Claudio Cerdán: “El precio a pagar de cambiar de constantemente géneros es que mis lectores se pierden”

 

Laurentino Vélez-Pelligrini

Afincado en Suecia, Claudio Cerdán es un escritor “inclasificable”, dado que se ha movido en distintos géneros, desde el terror hasta el “Noir”. De ahí que haya sabido llegar a toda clase de público. Cerdán sabe empatizar con las diversas comprensiones y hermenéuticas lectoras, como con las variadas inquietudes intelectuales y literarias. Sin desmerecer ninguna de sus obras, sí hay que reconocer que La revolución secreta (Alrevés, 2014), es la obra que más ha marcado su identidad como escritor y también la que está en el origen de su creciente proyección como uno de los nombres importantes en el “mundillo” del “Noir”. Claudio Cerdán es un escritor de estilo discreto, de pocos aspavientos cuando aparece en público y también de pocas palabras. Eso sí, siempre dice las adecuadas. A lo largo de esta entrevista, hablamos de su última obra, El club de los mejores (Ediciones B, 2016) publicada bajo el enigmático seudónimo de Arthur Gunn. Una novela que no deja indiferente a ninguno de los lectores preocupados por el peso del pasado y las deudas contraídas con él.

Con El Club de los mejores, reconoces que utilizando el seudónimo de Arthur Gunn, quisiste ganarte el favor de los aficionados al thriller anglosajón. Pregunta insolente para empezar, ¿lo que se hace fuera y suena a extranjero, siempre es más atractivo que lo nuestro?

No lo sé. Me gustaría pensar que no, que la gente aprecia lo de aquí más que lo de fuera, pero imagino que habrá gustos para todo.

¿Hemos superando ese “castizo” complejo de inferioridad que nos caracteriza en este país, al menos en el ámbito del “Noir”?

Eso espero. Ahí están Dolores Redondo o Juan Gómez Jurado, demostrando que se puede ser superventas patrio desde el género negro.

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Claudio Cerdán. Foto: Alejandro Sala

Algo como tú, también lo hacía Donald Westlake, que publicó con tres nombres diferentes, hasta el punto de que los críticos literarios de entonces, se preguntaban quién era realmente Westlake, dado que adoptaba distintas personalidades y estilos narrativos con cada pseudónimo. Te traslado la pregunta, ¿quién es Claudio Cerdán y quién Arthur Gunn?

Arthur Gunn nació como un juego y me alegro que la editorial se apuntara. La idea era distanciarme todo lo posible de Claudio, dado que la historia tenía muchos elementos autobiográficos y me aterraba que me reconocieran en ellos. Así que me disfracé de Arthur Gunn, cambié la localización de la historia, y el resultado es El club de los mejores. Según un amigo mío, cuando escribo como Gunn es como si me pusiera un traje de gala.

Uff… ¿No me digas que tú también eres de los que tienes prejuicios hacia lo autobiográfico? Me consta que hay excelentes novelas auto-ficcionales…

En mis novelas procuro no poner nada autobiográfico. No creo que mi vida sea interesante. Prefiero la ficción, viajar a lugares donde jamás he estado, vivir otras vidas, correr peligros y resolver enigmas. Me encantaría hacer autoficción, pero no es lo que me atrae ahora mismo.

¿Te ha ocurrido en algún momento anhelar otra personalidad intelectual y literaria que la que posees?

Siempre he escrito los libros que me apetecen, eso no lo cambio por nada.

No se puede decir entonces que seas de los que se pliegan a las modas, pero supongo también que has tenido que pagar el precio de la soledad. ¿Es alto?

El precio a pagar de cambiar de géneros constantemente es que mis lectores se pierden. Quien se leyó Cien años de perdón probablemente no se leyó La revolución secreta. Con Sangre fría me ocurrió algo curioso. Un lector me felicitó porque era la mejor novela que había leído en los últimos años. Cuando le recomendé otro de mis libros, me contestó que él solo leía terror, así que no pensaba acercarse a la novela negra. Me encantaría crear un personaje y hacer una saga con él, verlo crecer junto a los lectores, pero ahora mismo no estoy en ese punto.

