Javier Sánchez Zapatero y Àlex Martín Escribà: “El noir es un género que ha perdido su esencia y se ha convertido en un cajón de sastre donde parece que todo vale”

 

Laurentino Vélez-Pelligrini

Una de las grandes novedades editoriales de este año ha sido el ensayo de Javier Vázquez Zapatero y Álex Martín Escribà, Continuará… Sagas literarias en el género negro y policiaco español (Alrevés, 2017), una obra con un carácter divulgativo sobre la evolución del género en nuestro país, pero no por ello carente de rigor teórico y académico, como es habitual en estos dos excelentes ensayistas y teóricos. Zapatero y Martín Escribà son además las “têtes pensantes” de uno de los eventos más importantes del año en el ámbito del “Noir”: el Congreso de Cine y Novela Negra de Salamanca y del que tuvo lugar el XIII encuentro el pasado mes de mayo. A lo largo de esta entrevista hablamos de su consolidada trayectoria juntos, el congreso, su nuevo ensayo y algunos aspectos y problemáticas del género negro.

Hace muchos años que constituís un tándem intelectual y académico, pero, ¿cuál es el secreto de su estabilidad?

Javier: El secreto es la amistad. Hace muchos años que somos amigos y el gusto por la novela negra nos lanzó a una aventura que hoy continúa.

Uno, barcelonés, el otro, salamantino. Dime una cosa, Àlex, ¿las tensiones hace algunos años entre Cataluña y Salamanca a raíz de los archivos de la Guerra Civil os generó rifi-rafes o nunca habláis de política?

Hombre, qué triste si esto nos afectara a nivel personal y de amistad. Para nada, es más, a veces nos reímos y todo de lo absurdo que anda el mundo. Hay que tomárselo con humor.

El Congreso de Cine y Novela Negra de Salamanca constituye vuestro bien común, pero después de tantos años, su organización debió haber pasado por algún momento difícil…

Àlex : Por supuesto, hemos pasado por momentos difíciles y extraños pero los hemos superado con creces. Siempre hemos tenido muy claro que el Congreso era una cita imprescindible dentro de la Universidad. Es el único que existe con regularidad.

Javier Sánchez Zapatero y Àlex Martín Escribà

Supongo que es complicado encontrar temas y problemáticas originales para cada congreso…

No te creas. El género es muy elástico. Su vinculación con la realidad y su elasticidad de perspectivas y variantes da un abanico de expectativas y temáticas muy grande. Es el género del siglo XXI, de la modernidad.

¿Son muchos los ponentes que repiten cada año?

Javier: Muchos y nada nos hace más ilusión. Creo que con los años hemos creado un colectivo de personas, de amistades, unas relaciones muy entrañables. Creo que ese acercamiento personal con los ponentes ha sido el secreto del éxito de este Congreso.

Contrariamente a los premios de otros festivales o certámenes, “Pata negra” nunca ha esta bajo sospecha, ni rodeada por polémicas. ¿La transparencia es su gran virtud?

Àlex: La transparencia debería ser la gran virtud de cualquier premio literario y todos sabemos que no es así. En nuestro caso, nuestros propósitos son estrictamente literarios y lo concedemos a la novela que más nos ha gustado, por su originalidad y su vinculación con el género.

Tenéis un largo recorrido como divulgadores del “Noir”, pero ¿cómo se escribe a cuatro manos cuando haciéndolo a dos ya es complicado articular con rigor un buen cuerpo teórico y argumentativo de acuerdo con las reglas de un trabajo ensayístico de vocación académica?

Àlex: Nos resulta extremadamente cómodo. Escribimos y nos corregimos, ampliamos y discutimos. Es la mejor manera de hacer un buen ensayo. Y además te ahorra el proceso solitario de la escritura. Es una maravilla escribir a cuatro manos. Lo repetiremos en breve.

Aunque la jerga del ensayismo es mucho más formalista que la creación ficcional, dime una cosa, Javier, ¿qué diferenciaría estilísticamente tu escritura de la de Àlex?

Bueno, cada uno tiene su estilo. Àlex, por ejemplo, me recorta algunas frases excesivamente largas y yo le elimino catalanismos. De todas formas, de verdad, nos lo pasamos muy bien: hay respeto y confianza entre nosotros y jamás hemos tenido un problema con la cuestión del estilo. Es un trabajo común que vemos como una actividad más dentro de una relación de amistad: del mismo modo que nos vamos a tomar cervezas juntos al salir de trabajar, escribimos libros o artículos.

¿Se sigue escribiendo poco ensayo sobre “Noir”, como tú, Àlex, y también Jordi Canal, siempre habéis subrayado?

