Novela: «El año de la langosta», de Terry Hayes

Sergio Torrijos Martínez

Si me atreví con esta novela fue porque conocía el autor, ya reseñé su novela “Soy Pilgrim”, y me pareció que tenía elementos atractivos como para embarcarme en la lectura de esta nueva obra y embarcarse es algo importante porque la contención no está entre las virtudes del autor. El autor no tiene ningún reparo en rellenar páginas y páginas, yéndose por las ramas, contando historias, retrocediendo y dando contexto a lo que narra, aunque a veces se le va la mano.

La novela trata de espías, en general, aunque el protagonista es uno de ellos que se dedica a entrar en las llamadas “Zonas de acceso restringido”, es decir las zonas peligrosas. Así nos encontramos con intervenciones en lugares no muy aptos para el mundo norteamericano como Afganistán o Irán, por poner a dos de ellos.

He notado que el autor ha variado su propósito literario, se ha decantado más por el terreno que ya trabajaron autores como Tom Clancy o Frederick Forsyth, es decir, autores que buscan una novelística en busca de ser superventas y no importando mucho otros elementos cercanos a la calidad. También es preciso señalar que su público objetivo es el americano medio, que no se plantea mucho la realidad, salvo la importancia de su propio país que ya se sabe hace todo bien, está al frente de la tecnología y es capaz de frustrar la maldad que le ataca con sus propios y maravillosos recursos. Es en ese punto donde se aleja de la realidad y pasa casi a ser un pasquín, muy cerca de un elemento propagandístico del gran hermano norteamericano. Tiene momentos que hace que te sonrojes, es algo que roza la candidez, pero lo peor no es esto, ni mucho menos. Comprendes lo que pretende el autor e intentas soportarlo con la objetividad e intentar sacar algo positivo de todo ello.

Pero, ahora vamos con el pero de verdad, no contento con demostrar lo grandes, eficientes y súper buenos que son los norteamericanos, da una vuelta de tuerca al guion y de pronto, sin trámite ni piedad, nos sumerge en una trama de ciencia ficción. Sí, como lo han oído: pasamos de espiar a Irán, por poner a una potencia extranjera, a hacer viajes en el tiempo y a salvar la humanidad yendo y viniendo en el espacio tiempo. Hubo un momento, se lo juro, que pensé que no podía ser verdad. Estaba leyendo y asombrado, pensando que algo ha pasado aquí, que se han juntado dos novelas, ambas de ámbitos radicalmente opuestos. Y lo peor no es eso sino que la parte de ciencia ficción es de lo más simplona, sin apenas imaginación, que suele ser lo más loable de la literatura de ese estilo.

Entiendo que los thriller internacionales dan un amplio margen a la imaginación, pero esto supone algo más que un salto y es al vacío. El propio mundo Bond es un universo plagado de ilusión, pero tiene ese poso de realidad que le permite ser atractivo y a la vez imaginativo.

No quiero ser como el autor que no trabaja la contención literaria y voy a ser escueto.

La novela tiene una parte muy simplificada pero efectiva, trabajando razonablemente en el ámbito del espionaje, con un lenguaje sencillo y certero, que hace que leas con soltura y rapidez lo que pretende, que es un instrumento de diversión o de distracción. La otra parte no tiene un pase, no pinta nada una novela de ciencia ficción en mitad de una trama de espionaje.

Es imposible recomendar la novela, de terminarla fue por la vergüenza torera de poder escribir esto aquí.

El año de la langosta

Terry Hayes
Planeta

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