Teresa Suárez
Sinopsis:
En los campos del Wisconsin rural de los años 50, un hombre solitario, amable y aparentemente inofensivo, llamado Eddie Gein, vivía en una granja en ruinas, ocultando una «casa de los horrores» tan espeluznante que redefiniría la pesadilla americana. Impulsado por la soledad, la psicosis y una obsesión absoluta con su madre, los perversos crímenes de Gein dieron vida a un nuevo tipo de monstruo, dejando un legado macabro que engendró monstruos en la ficción creados a su imagen, y encendiendo una obsesión cultural por lo criminales psicológicamente desviados» (Filmaffinity).
«Ni siquiera Ed Gein quiere que veas esta historia». «Monster vuelve a mitificar a Ed Gein y, a su vez, le quita la textura y la garra que se necesitaba desesperadamente para que la serie funcionara». «Esta serie sobre asesinatos, que adora la depravación, es imperdonable». Estos son algunos de los comentarios, escritos por periodistas de diferentes medios, que, sobre esta miniserie de TV, se reproducen en la página de Filmaffinity.
Con algunos de ellos estoy de acuerdo. Con otros no.
A ver, si conoces el trabajo de Ryan Murphy, especialmente la saga American Horror Story (aguanté hasta la quinta, pero en la sexta me descolgué, incapaz de procesar más violencia), o la fantástica Ratched, no puedes sorprenderte de que las imágenes que vas a ver estomaguen. Especialmente si la serie ya te avisa, en su título, de que va a contar la vida de un monstruo.
Recurriendo a saltos en el tiempo, los capítulos se dividen en dos partes: en la primera se narra la vida de Ed y en la segunda de los directores y películas (Psicosis, La matanza de Texas o El silencio de los corderos) que encontraron inspiración en sus proezas. Esto ocurre en los cuatro o cinco iniciales, que son, en mi opinión, los peores.
Cuando la serie se centra en Ed, la calidad, el entretenimiento y la fascinación por el monstruo aumentan.
Un padre alcohólico, y una madre fanática religiosa, no eran el mejor caldo de cultivo para disfrutar de una infancia sana. Así que Ed, que creció sobreprotegido y aislado por su progenitora del resto de los niños, cuando ella falleció sintió que su mundo se derrumbaba. Ese fue el detonante que hizo “brotar” los problemas mentales de Ed (fue diagnosticado de esquizofrenia y psicopatía sexual, por lo que se consideró que no podía ser juzgado como una persona normal).
Pero no solo fueron los macabros actos de Ed Gein, asesino y saqueador de tumbas (afirmó que nunca practicó sexo con cadáveres), los que lo hicieron famoso. A la atracción insana por Gein (quien “únicamente” confesó haber matado a dos mujeres) contribuyeron los medios de comunicación y el público, ávidos de audiencia y de vender periódicos unos y de experimentar grandes emociones otros, quienes convirtieron al “bueno” de Eddie en una superestrella del crimen.
Aunque, todo sea dicho, lo de que, en sus ratos libres, como “diseñador de producto autodidacta”, aplicara “nuevos materiales” a la fabricación de mobiliario, herramientas u objetos de cocina (algunos de los cuencos que usaba eran partes de cráneos humanos), ayudó bastante la verdad.
Y eso sin hablar de los vestidos y máscaras que, en su inútil, y a su manera tierno, intento de travestirse en su madre, le gustaba confeccionarse con la piel de los cuerpos robados.
Con un físico imponente, y conocido por interpretar personajes de macho alfa (atractivo, dominante, agresivo, seguro de sí mismo), como el Jax Teller, de la serie Sons of Anarchy (papel que interpretó durante casi siete años), o el de Rey Arturo en la versión de Guy Ritchie, ver a Charlie Hunnam interpretar a Ed Geinn supone una gran sorpresa: ¡en la mezcla de ficción y realidad que es esta serie, Charlie resulta adorablemente repulsivo!
La serie, como ya he dicho, es una ficción con toques de realidad o una realidad ficcionada, como prefieran, pero es algo que, en el fondo, resulta irrelevante.
Sin obviar la repugnancia que producen sus actos ni la atrocidad de sus crímenes, lo novedoso de la serie es que intenta reflejar también el lado humano del criminal. Y lo sorprendente es que lo consigue.
Por ejemplo, cuando encuentran el cuerpo de una mujer colgado en el granero de Gein, abierto en canal, y, horrorizado, uno de los policías corre hacia él y comienza a darle puñetazos, y Ed, con lágrimas en los ojos, le pregunta por qué lo hace si siempre han sido amigos, esa escena te crea una especie de conflicto moral porque, pese a lo espeluznante que resulta lo que estás viendo, ¡no puedes evitar sentir cierta empatía hacia Gein!
Y también hay humor. Muy macabro sí, pero humor, al fin y al cabo.
Sin quererlo, Ed Gein (1906-1984) se convirtió en una celebridad que “abrió” el camino a “otros como el”: John Wayne Gacy (1942-1994) que asesinó a 33 varones jóvenes, Ted Bundy (1946-1989) que asesinó a 36 mujeres o Jeffrey Dahmer (1960-1994) que mató a 17 hombres.
Cuando fueron arrestados, todos ellos argumentaron en su defensa problemas mentales, pero la jugada no les salió bien: Gacy murió por inyección letal, Bundy en la silla eléctrica y Dahmer, que fue condenado a 15 cadenas perpetuas, murió en la cárcel a manos de otro preso.
Mientras que a Ed Gein, dentro de su idiosincrasia, se le puede considerar como un asesino “tranquilo” que renegaba del espectáculo en el que se convirtió su vida, sus “herederos” buscaron la fama activamente.
De hecho, Gacy, Bundy y Dahmer participaron en las entrevistas que el agente Ressler y John Douglas, coordinador de perfiles criminales de la Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI, organizaron con treinta y seis asesinos en serie encarcelados.
Aparecieron en los libros que éstos publicaron y, gracias a sus “méritos” … de ahí a la eternidad.
Finalizar diciendo que, mientras Ed Gein se encontraba detenido, quemaron su casa y su camioneta fue vendida a un particular que montó un lucrativo negocio con ella llevándola de gira por varias ciudades y cobrando por ver su interior, con rastros de sangre falsa, a cuantos quisieran pagar por verla… ¡Siempre había cola!
Pan y circo para el respetable.
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