Poco y malo. No hay rigor, no hay seriedad y no se valora el ensayo en nuestro país. Así nos va. ¿Tú has visto que algún festival dé un premio de novela negra al mejor ensayo? Hay mucha divulgación vacua, basada en lugares comunes, ideas preconcebidas y prejuicios, pero muy poca investigación basada en el análisis crítico, en la sustento de la teoría literaria, en el conocimiento de la historia literaria, etc.

La verdad es que no, pero, ¿por qué ese rechazo hacia el debate teórico?

Javier: Porque la teoría interesa a unos pocos y no vende. Es así. Salamanca intenta cubrir ese hueco que no hace ningún festival del país. Seremos menos famosos (a veces ni nos citan los otros festivales) pero cubrimos un campo que no lo estudia nadie y dejamos cada uno un legado en forma de libro de actas: hemos publicado doce ya. Analizar novelas, películas y ver las relaciones del género con los nuevos formatos del siglo XXI (televisión, videojuegos, cómic etc…) es de gran interés y necesidad.

Yo diría incluso que no interesa nada, en parte porque hay bastante mediocridad intelectual en el ámbito del “Noir”. En ese sentido, ¿no da la impresión de que, renunciando a esa misma producción teórica, se está dejando que se apunten un tanto los que piensan que la literatura de género en general y el “Noir” en particular, son algo académicamente irrelevante?

Àlex: Precisamente por ese aspecto nació el Congreso en 2005 y hoy continúa. A principios de los 2000 la bibliografía era raquítica y hoy empieza a haber un corpus de estudios sobre el género. Además de la creación es muy importante la reflexión.

En vuestro ensayo apuntáis el tardío desarrollo del género negro y policial en España, pero ¿ese posicionamiento en el wagon de cola no es algo extensible al conjunto de la vida cultural española en el franquismo o el atraso del “Noir” tiene sus propios orígenes?

Àlex: Llega tarde, como muchos otros movimientos literarios. Es particular porque, en primer lugar, el policiaco llega tarde porque la España del XIX es un país atrasado que continúa inmerso en el Romanticismo en el que no cabe un género basado en la racionalidad y, en segundo, porque en el siglo XX, en plena dictadura de Franco, poner en entredicho el sistema político, literario y social a través del género negro era impensable. El primer muerto de la novela negra española es Franco –como dijo el crítico Albrecht Buschmann– y a partir de aquí empieza a desarrollarse un nuevo tipo de escritura realista y crítica con las estructuras de poder de nuestro país.

Por cierto, Àlex, se considera a García Pavón como uno de los grandes pioneros de la novela policiaca en España, ¿pero su obra es lo suficientemente conocida entre las nuevas generaciones? ¿Se le sigue leyendo, exceptuando en los medios especializados?

No se conoce demasiado y eso que su obra ha sido reeditada. Es uno de los primeros autores que hace novelas de “suspensión”, como él las definía, y que abre el camino a la serialidad en España, con una novela muy costumbrista (al estilo Simenon) pero con unos personajes entrañables y un muy buen estilo literario.

Gente como Juan Madrid, Vázquez Montalbán, González Ledesma, Andreu Martin, Martínez Reverte, Ibáñez, etc… fueron los que realmente catapultaron el género en España y desde una clara voluntad de crítica a su tiempo. Pero, ¿qué fue lo que marcó a esa generación, la decepción ante la Transición en general o la frustración ante las grandes expectativas que generó la “Era Gonzalez”?

Generó ambas cosas, un discurso del desencanto ante unas expectativas y un momento –el de la llamada Transición– en la que España parecía que iba a ser un país nuevo y muchas cosas continuaron igual. Esa España es la que plasman en sus novelas, en las que se destapan numerosos aspectos que permanecían ocultos durante el franquismo y en las que se observa que, a pesar del cambio político, los pocos de poder no han cambiado tanto como se pensaba.

Según apuntáis, antes de ellos solo se habían producido “mimetizaciones” de lo extranjero, pero ellos también bebieron de autores y tradiciones foráneas. ¿Dónde estuvo entonces su punto de originalidad?

Javier: En la dictadura no había originalidad sino repetición de tramas y argumentos. Es lo que se conoce como literatura de quiosco. Ante esa literatura ensimismada se dieron algunas luces que brillaron en la oscuridad, casos de Mario Lacruz y Tomás Salvador. Ya en la Transición, es evidente que hay una voluntad de adaptar el modelo hard-boiled, pero adaptándolo al contexto social, histórico y político de la España del momento.

Es curioso ver cómo, en el caso de González Ledesma, muchas veces se ha menospreciado su faceta como autor de novela de kiosko. ¿No os parece injusto, sobre todo teniendo en cuenta que sus famosos western aportaron un halo de felicidad y ocio a las clases populares en esa tenebrosa España del franquismo?

