Novela: «Los dos lados», de Teresa Cardona

9788418859861_L38_04_lRicardo Bosque

Un hombre aparece maniatado en el cuarto de calderas de un caserón de la localidad madrileña de San Lorenzo de El Escorial. Muerto. Deshidratado. Según dicen, una de las muertes más horribles que se puedan imaginar. En opinión de la teniente Karen Blecker, la escenografía podría tener que ver con la mitología griega, en concreto con la tortura eterna a que fue sometido Tántalo (ya saben, y si no se lo cuento yo, ese tipo que iba a comer de gorra en los banquetes ofrecidos por los dioses y luego presumía de ello entre los mortales a los que invitaba a probar el néctar y la ambrosía que robaba en los ágapes).

Un arranque así no suele ser precisamente de mi agrado; todo lo contrario, acostumbro a alejarme de semejantes truculencias por resultarme poco creíbles, prefiriendo siempre los crímenes más mundanos, más de andar por casa.

Sin embargo, algo me hace pensar que Teresa Cardona, la autora de Los dos lados, va a tirar por otro camino que nada tendrá que ver con los asesinos en serie y los crímenes rituales. Y, en efecto, conforme van avanzando las pesquisas de la teniente y su brigada Cano -para empezar, tratar de averiguar la identidad del muerto-, se aprecia que la novela va a tener más de psicológico, incluso filosófico, que de procedimental y gore.

La novela se desarrolla en un mismo lugar -el citado municipio de San Lorenzo de El Escorial- y dos momentos temporales diferentes separados por veintisiete años, los veranos de 2016 y 1989: en la época actual, la investigación del asesinato, muy bien llevada tanto por la autora como por sus protagonistas; a finales de los ochenta del siglo pasado, las vacaciones de un joven universitario a quien su padre ha mandado a casa de sus tíos del pueblo para que, además de ligar con las mozas del lugar -casi todas ellas madrileñas pijas en su segunda residencia- se gane unos dineros trabajando en el club de golf o dando clases de repaso a niños que no han aprobado todo en junio.

Evidentemente, ambas tramas deberán converger en algún punto, pero la autora tiene la habilidad para no descubrirlo hasta transcurrida la primera mitad de la novela, aprovechando las dos historias para hablar de lo que le interesa, del meollo de la cuestión.

Porque el asesinato y su investigación no es sino una excusa para mostrarnos algo tan humano como el doble rasero con que solemos evaluar cualquier hecho que nos afecte en un momento determinado, nuestra doble vara de medir, las diferentes verdades que vemos según el lado desde las que las miremos…

¿Puede el Estado utilizar los mismos medios que los criminales en su lucha contra el delito? Sí, pensemos en aquellos años de plomo que propiciaron la aparición del GAL como medio para combatir a ETA y pongámonos en el lugar de un periodista de izquierdas tratando de explicar a un entorno social eminentemente conservador que el Estado pierde toda su legitimidad si lo hace. O pensemos en el guardia civil de turno tratando de localizar a un secuestrado cuya vida pende de un hilo y que se ve con las manos atadas a la hora de obtener información del secuestrador. ¿Quién tiene más derechos, el criminal o su víctima?

Preguntas difíciles de responder en caliente sin incurrir en contradicciones morales a las que Teresa Cardona trata de hincar el diente en esta su primera -y estupenda- novela en solitario en España, si bien ya cuenta con dos títulos escritos a cuatro manos publicadas en Francia, una novela que nos presenta a una nueva pareja de investigadores que puede dar mucho juego en el panorama literario español.

Al tiempo.

Los dos lados
Teresa Cardona
Siruela

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