“El alienista”, de Caleb Carr, por Sergio Torrijos Martínez

60997-alienista-el-alienistaSergio Torrijos Martínez

La presente obra fue un rotundo éxito hace unos años y no es mala cosa acercarse a ella cuando han pasado ya muchos días y el sonido de las opiniones se ha apagado. El interés por el libro no me vino por este sino por uno nuevo que el autor ha sacado recientemente y que se engloba en un género diametralmente opuesto, la fantasía épica. Una vez despertado el interés por el autor ya solo era cuestión de recordar que tenía una lectura pendiente de este señor; el resto, llevarla a cabo.

La obra es larga, tal vez excesivamente larga, con momentos densos y también con una elevada riqueza en su puesta en escena, pero al mismo tiempo tiene pecados, y son bastantes. Como elemento global es destacable porque lo que el autor hace bien lo ejecuta realmente bien, enmascarando los elementos en los que flojea. Lo potente no es el desarrollo de la trama, demasiado previsible, o el final, que se ve desde el medio centenar de páginas; lo poderoso es su puesta en escena, su ambientación y también la tensión narrativa que hay entre las páginas de la obra.

Vayamos por partes.

Nueva York, 1896, unos horribles asesinatos cuyas víctimas son niños que ejercen la prostitución. John Schuyler Moore, periodista del New York Times, recibe el encargo de ayudar a Laszlo Kreizler, un alienista, para descubrir al autor de semejantes hechos. Su jefe, Theodore Roosevelt, comisario en jefe de la policía de la ciudad. A ellos se sumaran un par de detectives, una muchacha y algunos ayudantes extras. El resto, investigación.

La época nos retrae a otro mundo, otra ciudad, siendo indudable la influencia de la película Gangs of New York. Es más, me ha sido imposible sustraerme de alguna imagen y también de algunos personajes que cohabitan la obra y la película. Pero aparte de eso, lo que nos muestra la novela es otra sociedad, una sociedad urbana que fue considerada en su momento como el “lumpen proletariado” y esa definición lo incluye todo, puede ser en los Five Points de la Gran Manzana o Whitechapel de Londres o los suburbios de París. Pobreza, miseria, violencia, vicios y una sociedad que no había concebido una manera de atajar esos problemas. Y sumémosle que Nueva York era una ciudad receptora de inmigración procedente de todo el mundo.

Sirva como ejemplo:

“Finalmente llegamos a la puerta posterior. El callejón que unía el bloque de delante con los edificios de detrás estaba inundado con más bidones y cubos atestados de basuras y defecaciones, con lo cual el hedor era indescriptible. Sara se tapó la nariz y la boca con un pañuelo y me indicó que yo hiciese lo mismo. Luego corrimos hacia el pasillo central del edificio trasero. En la planta baja había cuatro apartamentos en los que parecían vivir un millar de personas. Traté de identificar todos los idiomas que allí se hablaban, pero me perdí después de contar ocho. Un apestoso grupo de alemanes con sus jarras de cerveza habían acampado en la escalera y se apartó gruñendo cuando subimos. Era evidente , incluso en aquella penumbra, que la escalera estaba cubierta con casi dos dedos de algo extremadamente pegajoso que preferí no identificar. Sin embargo, a los alemanes parecía tenerles sin cuidado.” Pag.110.

Asumiendo lo anterior no es extraño comprender revoluciones, revueltas, tumultos y hasta atrocidades. El populacho, la plebe, la clase baja, muchas maneras de definir a los de más abajo de la pirámide social. Perfectamente reflejados por Carr, que incluso nos permite hacernos a la idea del olor o de las complicadísimas condiciones de vida y lo hace desde dos puntos: desde la realidad aportada con un amplio conocimiento de la historia y desde la labor de pluma muy bien trabajada.

Les recomiendo para hacerse una idea que visiten alguna página que contenga las fotos del fotógrafo oficial de la época Jacob A. Riis, les va a impresionar.

Los personajes que aparecen en la obra son reales, muy reales, entremezclados con otros propios de la ficción pero que ayudan a la coherencia del relato y le aportan ese plus de sinceridad que toda ficción necesita, valga la redundancia.