Àlex: González Ledesma era un autor olvidado hasta los noventa, en la que algunas de sus novelas prohibidas durante la dictadura estaban incluso por publicar. Luego ha sido un autor reconocido y uno de los padres fundadores del género. Para entender la evolución del género en España es fundamental leer tanto su obra literaria como su libro de memorias Historia de mis calles. Es cierto que se le ha menospreciado como autor de novela de quiosco, pero bastaría ver su ritmo de producción en aquellos años para admirarle.

Uno de los grandes bombazos ha sido la recuperación de Carvalho por parte de Zanón y parece que la hija de González Ledesma se ha sumado con Méndez. ¿Los grandes personajes seriales ya no tienen “padre” ni dueño o es que estamos ante el efecto Larson-Millenium?

Javier: Estamos en el efecto franquicia literaria, lo que en la teoría literaria se denomina la trasnficcionalidad: utilizar un universo narrativo ya consolidado y conocido por los lectores, y retomarlo por un autor diferente. En cierto modo, evidencia la consolidación del género en España, porque demuestra que los personajes, más que a sus autores, pertenecen al imaginario colectivo y al acerco cultural. Es estupendo resucitar a héroes de ficción. Si se hizo con Sherlock Holmes y se ha hecho con Marlowe y Poirot, ¿por qué no con Carvalho y Méndez?

La tradición catalana no falta a la cita. Pedrolo es con Tasis y Fuster uno de los grandes nombres. Sin embargo, dijo su hija en una ocasión que su padre había muerto muy solo y decepcionado. Dime, Alex, tú que eres junto a Jordi Canal uno de los grandes especialistas en el tema, ¿la vida cultural y literaria catalana no le hizo justicia?

La vida cultural catalana no ha hecho justicia a ninguno de los nombres que citas. Son autores olvidados y repudiados por distintos motivos. Esperamos que poco a poco se vayan recuperando del olvido porque son fundamentales en el género que nos ocupa.

Por cierto, Javier, ¿crees que las siempre enrarecidas relaciones políticas con las “Nacionalidades Históricas” condiciona en el resto de España la receptividad ante su vida cultural y literaria?

Sí, y es una pena. Las literaturas catalana, vasca y gallega deberían ser mucho más conocidas en el resto de España: debería haber más traducciones y más posibilidades de divulgación, y un diálogo intercultural mucho más intenso. No tiene mucho sentido que autores nórdicos de quinta fila estén siendo traducidos al español y que la obra de clásicos como Jaume Fuster o Rafael Tasis sea actualmente prácticamente inencontrable en el mercado editorial español.

También tratáis a la figura de Eugenio Fuentes y el personaje de Cúpido. Dime una cosa, Àlex, ¿se puede decir que son el Mankell y el Wallander “hispanos”, sobre todo por la enorme proyección internacional de Fuentes?

Bueno, Mankell es uno de los escritores más emblemáticos del género. Sí es verdad que Eugenio Fuentes ha conseguido romper un tanto los tópicos del género como el exceso de urbanidad y mantener además la figura del ya cada vez más olvidado detective privado.

Hay otros aspectos interesantes que tratáis en vuestro ensayo, por ejemplo, el personaje de Gay Flower, con el que se plantea la problemática de la homosexualidad o de Flores en Brigada Central, en el que sale a colación la cuestión étnica. ¿El “Noir” se ha deshecho hoy de sus prejuicios y muchos tufos machistas, homofóbos e incluso racistas que le fueron voluntaria o involuntariamente característicos?

Javier: El género es una herramienta perfecta para denunciar todos aquellas problemáticas que están por distintos motivos repudiadas por determinados sectores en la sociedad. No solo la homosexualidad, la inmigración sino también los malos tratos, etc…

Apuntáis que la nueva generación que encabezó Lorenzo Silva se ha revelado igual o incluso más social que la generación anterior, pero en cambio menos ideológica. Sin embargo, no parece que sea menos política, porque desde luego hay en los nuevos autores una crítica feroz contra el poder.

Àlex: Sí, pero funciona de manera mucho mas ecléctica y variada. Lo que queríamos decir es que en la primera generación de autores hay un discurso mucho más uniforme mientras que los nuevos autores siendo también o más críticos con la sociedad que nos rodea tratan muchos aspectos de crítica que van más allá de los estrictamente políticos que fue lo que destacó en aquel primer grupo.

¿Y tú crees que el personaje de Rubén Bevilacqua ha roto los imaginarios en torno a una institución tan lastrada por un pasado político tenebroso como es el caso de la Guardia Civil?

