
Un viaje alrededor de la novela negra
Canadá: Three Pines y Quebec – Montreal – Toronto y Niagara Falls
Etapa anterior: Montreal
En octubre de 2024, se publicaba El lugar de los hechos. Un viaje alrededor de la novela, ensayo a cuatro manos escrito entre dos amigos y apasionados por el género negro: Jesús Lens y quien firma ahora estas líneas. Algo más de cuatrocientas páginas en las que visitamos tres continentes (Europa, Asia y África), treinta países y cincuenta y dos ciudades.
La aventura continúa, ahora en solitario y en otro soporte (esta vuestra revista Calibre .38), con la pretensión de recorrer América de norte a sur, Caribe, Pacífico y Antártida. Podrás seguir el recorrido en «cómodas entregas» -una por cada etapa del viaje- que recopilaré en un pdf de libre descarga conforme se vayan completando las diversas rutas en las que he estructurado el recorrido.
Buen viaje.
-¿Por qué tú nunca te pones un vestido así?
-Para usar un vestido como ese hay que tener costumbre desde los trece años.
Niágara. Henry Hathaway
Seamos sinceros: si hacemos escala en Toronto, la ciudad más poblada de Canadá aunque no su capital, no es por esa famosa torre desde la que podremos ver Toronto entero -lo sentimos, no hemos podido evitarlo- sino por ser la ciudad en la que una de las grandes de la novela negra estadounidense, Margaret Millar, ambientó sus primeros títulos. Y Millar se merece esto y mucho más.
La historia de Margaret Millar -del matrimonio Millar, en realidad- es, cuando menos, curiosa. Nacida en 1915 en Kichtener -a pocos kilómetros al oeste de Toronto- con el apellido Sturm, contrajo matrimonio en 1938 con Kenneth Millar, nacido en Los Gatos (California) pero a quien conoció en su adolescencia en el instituto de Kichtener. El matrimonio vivió al principio en esa pequeña localidad canadiense, donde Kenneth ejerció como profesor mientras Margaret se ocupaba del hogar y del cuidado de su hija recién nacida. Agobiada con ese papel hasta el punto de tener que guardar reposo por una hipotética dolencia cardiaca -los nervios, diría Margaret años después-, Kenneth le proveía de novelas policiacas a las que ambos eran aficionados, sin encontrarlas del todo de su gusto y afirmando que ella podría hacerlo mejor.
Y lo hizo, y en catorce días redactó su primer manuscrito que se publicó con el título de The Invisible Worm y firmando con el apellido de casada. A esa novela le siguieron otras dos y, ya residiendo el matrimonio en Michigan, Kenneth decidió dedicarse también a escribir, pero firmando con el seudónimo de John Macdonald para no ser confundido con su mujer. Posteriormente el seudónimo se transformó en John Ross Macdonald para terminar convirtiéndose en el Ross Macdonald con el que conocemos al padre del inmortal Lew Archer, detective privado.
Pero volvamos a Margaret, que es quien nos interesa en estos momentos, tiempo habrá de profundizar en Ross y Lew más adelante, así como de la obra de Millar ambientada fuera de Ontario.
En esas tres primeras novelas de Margaret Millar, el protagonista era el psiquiatra Paul Prye, descrito como un hombre atildado e irónico. Pero Millar no era muy partidaria de las largas series protagonizadas por un mismo personaje y fue creando otros como los investigadores privados Joe Quinn y Steve Pinata, el fiscal Meechan y el abogado Tom Aragon.
O el inspector Sands, policía de Toronto que ya aparecía en esas tres novelas del psiquiatra Prye y que protagonizó sus dos siguientes novelas: Muro de ojos y Las puertas de hierro.
En esta última, Lucille Morrow es la segunda esposa de un médico acaudalado. Vive feliz junto a su marido y los dos hijos de él, quienes la aceptan aunque sospechen que Lucille siempre fue detrás de su padre, incluso desde antes de la muerte, asesinada, de su madre. Un día desaparece tras recibir un extraño paquete. Días después, aparece totalmente desquiciada y al borde de la locura, por lo que es recluida en un sanatorio, donde transcurrirá el meollo de la novela.
Años más tarde, la Warner Bros adquirió los derechos para llevar la novela al cine, si bien nunca llegó a rodarse la película. Dicen las malas lenguas que por la negativa de varias actrices a interpretar el papel de la protagonista. En todo caso, el dinero obtenido por Millar sirvió para comprar la casa en Santa Barbara a la que se trasladó a vivir con la familia, ciudad que se convertiría en el escenario recurrente de sus novelas -rebautizada como Santa Felicia o San Félice- y de las de su marido -en este caso con el nombre de Santa Teresa.