A través de tu protagonista nos llevas a Minneapolis, EE.UU, ¿hubo una razón concreta para ello? ¿por qué no, por ejemplo, a Chicago o a Nueva York, ciudades que han dominado la ambientación de los thrillers anglosajones?

En la actualidad resido en Suecia. Al llegar, me enteré de que a principios del siglo XX muchos suecos emigraron en masa a EEUU. La sorpresa fue que, en lugar de ir a sitios cálidos como California, se instalaron en Minnesotta porque el clima, la fauna y la flora eran similares a los de Suecia. Me gustó eso: huir del frío para acabar en el mismo sitio. Yo no conozco Minnesotta, pero vivo en su hermana gemela, Suecia. Así me sentí mucho más cómodo a la hora de describirla.

¿Es verdad eso de que ese frío nieblino y polar condiciona el carácter de los nórdicos o es un mito?

El choque cultural es enorme, pero más por su forma de pensar que por el clima. Aquí dimitió una ministra por pagar un paquete de chicles a su hija usando la tarjeta de crédito oficial por descuido. Esto no pasará en España a corto plazo. Esa es la gran diferencia.

Veo también que el origen de la historia está en un pueblo de la América profunda y perdido en medio de ninguna parte. No sé qué te inspiró, pero me consta que la ambientación y la estética de Twin Peaks dejó huella en toda una generación…

Como decía al principio, esta historia tiene mucho de autobiográfico. Crosby no es sino un reflejo de mi pueblo natal y cuenta con muchos puntos en común. La acción oscila entre la gran ciudad y el pequeño pueblecito de interior, lo que me da pie a explicar los contrastes entre ambas formas de vida.

¿El mundo rural es más enigmático, las bajezas humanas son más primarias que en el universo urbano?

En los pueblos hay dos tipos de personas: las que sueñan con marcharse de allí porque se les queda pequeño y los que adoran su ciudad y no tienen miras más allá de sus fronteras. Las oportunidades son menores, pero también tienen el sentimiento de comunidad, que es algo que se pierde en la gran ciudad.

A diferencia de La revolución secreta, por hablar de tu obra más importante y donde indagas en la parte bestial y primitiva de los individuos en la Rusia de la guerra civil, en El club de los mejores pareces interesarte por los aspectos más subjetivos y emocionales del ser humano…

Hace unos años me encontré con un viejo amigo de la infancia. Entre batallitas, me di cuenta que él recordaba cosas que yo tenía olvidadas. Me pregunté si en esos recuerdos suprimidos habría algo aterrador, algo que me pudiera dañar ahora que soy adulto y tengo la vida encarrilada. Walter, el protagonista, está en esa situación: la solución al misterio está en sus recuerdos, pero la ha olvidado.

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¿Por qué eliges los temas de la infancia, la amistad y la camaradería como ejes centrales y recurrentes de la trama?

Es lo que me pedía el cuerpo en ese momento, escribir sobre los secretos de la infancia. Hace poco he sido padre y pienso mucho en mi etapa infantil. Imagino que de ahí surgió el enfocarme a ese tema en concreto.

Para ti, personalmente, ¿qué es más importante, la intensidad de una amistad en un momento dado, aunque se diluya con el tiempo, o la continuidad de la misma aunque vaya perdiendo de relevancia en tu vida?

Mis mejores amigos son aquellos que, aunque hace años que no los vea, cuando me reencuentro con ellos es como si los hubiera visto la tarde anterior. Eso es impagable.

Tu protagonista, Walter, un ingeniero a un paso del gran triunfo social y económico, se ve envuelto en un embrollo y situación estrambótica precisamente por una cuestión de fidelidad a una etapa de su infancia y a la gente que formó parte de ella. Leyéndote, ¿debo entender que la fidelidad a las experiencias del pasado pueden hacernos malas jugadas?

No me gusta imprimir moralejas a mis historias, prefiero que sean los lectores lo que juzguen por sí mismos. La historia de Walter es la que es, no podía ser de otra forma. Ignoro si siempre se da así o en otras circunstancias habría sido diferente.

