Entrevista con Marcelo Luján. Por José Ramón Gómez Cabezas



José Ramón Gómez Cabezas


Me resulta muy difícil definir Moravia, su última novela sin caer en un ejercicio que pueda parecer de halago gratuito hacia el autor. Con una narrativa tan cuidada, y con el ritmo tremendo que consigue, cuando el lector pasa la última página la desazón de la historia se le pega a fuego en el alma y el recuerdo de lo ocurrido sigue viajando por la memoria durante mucho tiempo.

¿Cómo surgió la idea de esta novela?

Moravia empezó a rondarme la cabeza hace quince años, cuando leí por primera vez El extranjero, de Albert Camus. En esa novela hay un pasaje concreto de nueve o diez líneas. Es un metatexto, en realidad. Y ocurre cuando el protagonista está en prisión y en la celda encuentra un trozo de periódico. Camus dice que era una noticia que al parecer había ocurrido en Checoslovaquia. Una noticia policial, terriblemente cruel, impactante. Años después, cuando ya tenía los primeros borradores de lo que terminaría siendo Moravia, descubro El malentendido, obra de teatro que Camus publicó en 1945, dos años después de la primera edición de El extranjero. La pieza teatral nunca quise leerla porque mis intenciones eran desarrollar libremente la vida de ese hombre que regresa a su pueblo veinte años después de haberlo abandonado, y que decide darle una sorpresa a su madre y a su hermana. Cuando ya tenía la novela casi definida y se la conté a Ana María Shua, me sorprendió bastante que ella me dijera que esa historia era anterior a Camus, y que se trababa de un cuento popular muy antiguo, una suerte de leyenda urbana que tenía versiones un varios países de Europa y Asia. Me sorprendió y me alegró esa noticia porque tengo un respeto muy fuerte por las historias que pasan de generación en generación con ese mecanismo precioso al que denominamos tradición oral.

Por otra parte, Moravia es una tragedia en el sentido más estricto de la acepción. Una tragedia con un héroe que hace oídos sordos a su inexorable y fatídico destino. Procuré trabajar mucho la figura de su esposa porque es ella quien mejor le advierte que no vaya por aquel camino. La esposa hace las veces de oráculo, aun sin saber la desgracia que se avecinaba.

Si cotejo su primera novela (La mala espera) con Moravia, encuentro a la inmigración como nexo y hasta punto de partida. Leí, respecto a La mala espera (Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra), que empezó como una historia de inmigración y terminó siendo un relato urbano y negro. Moravia comienza con la inmigración como referencia para pasear al lector de la mano de una tragedia clásica. ¿Existen paralelismos entre ellas, quizás en un camino recorrido a la inversa?

Sí, es posible. Los inmigrantes, la situación de inmigración, su desarraigo y su eterna añoranza, son elementos que me interesan. Desde esa óptica se pueden trabajar muchos aspectos de las sociedades occidentales: la diferencia de clases, por ejemplo, que es otro de los elementos recurrentes en mis relatos (en Moravia es casi un disparador). Soy el producto de una familia de inmigrantes, de personas que decidieron abandonar su tierra para construir una nueva vida muy lejos de la que ya tenían. Me crié, además, en un barrio edificado desde la nada por esos inmigrantes. He visto y oído historias conmovedoras. En mi casa, en la de mis abuelos, siempre había un pariente, una maleta, un barco, un pueblo perdido en medio de la provincia más abandonada. Yo mismo, desde hace más de diez años, soy un inmigrante, es decir, alguien que siempre, pase el tiempo que pase, va a ser un extranjero. Es lógico y hasta consecuente que incluya esta variable en mis textos de ficción.

Marcelo Luján. Fotografía: Laura Muñoz

Con respecto a los paralelismos entre La mala espera y Moravia puedo decirle que son novelas diferentes desde el punto de vista del planteamiento de la historia. Si bien es cierto que La mala espera fue concebida como un retrato de la inmigración (de la nueva inmigración que llegó a España en la última década), también es cierto que el objetivo que pretendía alcanzar caminaba por el andarivel de la desilusión o del desencanto que experimentan la mayoría de los inmigrantes de nuestra época. La variable económica, motor y consecuencia de esta oleada migratoria (coyuntura y espacio de La mala espera), contiene rasgos opuestos a los grandes éxodos posteriores a las guerras mundiales, a la posguerra española, o a las dictaduras sudamericanas de la década de los setenta. Moravia es una historia implantada en este segundo marco: los inmigrantes que aparecen allí no sufren el desencanto que sí sufren los personajes de La mala espera. En ese punto son novelas opuestas.