Y si con Sands conocemos el Toronto de los años cuarenta, más actual es la visión de la ciudad que puede darnos el detective italovalenciano Larry Forlati, personaje creado por el escritor, periodista y editor Felip Bens.
Luigi Forlati escapó de Sicilia en los años treinta para afincarse en el Cabanyal para convertirse, con el paso del tiempo, en un próspero empresario y abuelo de un niño -Larry- que creció en Londres obsesionado por las novelas policíacas las películas de mafiosos.
Ya adulto y convertido en detective, protagoniza un debut literario, El caso Forlati, en el que debe remover sus orígenes sicilianos, acabando con su primo Junior -tercer capo de la familia- entre rejas y con él exiliado bajo una identidad falsa para tratar de escapar de la Famiglia y rehacer su vida.
¿Y dónde mejor que ocultarse que en una ciudad en la otra punta del mundo? Exacto, Toronto será su destino regentando una pequeña librería junto a Renata, una mujer de armas tomar. Una ciudad de clima extremo, con un durísimo invierno que hace que, con los primeros atisbos de la primavera, la gente se lance a la calle a disfrutar de la vida casi como si fueran ciudadanos del Mediterráneo. Una ciudad repleta de buenos clubes de música que hace las delicias de Larry, aunque sea difícil escapar de los largos brazos de su primo así como de las amenazas de los cárteles mexicanos. Si nos permiten, aquí les dejamos algunas recomendaciones que no les defraudarán: el Bovine Sex Club y su curiosa fachada, en el 542 de Queen St.; el Rex Hotel Jazz and Blues Bar -o simplemente The Rex- en el 194 de la misma calle; y, si lo que desean es una buena cerveza en el mejor ambiente posible, Mill Street Brewery, en el Distillery District debe ser su elección.
Ha llegado el momento de abandonar Canadá para iniciar un largo viaje alrededor de los Estados Unidos que, por su extensión, debemos repartir en dos rutas diferentes. Pero no podemos partir de Ontario sin hacer una breve visita a uno de los destinos preferidos por muchas parejas, así como por recién casados que lo elijen para disfrutar de su luna de miel.
Una de esas parejas es la formada por George y Rose Loomis, quienes deciden pasar unos días alojados en Rainbow Cabins, uno de los alojamientos de cabañas más cercanos a las cataratas del Niágara. El problema es que no viajan precisamente solos, puesto que Patrick, amante de Rose, les sigue los pasos. Y ya se sabe que los triángulos amorosos acaban trayendo problemas. En este caso, para uno de los dos hombres, que terminará desapareciendo entre las ensordecedoras aguas.

Estamos hablando, evidentemente, de Niagara, película de 1953 dirigida por Henry Hathaway e interpretada por Marilyn Monroe en el papel de femme fatale y Joseph Cotten como el celoso marido a liquidar. Junto a ellos, Jean Peters y Max Showalter como el otro matrimonio que pasaba por allí -atención especial a una maravillosa Peters como la inocente Poly Cutler que se verá involucrada en la trama sin pretenderlo.
A pesar de ser un film noir de manual, la película fue rodada en Technicolor para destacar la belleza y majestuosidad no solo de Marilyn -ay, ese vestido escotado que solo se puede lucir si se tiene costumbre desde niña- sino también de las propias cataratas y del omnipresente arcoiris que preside la población y sus puntos más emblemáticos.
Al margen de las propias cataratas y del túnel con vistas panorámicas a ellas, poco hay que ver en una población cuyo único recurso económico es ese pero, si tienen ocasión de pasar, aunque sea, una mañana en la ciudad, les aconsejamos que visiten la Rainbow Tower en Rainbow Center Plaza, a la entrada del Rainbow Bridge -ya les hemos advertido de la omnipresencia del arcoiris-, punto emblemático de la película con sus cincuenta metros de altura y sus cincuenta y cinco campanas con las que interpretar diferentes melodías, como ese Kiss que tanto gustaba a Monroe y tan poco a Cotten.
Ahora sí, ahora dejamos definitivamente Canadá para adentrarnos en los Estados Unidos de Norteamérica visitando, para empezar, una ciudad que pasó de ser el centro de la industria del motor a declararse en bancarrota en 2013.
Nos vemos en Detroit.
Próxima etapa: Detroit





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