Reseña: “Aguacero”, de Luis Roso

aguaceroSergio Torrijos Martínez

Madrid, 1955. Pleno gobierno franquista, de la época dura. Ahora se inicia una ligera apertura y un lento proceso de progreso económico. Un policía, Ernesto Trevejo, recibe el encargo de solucionar unos asesinatos en una población cercana a Madrid. Sin apenas información, se pone en marcha y lo que descubrirá será la vida diaria del medio rural y también de ciertos aspectos del desarrollismo económico. Enfrentando así a los intereses pecuniarios frente al resto de los poderes, ¿imaginen quién gana? Se da paso, como comenta la contraportada, a una España de blanco y negro, pero me pregunto, ¿en algún momento se ha dejado esa España en gris?

Se inicia la narración por todo lo alto, con toques muy clásicos en cuanto al inspector Trevejo, en especial ese toque de cinismo muy propio de los grandes personajes del género. También esa caradura propia de grandes policías pero, y este si que es uno importante, ese aspecto, esa visión cínica y ariscada de la realidad, se va, poco a poco, difuminando.

La negrura de Madrid puede con el personaje, es más, parece que tiene un retroceso en el personaje pasando a ser más infantil, menos lúcido, más al socaire de lo que los vientos le provoquen.

Ese Madrid en gris me ha gustado, me ha parecido muy creíble, muy bien trabajado, mostrando el farisaico proceder de una sociedad que, para no ver el pecado, miraba hacia otro lado. Creo que ha sido una apuesta arriesgada por parte del autor, queda claro que Tiempo de silencio sobrevuela por la narración, pero aún así ha sabido captar la idea y el ambiente. Lástima que haya trasladado la acción a un entorno rural: la idea de poner la novela policial en esa época y en esa ciudad tenía mucho más que proponer.

También debo reconocer el mérito del autor al enfrentar al personaje en sociedad, al hacernos muy creíble la idea de que en aquellos años era imposible apelar a cierto quijotismo: la máxima norma era la supervivencia, el pasar desapercibido, no enfrentar a los poderes fácticos que poseían una fuerza inusitada y escaso escrúpulo en usarla. Era una sociedad consentidora, cabizbaja y displicente, por ahí se puede reflexionar en dónde estamos ahora y la evolución o involución que hemos tenido.

La trama rural es mucho menos viva, no por algo la novela policial es siempre urbana. Los espacios, los tiempos, la interacción de los personajes en un medio reducido crea escasas interrelaciones cuando en una novela de investigación son imprescindibles. El cinismo ante un párroco rural o un alcalde franquista tiene poco margen, ¿no creen?

Es la primera novela del autor y me ha parecido que ha pasado el examen con nota, es cierto que hay que mejorar pero también que ha conseguido interesar al lector, llevarle por senderos no muy transitados y se ha hecho bien, la lectura ha sido entretenida y con cierta tensión. Espero que no abandone a su criatura literaria: Trevejo, todavía puede ofrecer más y más aún si la siguiente trama es urbana. El carácter del personaje debe ser el inicial: el cinismo siempre funciona.

 

Aguacero
Luis Roso
Ediciones B

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s