“Beautiful Rhodesia”, de Carlos Erice, por José Javier Abasolo

Zimbabwe, en clave negra

José Javier Abasolo

Una de las principales características de la novela negra, que la hizo tan atractiva para sus potenciales lectores desde el comienzo del género, fue sin lugar a dudas el hecho de que los autores recogían las historias de su propio entorno, casi puede decirse que en el descansillo de su escalera, y hablaban de los problemas de las ciudades y del tiempo en que vivían. Quizás, por ese mismo motivo, en los regímenes dictatoriales no está bien visto el género y como ejemplo tenemos a la misma España. Hasta que murió el dictador no pudo desarrollarse una auténtica novela policíaca crítica y arraigada en nuestra sociedad.

Pero como suele ocurrir en casi todos los aspectos de la vida, siempre hay excepciones. Y los mismos escritores anglosajones que nos mostraron las miserias de sus conciudadanos sin pudor alguno, empezaron a entretejer historias ubicadas en parajes muy lejanos a aquellos en los que habían nacido y vivían. Se les reprochó que buscaban un exotismo fácil y que lo que practicaban era una simple literatura best-seller (como si vender mucho fuese un pecado o estuviese reñido con la calidad), pero si hay algo que no tienen los escritores nacidos a la sombra de los imperios regidos desde Londres y Washington son complejos de ese tipo y poco a poco han ido creándose obras de calidad y en las que esa supuesta búsqueda del “exotismo” no está reñida con la capacidad para describirnos unos países muy alejados de los suyos geográfica y culturalmente e incluso diseccionarlos con bisturí de cirujano.

En la literatura criminal española el camino se ha recorrido más lentamente. Bastante hemos tenido con inventarnos, partiendo prácticamente desde cero (con la honrosa excepción de García Pavón y su Plinio) un género negro nuestro y creíble, como para aventurarnos por caminos poco hollados y aparentemente sembrados de minas. Y sin embargo ya se están dando pasos, y pasos muy firmes, además.

Beautiful Rhodesia, la novela de Carlos Erice que fue ganadora del “III Certamen de Novela Correduría de Seguros López Torrijos”, es un buen ejemplo de ello. El escritor navarro sitúa la trama en una nación africana prácticamente desconocida para nosotros, Zimbabwe, que en la época del dominio blanco se llamaba Rhodesia. Allí, al igual que ocurrió en Sudáfrica, desapareció el dominio blanco, pero en lugar de crearse, como en el país de Mandela, una democracia multirracial que pese a sus defectos va saliendo adelante, en Zimbabwe a un régimen racista blanco le siguió un régimen corrupto negro en el que a sus dirigentes, eso sí, no les importa para nada tratar con los antiguos opresores blancos cuando se trata de hacer buenos negocios.

En ese contexto geográfico y social es asesinada, a la salida de una macrodiscoteca de éxito entre los jóvenes con una buena posición social y económica, la hija del embajador español, en lo que parece ser un asalto con motivaciones económicas. Pero tanto para evitar posibles conflictos diplomáticos como para detener la ola de ataques racistas que con esa excusa se están desatando en España, las autoridades del país africano aceptarán que un agente español intervenga en la investigación. Miguel Arnaiz, un antiguo guardia civil destinado al principio de su carrera en Euskal Herria, y que posteriormente trabajó en varios países africanos, será el enlace con las autoridades zimbabuenses, para lo que se verá obligado a trabajar con Sandra Bokosa, una joven policía zimbabua, madre de un pareja de gemelos a los que tiene que cuidar en solitario, tras ser abandonada por su marido.

Muy pronto Miguel y Sandra comprenderán, de hecho sus superiores respectivos han sido muy explícitos al respecto, que más que la averiguación de la lo sucedido lo que necesitan es encontrar (o incluso inventarse) una explicación tranquilizadora, buscar un culpable que a todo el mundo le venga bien. Pese a ello en ocasiones juntos, y a veces por separado, ambos agentes intentarán llegar a la verdad del asunto, aunque el tiempo sea escaso y los medios limitados. Y mientras el capitán Arnaiz y la teniente Bokosa se empeñan en su tarea, Carlos Erice nos va mostrando, con mano firme y una amena escritura, la realidad de un país con un gran potencial hundido por el desgobierno y la corrupción, en el que blancos y negros conviven siempre que haya posibilidades de hacer negocio a costa de otros blancos y negros y en el que los propios zimbabuos que, desesperados, intentan huir del país para mejorar su condición, ven cómo en la antaño nación hermana Sudáfrica se les rechaza, por ser emigrantes ilegales y robarles el trabajo a los nativos, reproduciéndose, en escala africana, los recelos y egoísmos que desde hace tiempo asolan también a los países europeos.

 

Beautiful Rhodesia
Carlos Erice
Editorial Ledoria


 
 
 

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