“Los niños que ya no sonríen”, de Fran Santana, por José Javier Abasolo

los-ninos-que-ya-no-sonrienJosé Javier Abasolo

Enfrentarse a una primera novela como lector conlleva tanto un riesgo como un aliciente. Por una parte está la incertidumbre de leer una obra cuyo autor nos es desconocido, el aventurarse en un terreno virgen en el que no sabemos si nos esperan animales salvajes prestos a devorarnos o apacibles riachuelos y frondosos árboles frutales que aplacarán nuestra sed y nuestra hambre, pero por otra está, precisamente, el aliciente de explorar esos nuevos terrenos con la esperanza de realizar un hallazgo similar al de los viejos mineros del Lejano Oeste cuando encontraban una pepita de oro, preludio de que cerca estaba una mina cuya explotación les haría ricos para siempre.

Pero si enfrentarse a una primera novela es un riesgo y un aliciente para el lector, aún lo es más para el propio escritor que, al enfrentarse al folio en blanco, siente la inquietud e inseguridad de quien por primera vez va a expresar, por escrito, esas historias que desde hace tiempo rondan por su cabeza. La ilusión de dar ese paso va acompañada por la incertidumbre de si será capaz de hacerlo bien, si será capaz de transmitir, a unos hipotéticos lectores, la pasión y el gozo que siente él al escribir la historia.

Hay además, y no hablo desde fuera sino con la experiencia del escritor que, lógicamente, ha pasado por ese rito iniciático de escribir una primera novela, el miedo a quedarse o pasarse. En ocasiones el temor a parecer excesivos nos exige ser tan prudentes que nos fuerza a escribir una obra demasiado sencilla o simplona, y en cambio, en otras ocasiones, el miedo a no tener continuidad, a no saber si esa novela además de ser la primera va a ser la única, nos hace meter en nuestra obra material que daría para tres o cuatro novelas más.

Los niños que ya no sonríen, de Fran Santana, es una primera novela y, por tanto, comparte los riesgos y alicientes que anteriormente he mencionado. Como lector que se “atrevió” a leerla, puedo afirmar con conocimiento de causa que los alicientes han superado, con creces, al hipotético y finalmente inexistente riesgo. Pero quien de verdad tiene que estar satisfecho, quien de verdad ha salido no sólo indemne sino fortalecido y enriquecido con esa aventura personal es el autor, que ha escrito una primera obra muy notable.

Hay además, en esta primera novela, un aspecto que merece la pena resaltar. Aunque acaba de salir al mercado editada por Ediciones B y con toda la fanfarria y parafernalia con la que las grandes editoriales suelen acompañar a sus apuestas literarias más importantes, en un primer momento el recorrido de la novela no fue tan fácil ya que el autor, un trabajador que llevaba varios años en paro con lo que eso conlleva, tuvo que optar, ante la falta de editoriales que creyeran en él, por la autoedición, empeñando sus ahorros y, sobre todo, sus ilusiones.

Autoeditarse una novela tiene, al menos en un primer momento, dos lecturas. La primera, la referente al ego del propio autor. La vanidad se nos supone a los escritores, del mismo modo que a los militares se les supone el valor. De ahí que en muchos casos la autoedición no sea más que un medio de halagar la propia vanidad, en ocasiones con consecuencias desastrosas. Pero también, en muchos caos, es una muestra de la fe y la confianza, del amor y la pasión, que un autor ha puesto en su obra. Y en el caso de Fran Santana esa fe, esa confianza en sí mismo estaba más que justificada ya que precisamente a raíz de esa autoedición un agente literario creyó también en él y se le abrieron las puertas de uno de los grupos editoriales más importantes del Estado Español.

La novela, porque va siendo hora de hablar de ella, empieza con el asesinato de un rico empresario vasco, asesinato que será investigado por los mejores elementos del departamento de homicidios de la Ertzaintza, la Policía Autonómica Vasca. Hasta ahí todo normal, con ese esquema se han construido tanto muy buenas novelas como otras absolutamente deplorables. Lo importante es cómo continúa la historia, y en el caso de Los niños que ya no sonríen la historia continúa, y culmina, de un modo eficaz y brillante.

Fran Santana construye una historia compleja e intensa, tanto por las situaciones que describe como por sus personajes, no sólo los aparentemente principales sino también por algunos secundarios que de vez en cuando van surgiendo por el camino, para extrañeza inicial del lector que pronto descubre que no son gratuitos sino que se parecen a esa pieza del puzzle que, cuando sacamos todas de la caja y las ponemos encima de la mesa no sabemos dónde pueden encajar e incluso llegamos a pensar que puede ser un error del fabricante, pero que cuando lo acabamos nos damos cuenta de que ha servido para ensamblar coherentemente el resto de las piezas.

La historia, como ya he avanzado, es así mismo compleja, con variados escenarios, con conspiraciones en la sombra, con personajes que cuanto más averiguan más desconcertados parecen estar, pero avanza de un modo firme, paso a paso, hasta la resolución final. Y mientras vamos leyéndola comprendemos que esa complejidad no nos impide saborear la novela, que no es algo forzado sino exigencia de su propia estructura y de su coherencia interna, y que complejidad no significa desorganización ni caos, sino que todo va encajando para gozo del lector que ya, por fin, comprende que ha acertado de lleno acercándose sin complejos a esa primera novela.

Personalmente, y supongo que quien ha podido leer este comentario se ha percatado de ello, soy un adicto a las primeras novelas. Procuro leer todas las que caen en mis manos, pero en cuanto a las segundas novelas…, ésa ya es otra historia, mucho me ha tenido que gustar la primera para que me anime a hincarle el diente a la segunda. Y de esta novela tengo que decir que espero con ansias su continuación. Sólo hay un pero que oponer a Los niños que ya no sonríen. El autor ha puesto tan alto el listón en su primera obra, que puede darle (y darnos a los lectores) vértigo al acometer las siguientes, aunque visto lo visto y leído lo leído, podemos tener fundadas esperanzas de que sabrá salir indemne del envite.

Los niños que ya no sonríen
Fran Santana
Ediciones B

4 comentarios en ““Los niños que ya no sonríen”, de Fran Santana, por José Javier Abasolo

  1. Pues sinceramente, la novela no está mal, pero a mi humilde modo de ver como lectora le falta calidad literaria. Creo que las editoriales, sobre todo ultimamente, hacen grandes campañas de publicidad con el fin de vender un estilo literario, más que una buena novela en sí.

    • Lo que está claro es que es una historia que no da respiro y te tiene pegado a las páginas con sus continuas sorpresas. Una novela de esta complejidad debe ser valorada en su justa medida y no en si es mejor o peor literariamente. Yo me he entretenido y me ha gustado. ¿Qué buscamos entretenimiento o filosofía? Sigue igual.

  2. Es un libro tremendo. Te tiene pegado a las páginas como pocos. Hace años que una novela no me tenía con tanto apremio por continuar. Intensa, emocionante, plena de suspense, con una trama muy elaborada llena de engaños para el lector. A mi entender es sublime y una de las grandes novelas de este género. Me ha encantado y más viniendo de un escritor novel al que sin duda habrá que seguir muy de cerca por que si lo que ha hecho en esta primera novela impresiona lo que puede alcanzar a ofrecer está a la altura de los grandes.

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