Reseña: “Clandestino”, de James Ellroy

clandestinoSergio Torrijos Martínez

Corría el año 1982 y un desconocido Ellroy recibía el espaldarazo literario por esta novela. Es su segunda novela y, aunque no está al nivel de lo posterior, ya se puede entrever que hay madera de un gran escritor. Incluso se puede aventurar que ciertas “obsesiones” ya aparecen en su prosa.

Clandestino es una novela de corte clásico, heredera de una herencia negra/criminal de primer orden y como hija pequeña de esa gran saga de los grandes escritores americanos no le hace de menos. Ni mucho menos.

En ella se puede apreciar las influencias de todos los grandes escritores americanos, desde Hammett hasta Himes pasando por una gran ristra de escritores tremendos. Pero no sólo se queda en ser receptora de esas influencias sino que nace con el ánimo de convertirse en algo diferente, y ahí entraríamos en el mundo de Ellroy.

Respecto a ese mundo ya aparecen signos visibles de su posterior trabajo, pero que nadie se engañe, no es una obra exploratoria o incipiente para luego, más tarde, desarrollar otro enfoque. En absoluto. La obra nace con la idea inicial de ser una novela con vida propia. Es cierto que en su interior existen obsesiones, repetimos la palabreja, que acompañarán al escritor durante toda su vida. Como por ejemplo la “Dalia negra” o la idea de esos policías jóvenes con ambiciones, sirva como ejemplo:

“―Sé que eres un policía joven con mucha labia. Sé que el bulto bajo el jersey es una pipa y unas esposas. Sé la clase de cosas que tú y los tuyos hacéis y que pensáis que la gente no sabe. Sé que los tipos como tú mueren hambrientos”.

El protagonista es Fred Underhill, un joven y ambicioso policía que por su afición a las faldas se topará con un importante caso de asesinato. Lo que ocurrirá a partir de ese momento hay que entenderlo como clave del propio Underhill, porque como dice bien el refrán castellano, “en el pecado va la penitencia”, dicho que se cumple al pie de la letra. La ambición le lleva a saltarse las normas, a unirse a policías que no valoran salvo los resultados y los medios para conseguirlos dejan de tener importancia.

La investigación será complicada, enmarañada, difícil, algo que sólo se puede solucionar a base de implicación personal y obsesión. El caso pasa a formar parte del propio Underhill que tendrá un debe interno con ella de la que no podrá sustraerse.

Pero en la novela hay más, mucho más.

Hay una visión de Los Ángeles que ya ha desaparecido, ambientada en 1951 nos muestra la ciudad vital de los grandes estudios cinematográficos y que atraía a todo tipo de personas que acudía en busca de un futuro mejor a la dorada California.

También la visión de los bajos fondos de la ciudad, llena de esplendor y de miserias.

Posee algo que será muy propio de Ellroy y que será esa idea prefijada en los protagonistas que les llevará a establecerse como un código interno, en este caso es el “prodigio” o lo que es lo mismo:

“―Tú sabes qué es el prodigio, Lorna ―dije.

― ¿Qué es? ―preguntó a su vez.

― No lo sé, las cosas misteriosas, hermosas y elípticas que nunca llegaremos a comprender del todo.

Asintió. Sabía de qué le hablaba.

― ¿Y eso es por lo que te convertiste en policía?

― Exactamente.

― Lo que yo quiero es justicia. El prodigio es para artistas, escritores y personas creativas en general. Sus visiones nos trasmiten la compasión necesaria para afrontar nuestras propias vidas y tratar a los demás con decencia porque sabemos cuán imperfecto es el mundo…”

Es una novela muy importante para conocer el universo de Ellroy. Se nota que ya comienza a encaminarse a esa prosa que será tan personal. Sus ideas comienzan a perfilarse, incluso su manera de ver las novelas tienen presencia aquí. Aún está lejos de esas grandes trilogías, pero ya es capaz de realizar esta novela tremenda. Que como narración es muy destacada.

La novela, como ya he indicado, es muy buena. Tiene la facultad de leerse con gran gusto y se disfruta de verdad. Posee el corte clásico que enamora y ese ritmo que hace que sea una lectura adictiva. He de reconocer que no soy quién para juzgar a Ellroy, ya muchos conocen mi devoción por él, pero les puedo asegurar que si comienzan la lectura devorarán la novela.

De absoluta recomendación. Ojala me encontrará dos novelas así al año. Creo que con eso lo he dicho todo.

Clandestino
James Ellroy
Trad.: Hernán Sabaté y Montserrat Guirguí
Ediciones B

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