Permite una pregunta algo personal, ¿a ti también te ha ocurrido, al igual que a tu protagonista, lo de verte engañado y embaucado a raíz de tus sentimientos?

¿A quién no le ha ocurrido? Hasta los políticos te traicionan después de votarlos.

El tema de la culpa frente a un hecho del pasado está muy presente en la novela. Sin embargo, parece que todos los personajes intentan paliarla olvidando lo ocurrido. ¿La desmemoria es el antídoto contra el remordimiento?

Y contra el dolor. Si estuviéramos recordando solo los malos momentos una y otra vez, nos volveríamos locos. Es mejor dejarlos a un lado, darles una patada y esperar que no vuelvan. Analizarlos en profundidad, buscando las causas, solo genera más malestar. La vida es muy corta para andar preocupándose por temas del pasado que, probablemente, solo te importen a ti y los demás involucrados ya hayan olvidado hace tiempo.

Sí, pero ese pasado puede tener importantes consecuencias en el presente y tu protagonista lo sabe…

Ese es uno de los ejes de la novela. En efecto, todo lo que ocurre en el libro tiene su origen en el pasado. Solo falta descubrir qué ocurrió.

¿Por qué ese miedo al pasado? Después de todo, ¿el pasado está hecho para ser, efectivamente, recordado, no revivido?

El pasado también es un sitio donde guardar las vergüenzas. Solemos recordar más los malos momentos que los buenos. De hecho, los buenos momentos solo los apreciamos cuando pasaron.

También hay un tema que, a mi, personalmente, me gusta mucho en tu novela, el retorno al lugar al que el protagonista jamás nunca habría vuelto en circunstancias normales. ¿Debo entender que nunca nos vamos del todo, que los sitios de los que hemos huido, siempre acaban volviéndonos a atrapar?

El problema de volver al lugar donde creciste y del que acabaste saliendo es que acabas mirándote en un espejo. Allí están los viejos amigos, los compañeros de instituto, la gente que conociste. Puedes haber cambiado, tener éxito, haber fracasado… Da igual, para ellos sigue siendo el de siempre. Su imagen no cambiará, y por ello tú mismo te acabas mirándote a través de sus ojos.

Es obvio que lo que nos demuestra la novela es que la infancia siempre está vinculada a la inconsciencia, ¿pero también a la maldad?

No lo creo. Los niños experimentan, buscan los límites, pero no son malos solo por nacer. Si eres un chico sensible y te juntas con cafres, lo pasarás mal. Pero eso ocurre en cualquier etapa de la vida.

Aunque la fuente de inspiración de la trama sea otra, también se puede decir que tu novela tiene plena actualidad, sobre todo en un momento en el que abuso y acoso entre menores está a la orden del día…

El acoso siempre ha existido, pero ahora tenemos otra sensibilidad hacia él. Estaría bien que se tomaran medidas serias y eficaces a ese respecto. En Dinamarca han aplicado unas técnicas que están funcionando muy bien. Consisten en razonar con los testigos de los acosos, no contra el acosador o la víctima, de forma que el grupo recrimine esos comportamientos en lugar de guardar silencio, como se suele hacer.

Tus personajes se vuelven a encontrar de frente con sus pecados y les está tocando pagar. ¿Entonces es cierto eso de que la vida siempre te reclama que saldes tus deudas con los que has agraviado, que no hay crimen sin castigo?

Es algo que puede ocurrir, pero no siempre será así. ¿Cuánta gente merece un castigo y jamás lo obtendrán? O mejor dicho, ¿cuánta gente buena acaba con miles de desgracias en su vida? El karma es basura.

Para terminar, con quién será nuestra próxima cita literaria, con Claudio Cerdán, Arhur Gunn o algún otro autor detrás del que te reinventarás?

Espero que con Claudio Cerdán, aunque me gustaría escribir más cosas bajo el paraguas de Gunn. Ha sido una experiencia muy satisfactoria.

 

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