“Retrato póstumo”, de Alexandra Marinina, por Sergio Torrijos Martínez

Sergio Torrijos Martínez

Nueva entrega de Alexandra Marinina y de su inspectora Anastasia Kaménskaya, en esta ocasión editada por la editorial Pàmies y que rompe con la editorial que hasta ahora había publicado las obras de la escritora rusa.

Poco puedo decir de nuevo de esta escritora, insistir en el acierto por parte de la editorial al contar con sus servicios pues, a mi juicio, es una de las mejores escritoras policíacas del momento. Por ello es una apuesta firme y que deparará réditos en cuanto al trabajo editorial, de eso no me cabe la menor duda.

No hace mucho reseñé Morir por morir de la misma escritora y lo que en aquella novela me llamó la atención en ésta se ha diluido un tanto y han aparecido nuevos ingredientes, en especial el reflejo del carácter del ruso común que la escritora consigue y nos retrata con un éxito absoluto. Aparecen elementos tan eslavos que por momentos tengo que sonrojarme de placer. Las expresiones, de género sentimental tipo de “mi vida ha terminado”, “moriré pronto”, “esto es el final”, “todo ha terminado” aparecen por doquier recordándonos a otros escritores más antiguos y que retrataron con especial cuidado el alma de aquellos seres que habitan aquellos gélidos páramos. Influye también el hecho de que centre sus esfuerzos en el mundo del cine, entre actores, directores y demás personajes que muestran gran pasión en todo lo que hacen.

Pero aparte de todo ello y de la dosis de denuncia que el libro carga, la novela es una muy buena novela policíaca. Bien estructurada, bien trabajada y muy bien escrita, teniendo una planificación sobresaliente puesto que a mitad de desarrollo la escritora da un bandazo y nos muestra el camino correcto para resolver la trama creada, algo que sólo ha sido posible con una planificación perfecta y ensayada desde la primera línea del relato.

En la anterior reseña de la escritora comenté que escribe sobre rusos de verdad y aquí vuelve a hacer gala del mismo talante, aunque ya acostumbrados a ello y a ciertos elementos comunes en ambos libros el disfrute es mayor, puesto que no cansa, y el mundo que nos refleja es aún más atrayente.

La novela tiene ciertas dosis de denuncia social, en especial fijándose en la miseria que sacude toda la sociedad post-soviética, pero la escritora no se detiene en ello, su prosa y la trama de la novela supera ese entorno y se eleva por encima de la mediocridad del día a día, pasando a hablar de verdades inmutables del ser humano, hablar del miedo, del temor, de la envidia, el odio, el rencor y cómo no, del amor, del deseo, de la fidelidad y en algunos casos de la infidelidad, llenando páginas y páginas de un calor y color más que vivo.

Sostiene la novela en una prosa sencilla, sin alharacas, eficiente y eficaz. Estructurada en pequeños capítulos con el título del protagonista que lo narra, hace que la lectura sea de una velocidad vertiginosa, tanta que si se tuviera tiempo se apuraría de una sentada puesto que la novela no da tregua.

Siguen siendo un tanto confusos los nombres rusos, puesto que los personajes se apodan entre sí de muy diferente forma y cambian de nombre con poco, bien empiezan con el apellido, pasan al nombre o pasan directamente al apodo o tienen varios apodos, algo que cuesta un poco de seguir.

En resumen una novela muy recomendable, de una lectura prodigiosamente rápida y que proporciona un grato placer a los lectores. Si no conocen nada de ella sería el momento de acercase a esta escritora y si la conocen no lo duden Marinina proporcionará horas de placer.

Retrato póstumo
Alexandra Marinina
Pàmies

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