Nuestra propia sangre

Ricardo Bosque

La dulce Neus

Juan Vila Carbonell, de 47 años, y Neus Soldevila Bartrina, de 38, marido y mujer y residentes en Montmeló (Barcelona), formaban en los ochenta un matrimonio extremadamente mal avenido. Padres de seis hijos​ -María Nieves (18 años), los gemelos Juan y Luis (17), Marisol (14), María Dolores (11) y Ana María (9)-, el ambiente familiar era, sencillamente, irrespirable, con un padre violento y autoritario permanentemente enfrentado a esposa e hijos.

Juan Vila, albañil convertido en constructor y acostumbrado a trabajar duro desde la infancia, pretendía lo mismo para sus hijos, a quienes obligaba a colaborar en el negocio familiar desde poco después de abandonar los pañales, convencido de que la escuela era algo francamente prescindible ya que él mismo no la había necesitado para triunfar en la vida y llegar a amasar una fortuna valorada en unos 400 millones de pesetas.

Se dice que apenas entregaba dinero a su mujer, la dulce Neus, para el mantenimiento del hogar. Se dice también que la dulce Neus derrochaba todo lo que pasaba por sus manos, en ocasiones en cosas supérfluas. Se dice que incluso llegó a meterse en negocios propios a espaldas de su marido. Y también se cuenta que, además de negocios a es​paldas del marido, man​tenía relaciones extraconyugales con hasta tres amantes​.

Algunas dificultades en los negocios de Juan Vila contribuyeron a agriar todavía más el carácter del constructor. Algunas dificultades en los negocios particulares de Neus Soldevila devinieron en deudas difíciles de pagar a acreedores que la amenazaban con contar todo al violento marido, y tan insostenible se fue volviendo la situación que cada vez eran más frecuentes las reuniones entre madre e hijos, invariablemente dedicadas a analizar el modo de acabar con el cabeza de familia, pues esa parecía la única solución a los problemas económicos y de convivencia de la familia Vila-Soldevila. La decisión final se tomó cuando el padre obligó a Luis, uno de los gemelos, a quedarse solo en la finca realizando el trabajo de varios hombres. A pesar de que Luis cumplió con el mandato, Juan terminó encerrándole y golpeándole con el cinturón.

Así, el 18 de junio de1981, Neus Soldevilla compró en una farmacia de Granollers un frasco de éter con el que dormir al marido antes de ejecutarle. ​Algunas opciones que se planteó la familia fueron matarlo a golpes, provocar un accidente de automóvil y envenenarlo con cerillas machacadas en el café. Al final, se decidieron por un procedimiento más directo y contundente: la pistola Star 9 mm corto de 1922 que Juan Vila guardaba sin legalizar.

Neus no quería hacer el trabajo​. La elegida fue Marisol, quien a sus 14 años fue la encargada de disparar a la nuca de su padre en presencia del resto de la familia a excepción de las dos hijas más pequeñas. ​Luego hicieron pasar el asesinato por un intento de robo por parte de unos encapuchados pero, finalmente, la criada confesó​ la verdad, Marisol negó ser la autora del disparo y echó las culpas a sus hermanos María Nieves y Luis, a pesar de que en la instrucción del caso se había reconocido culpable.

La Dulce Neus fue condenada a 28 años de cárcel por parricidio con alevosía y premeditación; Nieves, a 12, y los gemelos, a 10 años y un día cada uno.

Nuestra propia sangre

E​videntemente, u​ na historia semejante exigía versión cinematográfica, y ésta llegó en 1985 de la mano del director Santiago San Miguel y con la interpretación de Agustín González -soberbio en el papel de padre de familia fascistoide- y Charo López como la dulce Neus, aunque el personaje real y el de la película se parecieron bien poco. Por lo demás, una peli francamente prescindible, de esas “basadas en hechos reales” que se pueden ver cualquier sábado o domingo a la hora de la siesta.

N​ada que ver con Nuestra propia sangre, la novela con la que Mariano Sánchez Soler ganó en 2009 el XII Premio Francisco García Pavón de Narrativa. Nada que ver, digo, pues si la película antes citada tal vez no justificaba el precio de la entrada, la novela de Sánchez Soler es una auténtica joya que ningún amante del género negro -de la novela en general- debería dejar de leer.

E​ l autor barre para casa y traslada la acción de la provincia de Barcelona a la de Alicante. Por lo demás, los personajes resultan absolutamente reconocibles a pesar de la original declaración con que se inicia la novela: “Los nombres y personajes de esta novela son reales, aunque se deben a la imaginación del autor”. Y es a esos personajes reales, pero fruto de la imaginación del autor, a quienes Sánchez Soler da la palabra, pues son ellos -la madre, los hijos y algunos otros personajes secundarios de la trama- quienes narran ​una historia compleja que no es solo la historia de un crimen, sino también la de unas relaciones familiares extremadamente tensas y enrevesadas que justifican como nunca esa frase hecha de que “del amor al odio hay solo un paso”.

Las palabras de todos ellos son sus testimonios, en ocasiones contradictorios, de lo que realmente sucedió en esa casa a lo largo de varios años para mostrarnos cuáles fueron los desencadenantes del crimen, en definitiva lo único que al lector le interesa conocer, pues acerca de la identidad de los asesinos ya tiene una idea bastante clara​ desde antes incluso de empezar a leer, que para eso la prensa nos informó puntualmente durante meses -mi memoria suele ser selectiva y no recuerda lo que no le interesa, pero tal vez incluso algunos de los protagonistas se sometieron a un polígrafo televisivo o a las preguntas de la Nieves Horrores de turno-.​ Y cada personaje aporta de este modo su pieza para componer el rompecabezas definitivo de un drama en el que, como también suele decirse, no todo es blanco ni negro sino de una interesante y amplia gama de grises.

Sinceramente, por mucho que lo pienso, no encuentro a nadie como Sánchez Soler -curtido periodista de investigación donde los haya y con muchos años de oficio a las espaldas-, para contar esta historia​ hecha con personajes reales o ficticios, fruto de la imaginación del autor o producto de la tinta de hemeroteca​, pero, en definitiva, desgraciadamente cotidianos como demuestran las siniestras estadísticas relativas a la llamada violencia de género -aunque el caso que nos ocupa no responda exactamente al patrón habitual- y los diversos telediarios​ empeñados en mostrarnos, cada día, a sujetos dispuestos a llevarse por delante a aquellos con quienes han convivido durante muchos años.

@ricardo_bosque

 

Nuestra propia sangre
Mariano Sánchez Soler
Rey Lear Editores

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