Cine: “Asesinato en el Orient Express”

Teresa Suárez

Estamos en 1934. Tras resolver un caso complicado en Oriente Próximo, el detective belga Hercule Poirot recibe un telegrama en el que se le pide que regrese urgentemente a Londres, por lo que debe retrasar sus ansiadas vacaciones y viajar en el Orient Express que parte esa misma noche. Durante el trayecto, mientras el lujoso tren serpentea por media Europa, desde Estambul a París, conoce a Ratchett, un turbio “hombre de negocios” norteamericano que afirma estar en peligro e intenta contratarlo para que le proteja. Ante la animadversión que dicho personaje le despierta, Poirot rechaza la oferta. Tras un alud el tren queda atrapado por la nieve y, durante la noche, se comete un asesinato que Hercule deberá resolver (“Soy el mejor detective de Europa y probablemente del mundo entero”).

Aunque de adolescente leí alguna de las novelas de Agatha Christie, éstas no dejaron especial huella en mi conciencia lectora. Para entonces, ya era la más ferviente seguidora de Holmes y no había lugar en mi corazón para otro investigador que no fuera mi admirado Sherlock. Con los años ese integrismo detectivesco se fue suavizando y, aunque Holmes sigue encabezándola, nuevos policías e investigadores se añadieron a mi lista.

Así que a Monsieur Poirot solo lo conocía de oídas. Sabía de su características física más conocida, el mostachazo, y de algunas de las cualidades que adornan su carácter: pulcro en el vestir, obseso del orden y una inusual capacidad para detectar cuando algo se encuentra fuera de lugar (“Tengo la habilidad de ver la realidad como debería ser, no como es, así que cualquier imperfección destaca como una nariz prominente de perfil”), compulsión ésta, como él mismo reconoce, bastante irritante para la vida cotidiana pero harto útil para el trabajo detectivesco.

No he visto la adaptación de Asesinato en el Orient Express que hizo Sidney Lumet, allá por el año 1975 (y que tanto pareció gustar, según dicen, a Agatha Christie cuando asistió al estreno), con la que todos los críticos actuales insisten en comparar la versión de Kenneth Branagh.

Es éste, pues, un prístino acercamiento a la historia del famoso tren, aunque lastrado, lo reconozco, por la dualidad que me despierta su director y actor principal. Adoro a Branagh por películas como Los amigos de Peter y Frankenstein, vapuleadísima adaptación del clásico de Mary Shelley que a mí me encantó, lo detesto por otras tan tediosas como Thor (aunque en este caso, la verdad, mucha culpa la tiene el soso dios asgardiano, un claro ejemplo de que hace falta algo más que un buen cuerpo para conquistar a la audiencia), y por su interpretación del inspector Kurt Wallander, en la serie de la BBC basada en las novelas de Henning Mankell, me debato entre el rechazo y la aceptación.

Y es que si algo tiene Sir Kenneth Charles Branagh, ese jodido irlandés, es que no suele dejar indiferente a nadie. Por haber dirigido y/o actuado en muchas adaptaciones al cine de obras clásicas shakesperianas (Mucho ruido y pocas nueves, Hamlet, Otelo y Enrique V), ha recibido tantos reconocimientos como furibundos ataques de quienes dicen no soportar su inconmensurable egolatría.

Puede que Branagh sea un vanidoso insoportable, no lo discuto, pero lo cierto es que aun yendo predispuesta en su contra, por las duras críticas recibidas, la película me gustó.

De gran belleza visual, la puesta en escena tiene ese aire nostálgico que Kenneth sabe imprimir a todas sus obras. Y no solo porque se ambiente en el período de entreguerras y anuncie la decadencia de una época, con sus lujos y privilegios, que no volvería, sino porque narra la historia de una manera muy evocadora. ¡Puro romanticismo!

Le han achacado falta de profundidad en sus personajes, desaprovechando con ello un elenco de primeras figuras, pero yo pienso que está hecho a propósito. Que su intención es que ninguno de los pasajeros destaque por encima de los otros (algo que aun así alguno de ellos consigue) salvo la figura del detective. Todos contra uno y uno contra todos. El crimen y el castigo.

No sé si ocurre así en la novela, pero en manos de Branagh nuestro Poirot se convierte en adalid de la justicia: un defensor inflexible de la separación, clara y profunda, entre el bien y el mal.

El tono moralizante de la propuesta no me molestó en absoluto. Vi a un hombre bueno que lamenta como un acto criminal destroza la vida de diferentes personas, pero que, aun empatizando con ellos, defiende que no existe pecado, por grave que éste sea, que justifique la comisión de otro mayor para que el culpable expíe su falta (“El mundo está lleno de individuos prescindibles, pero no los matamos como a bestias”). Todo ello expuesto en un encendido monologo que algunos tachan de “puro teatro”, por lo grandilocuente, pero que a mí me conmovió. ¡Una auténtica exhibición de talento delante y detrás de la cámara!

Porque creí a pies juntillas cada una de sus palabras, el final me decepcionó.

Puedes seguirnos en TelegramGoogle+, Twitter y Facebook

4 comentarios en “Cine: “Asesinato en el Orient Express”

  1. Me apetece un montón verla, aunque Branagh me parece que hace un cine casi siempre muy parecido. Precisamente por eso quisiera ver esta adaptación de la novela de Agatha Christie dado que ya le visto varias de Shakespeare.
    Saludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s