“El hombre más buscado”, por Teresa Suárez

el_hombre_mas_buscado_30147Teresa Suárez

Que 121 minutos, tratándose de una película de espías, transcurran sin apenas darte cuenta, no sé a ustedes pero a mí me dice mucho. No soy fan del género pero no cabe duda de que el hecho de que el patrullón que persigue a este hombre tan buscado lo encabece Philip Seymour Hoffman, en uno de sus últimos papeles, es garantía de calidad, al menos por la parte que le toca.

Sentí su muerte. Con su aspecto poco convencional, tan alejado del canon de belleza que predomina en Hollywood, fue capaz de labrarse una carrera más que respetable en ese mundo dominado por los guapos, atractivos y musculados. Mejor que cualquier tipo de halago póstumo que fuera capaz de escribirle, los títulos de algunas de sus películas hablan de su buen oficio como actor, de la credibilidad que era capaz de transmitirles a todos sus personajes y de esa habilidad innata que le permitía cambiar de registro sin problema y que hizo de él uno de los grandes:

El talento de Mr. Ripley, Anthony Minghella.

La familia Savages, Tamara Jenkins

Antes que el diablo sepa que has muerto, Sidney Lumet

Los idus de Marzo, George Clooney

The Master, Paul Thomas Anderson

Tras los atentados del 11-S el miedo se instaló en los países de Occidente. Que unos terroristas islámicos fueran capaces de burlar los sistemas de seguridad y atacar al país más poderoso del mundo hizo temblar los cimientos de nuestra civilización. La lucha contra este tipo de terrorismo se convirtió en la prioridad de todos los gobiernos y, por ende, todo lo que sonara a extremismo islámico en el enemigo a batir.

Basada en una novela de John le Carré del mismo título, la película nos narra la peripecia de un joven checheno que consigue llegar ilegalmente a Hamburgo con intención de empezar una nueva vida. Con evidentes signos de haber sido torturado, contacta con una abogada defensora de derechos civiles para que le ayude a regularizar su situación y evitar su deportación. Pero algunos episodios de su pasado (su procedencia, que se declare musulmán devoto y que sea el heredero de una enorme cantidad de dinero de dudoso origen) hacen que los servicios de inteligencia de tres países, dedicados a la lucha antiterrorista, quieran darle caza cada uno por diferentes motivos.

No hay juguetitos electrónicos como los que otros colegas utilizan en sus Misiones Imposibles; no hay gincanas deportivas como esas en las que parece participar Jason Bourne cada vez que aparece en pantalla y que han hecho de él todo un Mito; ni rastro de algo glamuroso como tomar vodka Martini, ya saben agitado no revuelto (los tragos del Martini se mezclan de manera homogénea, el enfriamiento es uniforme y al beberlo, todos los componentes se sienten juntos), enfundado en un elegante traje de Tom Ford y con el físico potente de Daniel Craig, mi 007 favorito.

Ni despampanantes espías que te amaron, ni saltos imposibles, ni carreras de coches con dobles de Carlos Sainz al volante. Creo que Philip persigue en dos ocasiones al checheno, una al volante y otra a pie, en la primera le da esquinazo sin problema y en la segunda casi sufre un infarto por el esfuerzo físico. Bastante realista.

Estamos ante una de espías a la antigua usanza, casi vintage, donde más allá de la electrónica último modelo, se priorizan las redes de informantes con las que se establecen lazos basados en la confianza y en la palabra de uno que cuando se da es sagrada… si te lo permiten claro.

Una trama bien elaborada en la que se entremezclan el miedo y la desconfianza, con los ideales propios de la juventud y el desencanto que acompaña, en ocasiones, a la madurez.

Como no hay escenas que transcurran a una velocidad vertiginosa no podemos catalogarla como una clásica película de acción, pero sí de suspense. Los ambientes sórdidos y deprimentes de la ciudad, los diálogos y el hecho de que se trate de una unidad que no existe a efectos oficiales, logra crear una atmósfera de tensión que concentra toda tu atención impidiendo que te aburras.

La recomiendo a los amantes del género, a los lectores de John le Carré y a los que, como yo, admiramos a Philip Seymour Hoffman, porque su interpretación de ese espía desengañado pero aún con principios es francamente excepcional.

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