ir al cine.

Pero vamos con la historia.

Se abre el telón. Callum Lynch, asesino, mientras espera la ejecución de su condena a muerte recibe la protocolaria visita del cura que, como suele ocurrir, no le proporciona demasiado consuelo espiritual que digamos.

En la escena siguiente vemos cómo el reo es conducido por sus guardianes a la sala donde se ejecutará su sentencia: muerte por inyección letal. ¿Saben cómo actúa? Pues verán, el prisionero es amarrado a una camilla y se le inserta un catéter de acceso venoso en cada brazo. A continuación, según he leído, comienza la aplicación de tres inyecciones. La primera, cuyo objeto es dejar inconsciente a la persona para que no experimente dolor, contiene un anestésico de acción rápida. Con la segunda se busca, mediante la aplicación de un relajante muscular, cortar la respiración del prisionero. La tercera se utiliza para detener el corazón de la persona mediante la aplicación de cloruro de potasio. Durante todo el proceso, el condenado tiene conectado un monitor cardiaco que indica cuando deja de latir el corazón. Una vez comprobada la muerte, un oficial redacta el certificado de defunción.

¡No sé qué me produce más escalofríos, si el proceso que acabo de contarles o ese grupo de personas que, al otro lado del cristal, asisten a la ejecución como si de un espectáculo circense se tratara! En fin, sigamos.

Aunque para el resto del mundo ha fallecido, Lynch sigue vivo y cuando despierta lo hace dentro de las instalaciones de Abstergo Industries, ubicadas en Madrid, bajo la que se esconde la legendaria Orden de los Caballeros Templarios. Dicha corporación ha raptado a Callum para, utilizando una tecnología revolucionaria denominada Animus que permite el acceso a los recuerdos ancestrales a través del ADN, llegar hasta Aguilar, antepasado suyo, perteneciente a los Assassins, una misteriosa organización secreta en guerra permanente contra los Templarios, que vivió en la España del siglo XV. ¿Su objetivo? Encontrar el fruto del Edén, la semilla de la primera desobediencia.

Mediante la manipulación genética, los Caballeros Templarios pretenden acabar con la indisciplina y la rebelión, garantizándose con ello un rebaño de mansos que no cuestione el orden establecido ni ponga en peligro el poder que ostentan unos pocos. El credo de los Assasins, por el contrario, los obliga a defender, con su vida y la de los suyos, el libre albedrío. Luchan por la libertad aunque su ejercicio suponga (en clara referencia a la filosofía existencialista) una condena para el hombre. Aunque algunos critican que la línea no está claramente diferenciada, no sé ustedes pero yo tengo claro quiénes son los buenos y quiénes los malos.

Marion Cotillard (cuya interpretación de la hija científica del jefe de los Templarios resulta bastante floja), a quien su padre tiene engañada, cree que el objetivo de acceder al mapa genético de la primera desobediencia es encontrar una cura para la agresividad y acabar con los criminales violentos. Así llegamos al motivo que me empujó a escribir estas líneas, porque es ahí donde la película entronca con la teoría criminológica.

lombrosLa aplicación del método científico al estudio del delito, no se produjo hasta el último tercio del siglo XIX con la llamada Escuela italiana o positiva, uno de cuyos principales representantes, Cesare Lombroso, es considerado el padre de la Criminología contemporánea. Médico y antropólogo, a lo largo de su vida tuvo contacto con numerosos criminales, lo que le llevó a publicar, en 1876, L’Uomo delinquente, uno de los libros más conocidos de la historia de la Crimonología.

Tras examinar una muestra de 66 cráneos de criminales italianos y analizar la antropometría (proporciones y medidas del cuerpo) y fisonomía (aspecto particular del rostro) de otros 832, Lombroso (que defendía que en la raíz de todos los delitos, además de factores biológicos y heredados, existían factores socio-ambientales, como el clima, el abuso del alcohol o una deficiente educación) concluyó que existían diferentes tipos de delincuentes cada uno de los cuales respondía a un conjunto de causas específicas. De entre todos ellos (ocasional, loco, pasional, etc.) el más conocido es el delincuente nato.

