“Los buenos suicidas”, de Toni Hill, por Ricardo Bosque

Ricardo Bosque

Hace unos cuantos meses caía en mis manos la que, con el tiempo, se ha convertido en una de las novelas más vendidas en España, traducida ya a varios idiomas y cuyos derechos ha terminado adquiriendo una productora para convertirla en una miniserie de dos capítulos que comenzará a rodarse en 2013.

Se trataba de El verano de los juguetes muertos, excelente novela de la que ya se habló aquí mismo y que suponía el debut de un autor que, hasta ese momento, se había dedicado a traducir a otros a nuestro idioma: el escritor barcelonés Toni Hill.

Una novela que situaba el listón muy alto, con un protagonista que podía dar mucho juego en el género y una galería de acompañantes que no se quedaban atrás, con un misterio fascinante por resolver y una extraña desaparición que dejaba, en las últimas páginas, las puertas abiertas de par en par a una segura continuidad de la serie. La pregunta era: ¿será capaz Toni Hill de repetir su hazaña y conseguir otra novela tan redonda?

Pues bien, no ha habido que esperar demasiado y las dudas quedan resueltas: Los buenos suicidas mantiene la calidad literaria de la primera de las aventuras del inspector Héctor Salgado e incrementa, si cabe, el grado de adicción que la lectura de sus páginas genera en el buen aficionado a esto de los crímenes sobre el papel.

En esta ocasión, Toni Hill desarrolla dos tramas simultáneas totalmente independientes una de la otra: la primera, en la que el inspector Salgado deberá investigar el presunto suicidio de la secretaria de dirección de unos laboratorios de cosmética que podría estar vinculado de algún modo con otro acaecido meses antes y que se saldó con el asesinato, además, de la mujer y la hija del suicida; y la segunda -me niego a llamarla secundaria- en la que Leire Castro, una de las colaboradoras de Salgado a la que ya augurábamos un brillante porvenir literario en la novela anterior, investigará la desaparición de Ruth, la ex del inspector.

Salgado y Castro son, pues, quienes soportan el peso principal de las tramas a seguir, si bien cuentan con el respaldo de una serie de secundarios de lujo, perfectamente dibujados y de los que no deberemos perder detalle de todos y cada uno de sus movimientos y actitudes si pretendemos acompañar a los policías en un caso que se va complicando a cada paso que damos junto a ellos.

Y si bien el lector con muchas horas de vuelo podrá aventurar una posible resolución -y tal vez acertar- al caso de los suicidas antes de que el propio Salgado dé con la respuesta correcta al misterio, lo que difícilmente conseguirá es atisbar siquiera qué se oculta tras la desaparición investigada por Castro ni, desde luego, imaginar qué sucederá en el futuro con ese hilo conductor de la vida afectiva del inspector que constituye su exmujer y que, en principio, debería tener poco que ver con la vida profesional de Salgado.

¿O sí tiene que ver? Hill lo ha vuelto a hacer, dejándonos un final que ya nos hace esperar con ansia la tercera de la serie.

Por favor, que no tarde mucho: queremos más.

Los buenos suicidas
Toni Hill
Debolsillo
 

3 comentarios en ““Los buenos suicidas”, de Toni Hill, por Ricardo Bosque

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