“Bellísimas personas”, de Andreu Martín, por Sergio Torrijos Martínez

Sergio Torrijos Martínez

Una historia de un crimen real, algo que se ha usado mucho, sobre todo en el mundo anglosajón, y que siempre ha tenido sus seguidores. Recuerda la novela a aquellos antiguos periódicos como El caso y a una España que no reconoceríamos hoy en día, pues se sitúa en el periodo de la transición y parece mentira lo que ha cambiado todo, en algunos casos para bien.

Andreu Martín disecciona el caso y no se queda en eso sino que intenta adentrarse en la psicología del individuo, usando una narración dual: por un lado, la propia del protagonista; por otro, a través de una periodista que investiga el caso y que nos irá aportando, bien con conversaciones o pensamientos propios, ideas y reflexiones sobre la muerte, la brutalidad, la pena de muerte, la condena, los juicios de valor, en fin una buena serie de elementos que cuando se comete un crimen atroz salen a relucir.

Es por ello un libro que hace reflexionar, no sólo sobre nuestra sociedad, en algunos casos injusta, sino sobre todo sobre las medidas coercitivas que tomamos como Estado y que me recuerda a algún libro de reciente edición en España, como el famoso No hay bestia tan feroz de Bunker. Lo que cuenta este del sistema penitenciario americano y lo que narra Martín se diferencian y mucho, pero en el fondo tienen un poso muy cercano y concluye en la desesperación de quien entra en ese círculo tan bestial.

El escritor define muy claramente, al final de la novela, cual es su concepción del caso y el porqué de mucho de lo ocurrido:

“Sus motivos eran más profundos, venían de mucho más allá: de una educación determinada, de una manera de vivir y convivir, de una relación con sus padres, con sus hermanos, con los curas del colegio, venían de la conciencia de estarse construyendo el futuro con materiales inconsistentes”.

Martín es un escritor ducho, de gran solvencia, capaz de narrar un momento tierno y al siguiente matar a un chiquillo armado de una contundente arma roma. Una brutalidad no exenta de cotidianidad que inquieta y al mismo tiempo es tan real como la vida misma.

Adereza la novela de mucha frescura, con un retrato de personajes muy destacado, pues aparecen algunos elementos muy propios de nuestra sociedad, como el padre de la protagonista o algún policía de toque franquista y con resabios de época tan bien dibujados que no pueden pasarnos desapercibidos.

En eso Andreu Martín es muy destacado pues precisa de un par de frases para describirnos a un personaje con tal solvencia que cualquiera le reconocería.

Siempre ha sido un buen escritor, con momentos muy inspirados, que ha trabajado todo tipo de artilugios literarios, aunque, personalmente, me gusta más cuanto más se interna en ese centro de la ciudad catalana que es su coto de caza particular. En esta novela se aleja un poco, no mucho, pero los personajes que la pueblan no deslucen.

Es novela interesante, que provoca reflexión aunque en algunos momentos se traten ciertos temas, muy serios, con ligereza, y que hubieran merecido otra reflexión u otro punto de vista, pero que consigue lo que pretendía y es hacernos meditar, lo cual, a estas alturas de la película es un logro.

Recomendar la lectura de Andreu Martín no tiene mérito, miren su trayectoria literaria. Lo complicado sería decir si esta novela es mejor que otra y, ahí, permítanme un silencio cómplice, léanla y lo hablamos.

Bellísimas personas
Andreu Martín
Algaida

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