¡Viva el mal, viva el capital!

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Enrique Bienzobas

A propósito de Del otro lado, de Michael Connelly

¿Y si titulamos este comentario como “Avergonzándose de estar en el otro lado”? A mi me parece lo más correcto. Son tantas las veces que Bosch lo piensa, lo dice, lo siente, que su complejo de culpa, de vergüenza, lo transmite al lector el cual, si no está ojo avizor, es capaz de creer que el otro lado es el de los malos. Sí desde el principio, cuando vemos que dos individuos, que tardarán unos capítulos en reaparecer, casi matan a propósito a un motorista y nos preguntamos –el lector, atento o no, está obligado a ello– qué pintan los dos individuos, quiénes son y qué persiguen, entonces las pistas posteriores, que son muy claras, vemos que van encajando en un puzle de no muchas piezas. Como en la clásica novena negra de los años treinta del siglo pasado, no es necesario descubrir al asesino, se trata de contemplar el deshecho social del mundo presente con su saga de corrupción, falsos compañerismos, prostitución, fanatismo, ludopatías, delincuencia, odios, zancadillas, vidas truncadas, etc. El objeto no es el criminal, sino la exposición de una realidad difícil de ser soportada a pesar de que se entrevea una cierta esperanza, traída en la mano por el deseo juvenil de Maddie y el sueño ya maduro de Mendenhall, personajes del entorno de Bosch, al final.

No había leído nada de Michael Connelly (ha sido un regalo de unos amigos), no sabía el significado que El Bosco tiene para él, que según Antonio Fontana en una entrevista a propósito de Del otro lado, no sé si citando al autor o por voluntad propia, “la obra de El Bosco guarda un inquietante parecido con la escena del crimen” (ABC Cultural, 20 de octubre de 2016). De El Bosco se ha dicho tanto que, si ya era difícil interpretarle, por no decir imposible, ahora, incluso después de la gran exposición del V Centenario, los lados oscuros, las extrañas defecaciones de sus personajes, sus desfiguraciones, los sueños convertidos en pesadillas que ni siquiera aplicando las técnicas del psicoanálisis se pueden interpretar… Por eso reducir su obra al caos producido por un asesinato me parece algo demasiado simple. Pero en fin, ahí está Harry Bosh investigando un crimen al servicio del abogado defensor, su hermanastro Mickey Haller, ya que el primero anda en líos con el departamento policial y está suspendido. De ahí el pesar que le corroe a lo largo de la historia por haberse pasado al otro lado, es decir, al lado de la defensa de un acusado detenido por la policía.

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Para mi no hay ninguna duda. La zona a defender (como la ZAD en Francia) es la de la defensa, sin contar, claro está, con los horribles chanchullos que se generan alrededor, mejor diríamos en el interior, de algunos despachos proclives a la corrupción. Pero al fin y al cabo se trata de empresas privadas (“¡Viva el mal, viva el capital!”, nos gritaba la Bruja Averías cuando los niños en lugar de imbecilizarse con los móviles veían algo interesante en la tele), mientras que los de este lado son funcionarios pagados con los impuestos de algunos (otros los evaden) para que garanticen el orden del Estado. Mira, ahí sí que se podrían asemejar los cuadros de El Bosco, sobre todo El jardín de las delicias, con el (des)orden de el Estado, es decir, que Bosch ha hecho bien en salir de la cueva en la que se encontraba e iniciar una vida nueva trabajando para su hermanastro, como en la clásica novela negra que, en lugar de transmitirnos ideología a través de sus personajes nos mostraba la sociedad, algo que toda persona que está sin trabajo, que es considerada ilegal porque no tiene documentación, que es encerrada en cárceles para inmigrantes, que muchas veces se ve apaleado por grupos de nazis a la caza del extranjero (siempre que no sea futbolista de élite ¡Ah, querido Agbonavbare!), que tiene un trabajo remunerado con 400 euros, que es desahuciada, que vive de la caridad de organismos no estatales (¿a quién protege pues el Estado?), que pide limosna en el Metro y que, al final, decide robar porque si no muere de hambre o es maltratado… ¿Acaso no es la mejor “novela negra” cualquier información extraída de los medios de comunicación?

Anteriormente señalé que no había leído nada de Michael Connelly y es que llevo un tiempo apartado de la llamada “novela negra”. Me parece muy repetitiva y con escaso valor literario. Es cierto que ya no sigue un solo esquema, pero los tres o cuatro que se extienden por las estanterías de novedades se repiten una y otra vez, curiosamente la del detective expolicía ya entrado en años y con algún problema con el alcohol, divorciado, con alguna hija (¿por qué no tienen hijos?) cuya relación no es muy fluida, es el que menos se repite. Y esta novela obedece a dicho esquema, si bien nos presenta a un recién expolicía con problemas de conciencia por haberse pasado al otro lado y no ha alcanzado aún el suficiente grado de cinismo para mirar a la sociedad con negro escepticismo.

Ya sabemos a través de la “novela negra” como es la sociedad. ¿Por qué no aplicamos ahora la once tesis sobre Feuerbach y empezamos a intentar transformarla? El cómo sería un primer paso. Hay un personaje en una de las novelas de la Trilogía de Marsella, de Jean-Claude Izzo, no recuerdo cual (¿Soleá?), que le dice a Montale algo así como (cito de memoria) “puedes escribir lo que quieras, no hace ningún daño”. Dicho personaje es un capo de la mafia que se dedica al narcotráfico, trata de personas, prostitución, tráfico de armas…, en fin, los negocios oscuros de uno de los lados del capitalismo, parte de cuyos beneficios se destinan a comprar banqueros, políticos, empresarios, etc., todos muy correctos políticamente hablando.

¿Qué hacer? Pues yo no tengo la respuesta, pero habría que empezar a conocer por qué se produce corrupción en las instituciones, por qué los bancos desahucian a los pobres, por qué muchos salarios son tan bajos que no dan para cubrir el mes, por qué muchas veces la justicia dispone de dos varas de medir, por qué los parlamentos democráticos y sus gobiernos benefician a algunas empresas que suelen ser las grandes, por qué muchos políticos cuando terminan su vida de político (a algunos parece que hay que retirarlos, ellos no quieren), se ganan la vida como asesores de grades empresas, o dando conferencias por ahí por las que reciben unos emolumentos astronómicos, por qué hay seres humanos que no son legales por no tener “papeles”…, sería demasiado largo continuar. Tal vez si lográsemos explicar esos por qué podríamos empezar a eliminar las causas y, entonces, tal vez, la “novela negra” sería distinta.

 

Del otro lado
Michael Connelly
Trad.: Javier Guerrero Gimeno
Alianza de Novelas
 

Un comentario en “¡Viva el mal, viva el capital!

  1. Pues ya es mala suerte que te hayas tenido que estrenar en el connellysmo con esta novela. A mi me ha parecido muy floja, y el mantra ese de buenos-malos también me ha desquiciado un poco. Parece que han pasado aquellos tiempos en los que el autor hacía mantener la tensión durante un montón de capítulos y no era rara aquella ocasión en la que un giro inesperado te descolocaba y hacía que la novela acabase con un gran colofón. Me ha dado la sensación que el personaje de Harry Bosch empieza no solo a esta amortizado sino que incluso el propio autor parece que se ha cansado un poco de él.
    Una pena. Siempre nos quedará “El Eco Negro”.

    Un saludico

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