En alguna ocasión le he escuchado hablar del talento latinoamericano que no termina de llegar a Europa. ¿Cuál cree que es el motivo que impide que estos autores encuentren su sitio en nuestras librerías? ¿Podría recomendar algún título o autor para ir abriendo boca?

Que no lleguen a España libros publicados en Latinoamérica es, en primera instancia, un problema de mercado. Después podría decirse que deviene de una cierta ceguera o torpeza editorial. Pero para referirnos al sector editorial español deberíamos separar a la edición independiente de los grandes grupos editoriales. En los grandes grupos editoriales, como en toda gran empresa, se opera bajo la constante del mercantilismo más acérrimo. Y allí solamente hay sitio para las apuestas a caballo ganador. Los cuentos completos de Julio Cortázar (de cuyo prólogo no quiero acordarme) son, evidentemente, caballo ganador. Bien. Ejemplifico con autores argentinos pero hay casos similares, y aún más graves, en todos los países latinoamericanos.

Por aquello del caballo ganador, las mejores apuestas de autores latinoamericanos nacen en editoriales independientes, que son el corazón –¿o se dice alma?– de la literatura actual. Sin ir más lejos, los cuentos completos de Rodolfo Walsh (lo digo y no lo creo), fueron reunidos por primera vez en España en 2010, gracias al esfuerzo inconmensurable de Veintisieteletras. Los cuentos completos de Haroldo Conti (lo digo y no lo creo), aparecieron en España hace cuatro años en otra editorial pequeña: Bartleby; imagino que su editor no tuvo que pedir un crédito para hacerse con los derechos: sólo hacía falta buen ojo, intención y decisión. Los cuentos completos de Juan José Saer (lo digo y no lo creo) saldrán recién ahora en El Aleph, que si bien pertenece a un grupo, todavía se maneja con espíritu independiente. Es decir que el lector español fue privado de estos tres autores (fundamentales en la literatura argentina) durante treinta años, veinte en el caso de Saer. Bien. A Ernesto Mallo, uno de los iconos del policial argentino, comenzó a publicarlo Siruela –que es un sello independiente–, hace bien poco. Y la lista de ejemplos sigue.

Por lo pronto, recomiendo a estos autores, los recomiendo firmemente porque su valía literaria está fuera de toda discusión. Podría hacer lo mismo con Leonardo Oyola (Salto de Página –independiente– editó un par de novelas suyas pero en Argentina hay más: Kryptonita acaba de ser elegido mejor libro del 2011), Kike Ferrari (Amargord –independiente– publicó Que de lejos parecen moscas en la colección NUC) es otro autor a seguir (espero que los editores españoles no le pierdan la pista). Enrique Medina tiene tres o cuatro novelas sensacionales: fue el autor más crudo y más negro de Argentina durante mucho tiempo. Las tumbas –tal vez la más reconocida–, es de 1973 pero no está editada en España. Es decir que los lectores españoles llevan casi cuarenta años privados de esa novela inolvidable. Hace poco tuve que dar una charla en Francia sobre la obra de Enrique Medina (lo que me llevó a pensar, con acierto, que era un tipo muy leído en ese país). Las novelas que tengo de él me las traje de Argentina. Busqué las que me faltaban y no encontré nada, ni una sola de sus novelas en librerías españolas: no está publicado aquí. Increíble.

Conteste sin pensarlo demasiado:

¿Camus o Borges?

Los dos.

En literatura negra, ¿prefiere lo urbano o se inclina hacia lo rural?

Lo negro puede suceder en cualquier escenario porque lo negro es parte de la esencia del ser humano. Por lo tanto, donde pise un ser humano siempre podrá existir el mal.

¿Faja de Bestseller o lectores reales?

 Lectores reales.

¿Real Madrid o River Plate?

 No, no: Atlético de Madrid y San Lorenzo de Almagro.

 ¿Quilmes o Mahou?

…no le doy mucha bola a la cerveza. Así que con que sea cerveza me alcanza.

Marcelo Luján nació en Buenos Aires, Argentina, en junio 1973.

A principios de 2001 se radicó en Madrid, donde trabajó como periodista y coordinador de talleres literarios. Ha publicado Flores para Irene (2004), En algún cielo (2007), El desvío (2007), La mala espera (2009), Arder en el invierno (2010) y Moravia (2012), además de una docena de cuentos en antologías de varios países. Parte de su obra ha sido seleccionada en campañas de fomento a la lectura, traducida a otras lenguas, y distinguida con los premios Santa Cruz de Tenerife, Ciudad de Alcalá de Narrativa, Kutxa Ciudad de San Sebastián de Cuento en Castellano y Ciudad de Getafe de Novela Negra. Entre otros galardones obtuvo la Segunda Mención en el Premio Clarín de Novela 2005.

Su página web es www.marcelolujan.com


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