Reseña: “La escritora”, de Carmen Conde

Herminia Luque Ortiz

Cuando vi el libro me dije: quiero leerlo. Me llamó mucho la atención esta obra firmada por Carmen Conde (Barcelona, 1965), homónima de la escritora que fue la primera mujer en ingresar en la Real Academia Española. Pensé que si, llamándose así, ha elegido este oficio es porque es buena escribiendo y lo sabe.

La segunda cosa que me llamó la atención fue el título, sencillo y sin alharacas. (Aunque eso de que la escritora aludida en el título es asesinada ya me gustó menos; no sé, algo personal).

Lo cierto es que la novela no decepciona: construye una trama con toques de tremendismo (sí, del tremendismo a lo Cela), especialmente en el inicio, que mantiene el interés y culmina con un final apoteósico. Que no voy a desvelar, tan solo hacer referencia a la sabia mezcla de final cerrado y final abierto que, por supuesto, cierra el caso (el de la escritora asesinada) pero dejando un portillo entreabierto…para lo que venga.

Uno de los aciertos de la novela es la construcción de los personajes. El más singular es el de Lucrecia Vázquez, quien no es una protagonista al uso pues padece el síndrome de Tourette. Una enfermedad que, al conllevar movimientos incontrolados y, al parecer también, coprolalia (incontinencia verbal en insultos y palabrotas) la convierten, si no en una marginada, sí en alguien que camina por el aguzado filo de lo raro, del menosprecio y la exclusión –la automarginación- también.

Como personaje que lleva la investigación está el sargento de los Mossos d´esquadra Gerard Castillo, que también tiene lo suyo, como buen ente de ficción que se precie. Y luego un buen número de personajes, en general con buena factura, como el cabo Serra, el escritor Alfredo Paz o la inspectora Valls.

Un aspecto muy llamativo es la crítica que la autora hace al mundo editorial (el mundo en el que ella casi acaba de desembarcar con esta su segunda novela). O al menos de cierta parte del mundo editorial, el de un tipo de literatura (o más bien de subliteratura) que solo aspira a venderse. Con decir que la autora asesinada se llama Soledad Montero pero su pseudónimo es Dana Green (parodia de Dan Brown of course)… Hasta el editor, Ramón Aparicio, confiesa que “el mundo editorial cada día se parece más a la televisión” (pág. 48), habiéndose convertido en un simple bien de consumo que ha de someterse a modas a cuál más estúpida (llámese novela con psicópata o con catedral en construcción). “Los escritores son gilipollas”, dice el sargento Castillo (pág. 62). Y, en efecto, los de la novela, en un grado u otro, lo son; y hasta peor.

Tan sólo señalar que la novela adolece de cierta prolijidad en diálogos y explicaciones; un afán de dejarlo todo muy claro que a veces resulta excesivo. Con todo, una estupenda novela que entretiene y también da que pensar. Y a veces provoca la sonrisa, cosa rarísima en el género negro.

 

La escritora
Carmen Conde
Ediciones B

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