El rincón oscuro. En dos palabras: Nueva-York

Jesús Lens

En dos palabras: Nueva-York

En la comedia “Canción de Nueva York” hay un momento en que los personajes hablan sobre la Nueva York contemporánea y la de antes, más peligrosa y violenta, pero también mucho más auténtica y excitante.

“¿Qué echas de menos de aquella Nueva York? ¿Que te atracaran en Central Park?”, pregunta de forma retórica uno de los contertulios. “No. Pero sí creo que Nueva York ha perdido su esencia. El barrio más divertido de la ciudad ahora mismo es… Filadelfia”, ironiza el joven protagonista, sin mucho éxito, por otra parte.

Después de disfrutar la intensa serie “The Night Of”, de la que hablábamos la semana pasada en esta sección, la simpática comedia de Marc Webb, una mezcla entre el Woody Allen más verborreíco y el Paul Auster de antes; me hizo volver a la Capital del Mundo, metafóricamente hablando, que no hay dos palabras que a un buen cinéfilo le traigan tantos recuerdos como Nueva York.

Desde que tengo uso de razón, siempre quise viajar a Nueva York. Y, cuando por fin lo hice, mi libro de cabecera, mi guía de viajes imprescindible fue “El Nueva York de El Padrino y otras películas de la mafia”, de Pau Llavador y María Adell, publicado por Lunwerg.

Por supuesto, pasé por Chinatown y por Little Italy, tomando café en Mulberry St., en un local en el que se habían filmado secuencias de “Los Soprano”, por ejemplo. Y del imperecedero clásico de Coppola, por supuesto.

La realidad de la Nueva York contemporánea, efectivamente, nada tiene que ver con la imagen que nos hemos hecho de la Gran Manzana a través del cine. El viajero mitómano tiene que poner mucho de su parte para ir en el ferry de Staten Island y, al pasar frente a la Estatua de la Libertad, imaginarse cómo la veía el pequeño Vito Andolini, proveniente de Corleone, Sicilia, a comienzos de los años veinte del pasado siglo.

Al cruzar el puente de Williamsburg, por ejemplo, yo creía escuchar el saxo de Sonny Rollins, que se pasó un año entero ensayando su mítico “The Bridge” en el propio puente, para no molestar a los vecinos de apartamento del Lower East Side en que se había refugiado durante los años que permaneció desaparecido y alejado del mundanal ruido, tan solo concentrado en disfrutar de la música. Un puente, por cierto, con mucha presencia en “American gángster”, una de las últimas películas que nos hicieron creer que la redención de Ridley Scott era posible. Además, desempeña un papel trascendental en la resolución de “La ciudad desnuda”, la película de cine negro clásico que con más voluntad documental ha reflejado la ciudad de Nueva York en una pantalla.

¿Y qué me dicen de los filmes de los 70, con aquel intenso Al Pacino interpretando al policía infiltrado de “Serpico” o al atracador de “Tarde de perros? La ciudad que mostraban aquellas películas no tenía nada de monumental ni espectacular. Era la crudeza de las aceras sucias, el asfalto de unas calles que parecían estar a años luz de Madison Avenue o Central Park, por ejemplo.

Durante aquella escapada a Nueva York también estuve paseando por Harlem, por el Malcom X Boulevard, tratando de recuperar la atmósfera de las novelas de Chester Himes, buscando el rastro de sus míticos Ataúd Johnson y Sepulturero Jones. Y encontré un Cotton Club que, por supuesto, en nada se parecía al auténtico, mítico y verdadero Cotton Club que, como ustedes bien saben, fue el que nos contó Coppola en la película interpretada por Richard Gere, Diane Lane y Gregory Hines.

Y es que Nueva York no se termina nunca. Por ejemplo, buena parte del imaginario relacionado con la Nueva York más loca, creativa, fascinante y salvaje se me quedó fijado gracias a la película “¡Jo, qué noche!”, infernal traducción de la mítica “After Hours” de Martin Scorsese, una joya que me gusta ver, al menos, una vez al año, en la que Griffin Dunne disfrutaba de una de esas noches para no olvidar.

¿Y que me dicen de las fotografías de Weegee, el fotógrafo de sucesos al que Joe Pesci interpretó en “El ojo público” y que era capaz de llegar a la escena de un crimen antes que la propia policía? Sus instantáneas, además de ocupar la primera plana de los periódicos, han servido de inspiración para varias generaciones de diseñadores de producción de Hollywood.

Y están las calles, los edificios, los garitos y los apartamentos de Nueva York que Juanjo Guarnido dibujó para los primeros álbumes de su mítica serie “Blacksad”, antes de llevarse a sus personajes a Nueva Orleans y a recorrer la mítica Ruta 66. En la charla que tuvimos con él en Granada Noir, en el Espacio Cervezas Alhambra, nos contaba lo complicado que le resultó encontrar documentación visual de los años 50 neoyorkinos… antes de la irrupción de Internet en nuestras vidas.

Por eso, por si se cae internet y hay que volver a los libros, guardo como oro en paño monumentales tochos de Taschen como “New York. Portrait of a city”, “Jazz. Nueva York en los locos años veinte” o el fastuoso “An American Odyssey”, con fotos de los años 1888 a 1924 de todos los Estados Unidos.

Pero lo mejor de todo es que de mi viaje a Nueva York me traje un libro de fotografía muy, muy especial: “Scenes from the City. Filmmaking in New York”, un espectacular volumen de 300 páginas editado por el propio ayuntamiento de la ciudad y que, con la colaboración de los cineastas Martin Scorsese y Nora Ephron, recopila información y fotos del rodaje de decenas y decenas de películas míticas filmadas en una ciudad a caballo entre lo real y lo imaginado y por cuyas malas calles hemos transitado en mil y una ocasiones, sin necesidad de coger un avión ni tener que pasar control de pasaportes alguno.

 

@jesus_lens

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2 comentarios en “El rincón oscuro. En dos palabras: Nueva-York

  1. Pingback: En dos palabras: Nueva-York | Pateando el mundo

  2. Una nota excelente. Para mi gusto personal, tal vez faltó un mención especial a “Erase una vez en América”. Una notable saga de Sergio Leone (con un Bertolucci guionista excepcional) Un reparto que incluía a Robert De Niro, James Woods, Joe Pesci, Elizabeth Mcgovern y una infantil Jennifer Connelly bailando con gracia y malicia. Una New York con una banda de delincuentes infanto juveniles, con sus cosas aún de niños (inolvidable escena del muchachito que lleva un postre de regalo a la chica fácil del barrio), la perdida de la inocencia, las lealtades y deslealtades, la violencia, las incongruencias de los seres humanos (dañar lo que se ama) y varios temas más con el telón de fondo de una New York única e irrepetible perdida para siempre en las brumas de la nostalgia.

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