Por supuesto. Es uno de los aspectos más originales de su nacimiento. Ha convertido a la Guardia Civil en protagonistas de una saga policiaca cuando no habían sido tratado por ningún escritor con anterioridad, quizá por miedo a los prejuicios. Un elemento más de normalidad y a su vez originalidad. Es cierto que Bevilacqua es un outsider que no responde a las características estereotípicas con las que se suele juzgar a la Guardia Civil –de orígenes extranjeros, universitario, culto, psicológico de formación, gran lector y melómano, etc.–, pero también lo es que la intención de Silva con él es mostrar que la realidad del Cuerpo es la de un organismo moderno, competente y democrático.

En estos años han abundado los personajes policiales en detrimento de la figura detectivesca, reflejando a menudo un cambio generacional, cultural e ideológico en la fuerzas de seguridad, ¿pero qué grado de verosimilitud tienen? Lo pregunto porque la policía no es tan “progre” ni culturalmente avanzada como la pintan algunos autores?

No, pero son los que resuelven los casos de homicidios en este país. Es una cuestión de competencias. Aunque el detective es en nuestro imaginario sentimental nuestro personaje icónico –al menos para nosotros–, el policía se ha convertido en el personaje que permite sumergirnos en el mundo del crimen con aparente normalidad.

No podía faltar la figura de Giménez Bartlett y el personaje de Petra Delicado. Una cosa, Javier, ¿el papel de la mujer se ha normalizado en el género negro, se van superado los estereotipos que impusieron los clásicos o la eterna victimización de las mujeres como sujetos pasivos de las tramas?

Claro: en un género tan cercano a la realidad es imprescindible recoger la normalización de la mujer en ámbitos policiales. En el caso de las novelas de Petra Delicado, se transmite la visión de una escritora con un personaje femenino que tiene que abrirse camino en un mundo de hombres, algo que ahora es normal y que a nadie sorprende, pero que en los noventa chocaba, por eso fue de gran interés e innovación. Abrió un camino muy interesante para el género y rompió los estereotipos.

Habláis de la creciente hibridad del “Noir” y de su progresivo desdibujamiento…

Àlex: Sí. Es un género que ha perdido su esencia y se ha convertido en un cajón de sastre donde parece que todo vale y es válido. Una pena. Una etiqueta de moda.

¿Las luces y sombras de un género literario siempre son cíclicas?

Siempre. Y volverán las sombras, estamos convencidos. De hecho, llegarán antes de lo que creemos si no están ya aquí.

Para acabar, decidme los dos un personaje serial que os haya marcado, en vuestra adolescencia, por ejemplo.

Javier: Coincidimos: Sherlock Holmes, el superhombre, el gran detective infalible. Más que un personaje, un mito.

Pues en nombre de Calibre 38 y del mío propio, mucho ánimo con vuestros próximos ensayos…

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2 comentarios en “Javier Sánchez Zapatero y Àlex Martín Escribà: “El noir es un género que ha perdido su esencia y se ha convertido en un cajón de sastre donde parece que todo vale”

  1. Aún sin haber leído “Las sagas literarias…”, y esto va dirigido exclusivamente al título de la entrevista: “El ‘noir’ es un género que ha perdido su esencia…”. Afortunadamente, de lo contraría sería excesiva la repetición constante, aunque se siga insistiendo en muchas cosas una y otra vez. El “noir”, como literatura, como novela, debe aceptar que la literatura, por fortuna, es algo vivo, lo que no quiere decir que los clásicos no sean extraordinarios, los que no es extraordinario son las repeticiones, los calcos. Por eso, si el “noir” se ha adaptado a nuevas perspectivas, se hecho “elástico”, quiere decir que se ha enriquecido, salvando decepcionantes excepciones, claro está. El título continúa con una expresión despectiva: “cajón de sastre”, no creo que la literatura enriquecedora, no toda lo es, sea ese conjunto de cosas que no encajan en ningún otro lugar.
    Es curioso pero cuando se dice ¿Tú has visto que algún festival dé un premio de novela negra al mejor ensayo?”… ¡Hombre, si es de novela no cabe el ensayo!, si fuera un premio sobre “género negro” cabría novela, ensayo, relato, cine… Sobre el ensayo es cierto lo que se dice, “poco y malo”, pero en la península hay buenos ensayistas, tanto en corto (artículos) como en largo (libros).
    “La teoría interesa a pocos y no vende”. Dos cosas: cierto: la teoría interesa a todos porque no entretiene tanto como las historias, pasa con las novelas “populares”: poco ensayo y mucha porquería; “no vende”, pues eso, que las editoriales solo buscan beneficios, no calidad.
    Bueno, no quiero hacer este comentario tan largo como la entrevista, solo una cosa más: ¿no gusta el término negro? ¿Por qué no llamarle negro o negra, en lugar de “noir”, ya que hay un castellano y un catalán?

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