Novela: «Yakutat», de José Luis Muñoz

YAKUTAT PORTADACarlos Manzano

No es habitual el uso de la segunda persona del singular como voz narrativa en una obra literaria, aunque tampoco sea algo excepcional. La elección de una voz u otra, entre otras cosas, afecta al punto de vista desde el que el lector accede a la historia y a la manera en que es interpelado por esta: la mirada no es la misma y por ello la percepción de lo sucedido varía, adquiere tintes diferentes. El uso de la segunda persona en su forma heterodiegética, es decir, como voz ajena a la historia que se narra, puede llegar a transmitir cierta sensación de acusación, o de ajuste de cuentas, similar, por ejemplo, a la del fiscal en las novelas de juicios cuando recuerda al acusado los delitos por los que se le encausa, con un sentido más descriptivo que valorativo. Y es precisamente el uso de esta segunda persona del singular como voz narrativa uno de los grandes méritos de la excelente novela Yakutat (Bohodón Ediciones, 2024), de José Luis Muñoz, por ese matiz inculpador que recorre toda la narración y cuya finalidad podría ser, además de relatar los hechos terribles que tienen lugar, derribar las excusas del protagonista y subrayar su escondida e innata ―aunque jamás asumida― fragilidad existencial.

En una lejana población de Alaska denominada Yakutat vive un antiguo miembro de los Navy Seal norteamericanos completamente retirado y apartado de la vida social cuyo pasado ―según iremos sabiendo― esconde algunos detalles atroces. Como ha quedado dicho, no es propiamente una voz omnisciente la que nos pone al corriente de su vida, sino esa segunda persona heterodiegética que parece saber lo que va a suceder y que no tiene el menor reparo ―esa es una de sus funciones― en condicionar el modo en que accedemos a las acciones pasadas y presentes del protagonista: por mucho que esa voz sea externa a los personajes que forman parte del relato, no lo puede ser respecto a la naturaleza de lo que cuenta.

En Yakutat hay violencia, violencia larvada al principio, como la hay en el mundo que nos rodea, una violencia sorda que no tardará en hacerse explícita cuando, a consecuencia de un virus mortal que parece asolar el planeta, los miedos y las desconfianzas cotidianas se conviertan en recelo, rencor, odio y abyección, todo ello dentro de un paisaje inhóspito y deshumanizado, bajo unas nieves casi perpetuas que parecen no detenerse nunca y una naturaleza agreste donde la única razón que parece impulsar a los seres que la habitan es la simple y pura supervivencia. En un entorno así, pareciera que lo único que persiguen los personajes es la vuelta a sus deseos más primitivos, a su naturaleza animal más indómita, a su origen ancestral.

Es Yakutat una novela dura pero extraordinariamente bien escrita, no en vano José Luis Muñoz es un escritor avezado, con un larguísimo y más que brillante historial literario a sus espaldas, un escritor, además, dotado de un gran talento para la creación de atmósferas y siempre dispuesto a adentrarse por los recovecos más oscuros y sórdidos de lo humano y sacar a la luz esos aspectos que la sociabilidad y la educación nos ayudan a mantener a buen recaudo. Y aun siendo conscientes del carácter extremo de los personajes, a menudo no resulta sencillo evitar identificar algunos de los impulsos que los mueven como propios, como si fuesen rescoldos de viejos incendios que en algún momento llegaron a arder en nuestro cerebro, o cierta querencia animal que tal vez aún anide bajo la capa de urbanidad en la que todos queremos esconderla. Y si la literatura sirve para algo, si tiene algún valor en un sentido práctico (aunque no resulte en absoluto necesario, diría que todo lo contrario), tal vez sea para ponernos frente al espejo de lo que nos define realmente, esa parte profunda y silenciosa que desearíamos no reconocer nunca, pero que, en circunstancias extremas, puede llegar a tomar el mando de nuestros actos y recordarnos que, nos guste más o menos, nunca hemos dejado de ser una especie animal más y, por tanto, poseedores de esa rabia latente que explica en buena medida toda la barbarie que a diario llena las pantallas de nuestros televisores y copa las cabeceras de los medios de comunicación. Novelas como Yakutat y escritores como José Luis Muñoz tienen la virtud de recordárnoslo.

Yakutat

José Luis Muñoz
Bohodón Ediciones

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