Estos delincuentes, sea por herencia o por insuficiente desarrollo de algunos órganos físicos, se habían quedado en un nivel de evolución primitiva. Debido a su atavismo (reaparición en los seres vivos de caracteres propios de sus ascendientes más o menos remotos) presentaban una serie de características físicas (asimetrías en el rostro y cráneo de apariencia irregular, frente hundida, mandíbula inferior más desarrollada, orejas grandes y brazos más largos de lo habitual, mayor fuerza en el lado izquierdo del cuerpo, vista aguda, menor sensibilidad al dolor y al tacto) que los hacían potencialmente reconocibles. Se trata de sujetos que solían mostrar tendencias delictivas a edad temprana, delinquir a lo largo de toda su vida y tener escasas o nulas posibilidades de reforma o rehabilitación.

Dado que veían al delincuente como alguien que actúa impelido por causas que se encuentran fuera de su control (si el delito tiene causas puede prevenirse, si puede prevenirse se puede curar al delincuente), los positivistas apostaban por una política criminal que hiciera la justicia más humana y que incluía una serie de propuestas (individualización de las penas, libertad condicional para los delincuentes que no fueran peligrosos, prevención del alcoholismo, multas o reparación del daño sufrido por la víctima, etc.) que mantienen su vigencia hoy en día.

En estos pioneros trabajos se encuentra el origen de otros enfocados a descubrir si existen o no factores que predispongan al asesinato. Gracias a los avances científicos y tecnológicos, estudios más recientes han conducido hasta el gen MAO-A (que se cita en la película) encargado de metabolizar la dopamina, sustancia relacionada con las emociones fuertes tales como el amor y la violencia. La variante del gen MAO-A cuya absorción de dopamina es demasiado baja, conocida como gen del guerrero, tiene como consecuencia una mayor atracción por las situaciones de riesgo y mayor predisposición a la violencia. Aproximadamente el 30% de los hombres lo tienen, pero ¿de que depende que se active o no?

rostros-criminales

James Fallon, profesor de Neurología de la Universidad de California, tenía un interés muy personal en encontrar la respuesta a esa pregunta. Cuando descubrió que en el árbol genealógico de su familia aparecía un gran número de asesinos, realizó un estudio genético de sí mismo y, para su sorpresa, descubrió que tenía genes que habían sido vinculados al comportamiento psicopático violento. “¿Por qué –se preguntó- personas con una genética menos peligrosa se convirtieron en homicidas y él no?” La respuesta estaba en la infancia: “Si tienes la versión de alto riesgo del gen y te han maltratado en la infancia, las posibilidades de una vida criminal son mucho más altas (…) el gen solo por sí mismo no afecta dramáticamente el comportamiento, pero en ciertas condiciones de entorno hay una gran diferencia”.

Los investigadores coinciden: aunque existan raíces genéticas en los comportamientos delictivos, no se debe menospreciar la importancia que en los mismos tienen los factores sociales, como el abuso de drogas o alcohol, el maltrato en la infancia o la marginalidad.

El descubrimiento de que la alteración del gen MAO-A es heredable, abre el camino hacia la exención de la responsabilidad por causas genéticas, ya que si el comportamiento criminal es atribuido a un déficit neurológico, ¿es responsable el criminal de sus actos?

Explicado el fundamento teórico de la película, únicamente me resta decirles que por su ambientación tenebrosa, las luchas con espadas, el salto de fe, las maravillosas panorámicas del skyline de Sevilla y Granada en 1492 y la participación de algunos actores españoles (Javier Gutiérrez interpreta a Torquemada), Assassin’s Creed me ha gustado bastante… ¡y eso que detesto los videojuegos!

Ahora decidan ustedes si quieren verla o no.

 

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2 comentarios en “Cine: “Assassin’s Creed”

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