Aparte de todo ello destacaría la prosa del autor, bien trabajada, serena y muy eficiente con extractos como el siguiente:

“¿Sabe señor Moore? Es difícil imaginar que en un apestoso agujero como esta ciudad pueda haber tantas estrellas ahí arriba. Parece como si el olor bastara para mantenerlas a raya.” Pag. 620.

Ahora pasemos a lo que menos nos gusta, que también hay bastante.

En primer lugar la concepción intelectual de todo el artificio de la obra es muy débil, sin duda por el hecho de que el autor no ha estudiado con profundidad las corrientes de pensamiento de la época que trata de describir. Es imposible hablar de Renouvier y no citar a Durkheim. Es imposible tratar de positivismo y no mentar a Saint-Simon o a otros filósofos de época, aunque claro, si está Marx por medio o algún otro de parecido proceder ya no interesa, lo cual, demuestra la escasa profundidad del estudio o su sesgada manera de acometerlo.

También hay que considerar el asunto del asesino en serie.

Verdaderamente los norteamericanos tienen un problema con eso, una adicción, algo que les provoca que se tenga que matar de continuo y que se asocie a aspectos psicológicos que, al final, resultan o tienen un carácter demasiado simplista. No es la primera vez que vemos algo así en la literatura y creo que tampoco la última, pese a que ya el paradigma ofrece poco. Esto condiciona toda la obra, porque si quitamos los problemas psicológicos del asesino ya no hay forma de acercarnos a lo que el autor plantea, que no es otra cosa que un determinismo peligroso y total.

La trama es débil y previsible por el simple hecho de que no se pretendía montar una buena novela de misterio sino mostrar la ciudad en aquella época, aderezándola con una historia que levantara interés. Es decir, justo lo contrario de lo que debía ser.

Hay también un momento en el que el argumento da un salto enorme, agrupando dos pistas en una sola, lo cual es poco creíble y nos habla de una mala planificación en la concepción inicial de la novela o que tal vez el autor tenía serias dudas de cómo proceder.

Incluso con todo esto, gana la parte buena. Sin duda es obra entretenida y que tiene su punto, personajes violentos, malos de verdad, miseria, una concepción del mundo que choca frontalmente con la nuestra y también mucho ímpetu literario porque otra cosa no pero Caleb Carr sabe escribir y lo ejecuta francamente bien.

Léanla y juzguen ustedes.

El alienista
Caleb Carr
Ediciones B

2 comentarios en ““El alienista”, de Caleb Carr, por Sergio Torrijos Martínez

  1. Suscribo cien por cien tu exposicion Sergio. El alienista es una novela leida hace ya mucho tiempo…y que acoge todas las virtudes y defectos que bien señalas. Aun asi, y en especial a su calidad en las descripciones mas que al desarrollo de la propia trama ,es una novela absolutamente leible. Creo que esta reseña se merece a su vez otra ( de la que me hago responsable salvo que tu la quieras incorporar) sobre una novela muy “paralela” tambien con sus virtudes y sus defectos: La interpretacion del asesinato de Jed Rubenfeld. Una novela de 2006 con muchas mas virtudes que defectos: Nueva York en 1909 con su arquitectura emergiendo hacia el cielo, Freud, Karl Jung,….muy interesante en definitiva. Un tanto para Rubenfeld- ya famoso gracias a la “tigresa” de su esposa- que ha sabido pasar del derecho al trhiller con un resultado mas que aceptable. Un saludo!!!

    • Me parece estupendo lo de la reseña de Rubenfeld…toda para ti. Personalmente me interesa y mucho las grandes ciudades de finales del XIX y principios del XX. Ese periódo de formación de grandes urbes y que poseían una endiablada complejidad. Aún así lo más decepcionante de Carr fue su apuesta intelectual, escasísima, pretenciosa y sobre todo parcial. Los estudios en USA de gente de una edad obviaron todos los movimientos sociales cuyo germen está en esas grandes ciudades y en esas masas empobrecidas. Ver fotos de aquella época y recordar la definición de Lumpen proletariado es todo uno, creo que todo el mundo debería hacer ese ejercicio, es más es el comienzo de la fotografía y esas imágenes tienen una fuerza bárbara.
      No me lio más, me gusta que te haya agradaddo.ñ

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