“Una decisión peligrosa”, de José Javier Abasolo, por Juan Mari Barasorda

decisionJuan Mari Barasorda

En el nacimiento de la novela policial concurrieron una serie de escritores cuya imaginación abordaba por igual distintos géneros y todos ellos con la misma maestría. Conan Doyle alternó el relato detectivesco y a Holmes y Watson con un profesor Challenger igualmente fascinante sorteando los ataques de los dinosaurios del Mundo Perdido. La novela negra nacida con Hammett y los pulps comenzó a crear detectives acreedores de un público fiel al género y el modelo de detective de creado por Hammett fue repetido en los pulps con demasiados detectives y tramas cercanos al original. Solo los buenos escritores fueron merecedores de ser recordados por venideras generaciones. El lector sabe agradecer al escritor que evita el mismo esquema novela tras novela (aunque ello suponga ventas aseguradas). Sin embargo el lector benevolente acaba adjudicando con facilidad el calificativo de “obra maestra” o de “maestro” en el caso de su autor sin esperar a valorar el resultado de toda una carrera literaria.

Una larga carrera literaria a sus espaldas es lo que lleva José Javier Abasolo (Bilbao, 1957) desde un ya lejano 1995 en el que gana su primer Concurso de relatos policiacos pasando por el Premio García Pavón y casi el Hammett, ya que fue finalista en 1997 con la novela Lejos de aquel instante y que sin embargo nunca ha bajado la guardia. En Pájaros sin alas creó a Goiko (Mikel Goikoetxea), un detective cercano, exertzaintza, un vehículo gracias al cual Abasolo retrata una sociedad (Bilbao y su entorno) y una época con la precisión de un historiador Así lo hizo nuevamente con la La luz muerta y La última batalla. En cada una de sus entregas ha llevado a la novela a la reconversión industrial, la lucha antiterrorista o el mundo de las drogas .

A Javier le gustan los retos y la historia, huir de sagas y crear ensoñaciones del pasado donde siempre hay un misterio que merece la pena ser investigado. Hollywood-Bilbao (2004) fue un buen ejemplo.

La historia es tal para los estudios pero es un lienzo sin pintar para los escritores. El 7 de Julio de 1940 cayó en domingo. Los alemanes, tropa y generalato, cruzaron los pirineos para acercarse a Pamplona y conocer las fiestas de San Fermin. En aquellas fechas algún periódico de inconfundible ideario se refería a la visita de ”los héroes de la tierra amiga”. Esa fue la historia. Pero no es la que Abasolo quiere para su novela.

Con Una decisión peligrosa (Ediciones Ttarttalo), Abasolo vuelve a recorrer alguno de los caminos ya trabajados en las novelas ajenas a Goiko y propone al lector un juego literario: la ucronía como instrumento para crear una investigación singular. La ucronía como género literario ha sido casi siempre patrimonio de los escritores de ciencia ficción. Imaginar en un tiempo pasado las consecuencias de un acontecimiento histórico que hubiera sucedido de forma distinta a como sucedió realmente. Y en Una decisión peligrosa Javier Abasolo nos traslada a 1940 donde es en un reino de Navarra (Iruñea) independiente a ambos lados de los pirineos el tablero de ajedrez en el que Abasolo mueve las piezas de su investigación, investigación que no se reduce a la de un crimen (fantásticamente resuelta) sino a la representación del juego de intereses políticos que surcan un territorio neutral entre la España franquista y la Francia de la ocupación alemana. Si añadimos que la religión oficial de esa Navarra ucrónica será el protestantismo y que el crimen a investigar será el del asesinato del arzobispo católico de Pamplona y cardenal primado de Navarra, podemos imaginar erróneamente que vamos a encontrarnos ante un whodunit propio de la Golden Age, pero nada más lejos de la realidad. En su última novela Abasolo sabe entremezclar una investigación policial harto complicada con el esquema propio del thriller político. El “nadie es lo que parece” pero no aplicado a la cena en la que aparece un cadáver sino al juego político por el gobierno de una nación como premio. Acometer esta labor no es tarea sencilla. Cada personaje representa unos intereses en juego: políticos, económicos, envidias o debilidades humanas obligan a seguir distintas líneas de investigación en las que el lector se sumerge con facilidad gracias al esfuerzo del escritor para dar coherencia al puzzle.

abasolo

Javier no solo ha vuelto a crear un investigador inolvidable, en este caso el comisario Julio Da Silva, al que acompaña un no menos interesante inspector Fermín Basaran, sino que hay un secundario de lujo, heredero de aquel Fouché que como Ministro de Interior de Napoleón pasó a la historia para ser conocido como “el genio tenebroso”; en este caso es el viceministro de seguridad, Xabier Perurena, quien, al servicio de la corona, tejerá todo tipo de alianzas y maquinaciones para proteger al rey (Teobaldo IV), moviéndose en este imaginario tablero de ajedrez como la reina del juego y donde la pareja de investigadores solo podrán avanzar casilla a casilla hacia un horizonte incierto en el que tienen más posibilidades de ser las piezas a cobrar que los triunfadores de la partida. Son a la postre unos perdedores que se rebelan a su destino. Además, este escritor bilbaíno recupera alguno de sus iconos literarios en los que tan bien sabe moverse como son los protagonistas del clero (como en aquella no tan lejana Nadie es inocente). No solo el arzobispo nos regalará un bonito cadáver en circunstancias poco decorosas, sino que el padre Arrupe tendrá un papel singular en la historia (además que debe ser creíble una Navarra protestante heredera de una tradición católica).

Y de historia estamos hablando, una historia imaginada por Javier Abasolo en la que todas sus propuestas ucrónicas encajan como encaja la trama dentro del conflicto político y como a su vez encajan las investigaciones que conducirán a la resolución final. Ser un escritor versátil como él (y su homenaje al universo de las historias del Oeste editadas en libros de bolsillo en Una del Oeste es un buen ejemplo) le permite diseccionar los “pecados” de aquella sociedad imaginada (la intolerancia ante las ideas políticas o religiosas del contrario) con la misma precisión que Markaris… o que el propio Abasolo cuando se acerca en otras novelas al mundo de las dogas o del terrorismo. La habilidad de este escritor de novela negra de larga trayectoria es la de hacer confluir el crimen y la investigación como el elemento común a todas las tensiones que Una decisión peligrosa plantea (la ironía es que se trata de una novela en la que las decisiones de unos y otros son muchas, desde la inicial elección del investigador del crimen).

Y sin embargo, al llegar al final de la novela todo encaja a la perfección, de la primera a la última línea. Nada falta por contar y lo que hoy día en las obras que pasan por mis manos es cada vez más difícil: nada sobra ni es un relleno innecesario para crear un bonito producto de portada sugerente y fácil venta. El lector avezado lo sabrá valorar y disfrutará de la historia soñada que Abasolo nos invita a recrear, y lo hace con oficio (no es su primera incursión en estas “ensoñaciones”, ya que también utilizó este recurso en El aniversario de la independencia).

Hasta que Goiko regrese…

Una decisión peligrosa
José Javier Abasolo
Ttarttalo

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