“Ofrenda a la tormenta”, de Dolores Redondo, por Herminia Luque Ortiz

ofrenda-a-la-tormenta_Herminia Luque Ortiz

La puerta del caos

En esta novela -como en las dos anteriores, con las que forma la llamada “Trilogía del Baztán”- Dolores Redondo nos muestra, utilizando la imaginación, las peculiaridades físicas y humanas del valle del mismo nombre. Un valle que toma el nombre del curso que lo recorre, el cual, a partir de Oronoz-Mugaire, recibe el nombre de Bidasoa. Este lugar se caracteriza por la dispersión de su poblamiento –quince lugares, con Elizondo como sede administrativa-, por sus bosques de hayas y robles donde crece también la misteriosa “flor del sol” o eguzkilore…Y, sobre todo por la rica tradición oral de sus ancestrales mitos.

En esta última entrega, Ofrenda a la tormenta, Dolores Redondo nos adentra, de un modo inquietante, en ese mundo de las creencias locales. Creencias que nos llevarán, asimismo, al submundo de la brujería –tan sabiamente estudiado por eruditos como José Miguel Barandiarán o por Julio Caro Baroja-, a la par que a ese conjunto de mitos locales, como Inguma o Tarttalo, y su inserción en prácticas y ritos de sectas contemporáneas con un cariz mágico-satánico.

Pero en el relato no sólo se desarrolla -como resulta canónico en una novela negra- una dicotomía entre el bien y el mal, sino que, en un sentido más preciso, lo que se despliega ante nuestros ojos es la dicotomía, de límites más difusos, de racionalidad e irracionalidad. Irracionalidad y racionalidad que no coinciden exactamente con el bien y el mal. Los elementos mágicos e irracionales operan aquí en un sentido extenso, incrustándose en las vivencias de los personajes, sea cual fuere su catadura moral. En un mundo -el nuestro- en el que los grandes sistemas ideológicos han dejado de ser operativos, este tipo de creencias no dejan de ser funcionales, y ocupan muchas veces, desde presupuestos anti-ilustrados, el lugar que dichos sistemas -ya sean religiosos o de cariz laico- tuvieron.

Esas creencias irracionales están en gentes de buena fe que sienten como presencias reales el basajun –o señor del bosque- o utilizan el tarot como medio de análisis, no tanto del futuro, como del propio espesor del presente. O viven con toda intensidad el poder opresivo –y a la vez salvífico- de los sueños.

No obstante, esas creencias son también “la puerta” hacia el caos, hacia el mal absoluto. Hacia un conjunto, en este caso, de crímenes abominables que carecen de explicación y que la inspectora Amaia Salazar tendrá que investigar. La intensa tradición de la brujería del entorno -el cercano lugar de Zugarramurdi es un ejemplo- nos ofrece un acercamiento a ese fenómeno del Mal expresado a través de esos atroces asesinatos. Y sobre todo nos ayuda a comprender -como señaló en sus estudios el profesor Manuel Amezcua, siguiendo a Hennigsen-, que la brujería es un sistema ideológico que busca el control de la naturaleza para obtener bienes primordiales como son la salud, el sexo o las riquezas. Así nos lo dirá uno de los personajes, el padre Sarasola, en una de las conversaciones que sostiene con Amaia Salazar, la protagonista del libro y de la trilogía entera.

Dolores-Redondo

Protagonista que comparte apellido con un personaje histórico, el inquisidor Salazar y Frías que investigó para el Santo Oficio, a comienzos del XVII, la presencia del demonio en la zona. Fenómeno del que se da cuenta en la Relación del Auto de fe de Logroño de 1610, llegándose a la conclusión que las prácticas mágicas de la zona eran algo diferente, algo distinto de la demonología cristiana, pues, en puridad, eran anteriores al propio cristianismo.

En esta novela -tan absolutamente absorbente que te sientes brutalmente compelido a seguir leyendo, a seguir sabiendo-, hay también otros elementos que ocupan un lugar muy importante en la arquitectura narrativa. Por ejemplo el amor; el amor en su vertiente sexual clásica -de atracción erótica irrefrenable. Y, sobre todo, el amor maternal. El amor maternal -y el no-amor maternal-, la equipolencia o no con el amor paternal…etcétera. Sabrosas digresiones salpican la trama y nos hacen reflexionar qué significados precisos, qué matices sutiles puede tener este sentimiento tan fuerte como profundamente irracional.

La novela, como hemos dicho antes, es la tercera de la “Trilogía del Baztán”. Y lo es en el sentido cabal del término, como tercer elemento, pero también tercera obra, tercera palabra que cierra y completa el significado total de la obra, otorgándoles, a los tres libros, una compacidad, un sentido que supera la solución de continuidad de tres libros de distinta entidad.

Quien no haya leídos los dos primeros puede leer esta obra como libro completo y dotado de sentido en sí mismo, pero quien haya leído los otros dos, comprenderá de qué modo tan acertado -sutil y terrible a la vez- cierra Dolores Redondo con este abultado relato -más de quinientas páginas- su “Trilogía del Baztán”.

Ofrenda a la tormenta
Dolores Redondo
Destino

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