Novela: “Los papeles de Tony Veitch”, de William McIlvanney

veitchSergio Torrijos Martínez

Según nos cuentan esta obra es emblemática para el llamado “Tartan noir”. Personalmente veo pocas características propias de ese noir, pero “doctores tiene la iglesia”. Sea como fuere es un hecho probado el gusto de los escoceses por las tramas negro/criminales, como tampoco es ajeno el resto de la británica isla y para quien suscribe sólo el whisky, Braveheart y cierta fama de roñosos a sus habitantes tienen como algo propio e identitario.

La novela transcurre en Glasgow, ciudad industrial, dura, competitiva y plagadita de una violencia que es latente en toda la obra. Y puede que eso sea lo que más me haya llamado la atención de la novela, la violencia subyacente, que aparece por todos los lados y en algunos momentos se mastica, siendo como un personaje más en medio de otros. El propio Laidlaw es violento pero se controla, o al menos lo intenta, es algo que cree que tiene que reprimir y de hecho lo consigue.

Glasgow está tomado como otro personaje más, no como un escenario en sí, sino como parte de todo el argumento y como ciudad tiene algo muy curioso, muy particular que se podría definir con el siguiente extracto:

“Laidlaw se imaginó que el único superviviente de un holocausto nuclear resultaba ser de Glasgow. El hombre se levantaría del suelo y miraría en derredor. Se sacudiría el polvo de la ropa como si nada y, una vez hubiera limpiado de estroncio la tela del traje bueno, levantaría la mirada al cielo. Con las palmas de las manos abiertas, claro…Y se iría calle abajo, con esos andares típicos de Glasgow: con los hombros rígidos, como si el torso fuera de una pieza, tan tieso como una escoba. Diciéndose que con un poco de suerte alguna botella habría sobrevivido al cataclismo sin hacerse añicos.”

La obra arranca con la muerte de un vagabundo, un hombre que vive para beber y vive en la calle. Ahí la novela, de hecho lo hace continuamente, juguetea con la ignorancia que nos provocan seres así, asociales, invisibles y que parece que no importan a nadie, a nadie salvo al protagonista que ser revuelve con una visión muy propia de las relaciones sociales y más aún en una sociedad plenamente capitalista, sirva como ejemplo:

“No sé si tú te sientes a gusto en este oficio. Yo me siento tan a gusto como si llevara un cilicio puesto. Y bueno, sí, es mi trabajo y lo hago. Porque a veces me digo que lo que estoy haciendo es importante…Si todo se reduce a tapar el cubo de la basura en nombre de los ricos y poderosos, pues a tomar por saco. Mejor lo dejo. Pero yo me digo que mi trabajo tiene que ir más allá. Uno de los motivos por los que me dedico a esto es aprender. No sólo a echar el guante a los delincuentes, sino también a conocer cómo son en realidad.”

La obra también ronda cierto grado de intelectualidad que camina muy acorde a la juventud y a las primeras ideas que bullen en la cabeza de los universitarios y que al autor le interesan sobremanera. Ahí también surge su estilo, algo almibarado, algo intelectual sin exagerar, algo forzado en busca de una expresividad más profunda que no termina de funcionar, más aún cuando sacrifica el alto ritmo de la novela negra para dotarla de esa supuesta sofisticación. La novela es así lenta, musculada pero lenta tal vez en demasía y que se apoya en la complejidad del protagonista. Y ahí es uno de los puntos fuertes de la novela, al menos para un servidor. Laidlaw es contradictorio en grado sumo, peculiar, diferente tan suyo como el hampa de la ciudad.

“Creía haber dado con su secreto: en lo fundamental, era un hombre que ansiaba ser bueno con los demás. Su ira tenía origen en la dificultad de serlo, por miedo a que otros abusaran de su bondad.”

En resumen y para ir terminando, la obra me parece buena, diferente a lo habitual en el género negro. El protagonista me parece tremendamente bien construido, es carnoso y soporta con suficiencia todo el trabajo de ficción y con seguridad podrá con más. Me ha encantado la representación de la ciudad y de esa alma turbia y fuerte como la cerveza que se pide en los garitos de esa Escocia violenta, bebedora y divertida.

Los papeles de Tony Veitch

William McIlvanney
Trad.: Antonio Padilla Esteban
Salamandra Black

Puedes seguirnos en TelegramTwitter

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s