“Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado”, de Juan Ramón Biedma, por Ricardo Bosque

BiedmaRicardo Bosque

Hay unos cuantos escritores -pocos, todo hay que decirlo- a los que casi cualquier lector avezado es capaz de reconocer en un libro sin cubiertas y al que le hubieran arrancado las páginas en los que figura la autoría. Es lo que se conoce como “voz propia”, cualidad deseable pero escasamente repartida entre los mortales tocateclas.

En mi caso, uno de ellos es Carlos Salem. El otro, sin duda alguna, Juan Ramón Biedma.

Biedma tiene no solo un estilo propio sino un universo único al que es capaz de llevar una novela aparentemente histórica, otra de zombies o, como en su última obra, la galardonada con el Premio Valencia de Novela Negra 2014 y editada por Lengua de Trapo Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado, un pastiche holmesiano elaborado al modo del de Sevilla.

Pero decir pastiche es decir muy poco, pues lo que hace Biedma es algo que va mucho más allá de inventarse un nuevo caso para el detective literario más famoso de todos los tiempos respetando los cánones establecidos. En absoluto, Biedma -no esperaba menos de él- rompe las reglas y aprovecha la proverbial rivalidad Holmes/Moriarty para darle la vuelta a Londres como si fuera un calcetín usado y mostrarnos su cara más sucia, la que en ningún caso nos mostraría el decimonónico Doyle, más ocupado en ridiculizar a las fuerzas del orden mediante la figura de un aficionado a resolver crímenes y, de paso, tranquilizar a la burguesía inglesa garantizando que los malos recibirán su merecido y las aguas de la legalidad volverán a su cauce.

Las aguas que Biedma nos muestra son terriblemente insalubres. Lo son las de un Támesis a las que cualquier miserable es capaz de arrojarse con una mochila de hierro a la espalda mientras los caballeros apuestan a ver cuánto tiempo es capaz de contener la respiración; lo son también las que corren por sus calles en forma de cofradías de leprosos -de nuevo los zombies- al servicio de Moriarty; las que inundan los burdeles y selectos ambientes que debe frecuentar Cox, antiguo profesor metido a revientacadáveres, para tratar de encontrar una pista que le lleve hasta una de las cuatro ilustres niñas secuestradas en una subtrama excepcional paralela a la ¿principal?; y lo son, desde luego, las que impregnan el terrorífico -y real- zoológico humano de aclimatación Haghenbeck (toda la novela pensando en si tendría que ver algo con el excelente escritor mexicano y va a ser que sí).

Por si fueran pocas transgresiones, Biedma no se conforma con rediseñar la forma sino que se atreve a tocar elementos sagrados como la inviolabilidad del 221B de Baker Street o, en el colmo de la perversión, el equilibrio de fuerzas entre el bien y el mal, mostrándonos a un Moriarty no innatamente malo sino a un hombre en pos de un mundo ideal -a su modo, pero ideal- aunque los medios para alcanzarlo no sean del todo legítimos y a un Holmes no tan perfecto e infalible, despojado de la calidez de su hogar, de la permanente atención de su ama de llaves y, casi casi, de su fiel Watson, mero comparsa en unos pocos momentos de la trama.

Me gusta mucho este Londres, como me gustó en su día el ideado por Ian edington y dibujado por Davide Fabbri en un par de tebeos presentados en la serie Victorian Undead en los que Holmes se debía enfrentar a muertos vivientes o no muertos como Drácula.

Me gusta Biedma y, como cada vez que leo algo suyo, quedo a la espera de la nueva genialidad que pueda surgir de su imaginación febril.

 

Tus magníficos ojos vengativos cuando todo ha pasado
Juan Ramón Biedma
Lengua de Trapo

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