Libros de saldo, 2. “Fatal”, de Jean-Patrick Manchette, por Alexis Ravelo

Alexis Ravelo

Pienso en cómo son crucificados los jueces que intentan hacer su trabajo, en cómo los fascistas de pro son enterrados como si hubieran sido precursores de la democracia, en la manera en que el poder vuelve a cerrar filas en torno a los más privilegiados.

De mi librería de saldo rescato Fatal, una novela escrita por Jean-Patrick Manchette entre 1976 y 1977 y publicada inicialmente por Gallimard en 1978. La edición española que tengo ante mí es de 1987: Serie Policiaca de la colección Libro Amigo de Ediciones B, con una introducción breve y eficiente de Andreu Martín.

La protagonista de esta novela no tiene nombre. O, más bien, tiene demasiados nombres (Melánie Horst, Aimée Joubert, madame Souabe) como para que podamos saber a ciencia cierta cuál es el verdadero. Cada uno de esos nombres corresponde a una mujer distinta en una ciudad distinta, resultando que esta mujer es morena, castaña o pelirroja dependiendo de en qué ciudad se encuentre. Así pues, no es de extrañar que el único lugar en el que parece ser realmente ella misma sea el compartimiento de un tren, entre una y otra de estas ciudades, donde come choucroutte con voracidad, bebe champán sin moderación y se restriega por el vientre y los pechos sudorosos un fajo de billetes que ha ganado de la manera más sucia. Sabemos, desde el primer capítulo, que nuestra heroína es una asesina fría, inteligente y eficaz. Sabremos, en los posteriores, que la mujer se cuida: es elegante, hace ejercicio, se mantiene bella, informada sobre la actualidad y en contacto con los más privilegiados. Son cosas que cualquier persona haría simplemente por su propio bienestar; para nuestra chica, en cambio, forman parte de su trabajo. A lo largo de la novela iremos descubriendo cómo alimenta su negocio: llega a una ciudad, se familiariza con las capas altas de la sociedad, toma contacto con sus representantes y rebusca entre los trapos sucios, averiguando quién tiene interés en deshacerse de quién y ofreciendo, finalmente, sus servicios.

Para Manchette (y para el lector, que lo sigue con avidez desde las primeras líneas), esta mujer aparentemente despiadada y egoísta ejerce, brutal y eficientemente, la justicia que a los menos privilegiados les está vedada. Nuestra asesina, de quien iremos descubriendo motivos y obsesiones, revuelve los basureros morales de los poderosos, esos vertederos ocultos por la imagen pública, por las tradiciones y la ideología y utiliza sus hallazgos para acabar con la vida de unos, y hacerse con el dinero (pero también con el último atisbo de vergüenza) de otros. Curiosamente, sus víctimas (tanto en un sentido como en otro) son, indefectiblemente, hombres, como si nuestra anónima justiciera hubiera intuido desde el principio que el capitalismo es eminentemente un fenómeno masculino, algo que surge desde el macho y que con modos de macho depreda y corrompe todo lo que toca.

El estilo de Manchette es rápido, eficiente, casi forense en algunas ocasiones. No nos sirve largas introspecciones ni demasiadas explicaciones sobre las acciones de los personajes (como si el autor, a la manera de Conrad, se hubiera propuesto ser respetuoso con su intimidad, vedarla al lector excesivamente curioso). Tiende a la enumeración de hechos aparentemente vulgares pero describe con precisión y parquedad, las elipsis son bruscas, los capítulos, con frecuencia, breves, porque sabe que el lector de novelas criminales está ávido de acción. Cuando al fin llega la violencia su estilo no es menos seco. No se detiene especialmente en detalles morbosos. La violencia ocurre de un golpe, porque sí y sin avisar y uno (como señala Andreu Martín) debe leer dos veces para asegurarse de que sí, efectivamente, no ha leído mal: alguien ha matado a alguien.

Esta parquedad de estilo, que algunos relacionarán con su cercanía al cine y al cómic, podría tener que ver con la rabia. Una rabia que surge en contra del sistema, una rabia muy marcada en todas sus novelas, que están escritas con las tripas por alguien que sabe perfectamente a qué lector se dirige y que es muy consciente de las ideas y sentimientos que desea despertar en él. Alguien que intuye que la literatura es una bomba de relojería a punto de estallar, haciendo saltar los trípodes del camelo del sistema, como suele ocurrir en los tercios finales de sus obras, cuyas páginas son recorridas por desbordados ríos de sangre.

En 2009, RBA recuperó de Manchette Nada, un fantástico neo-pólar sobre la lucha armada y el terrorismo de estado. Puede que, en algún momento, a algún editor se le encienda la lucecita y alguien decida recuperar esta novela que confiesa estar dirigida a las “mujeres voluptuosas y filósofas”, pero que tocará de lleno a todo aquel que sienta asco ante tanto eufemismo capitalista y tanto basural del poder que aún nadie ha revuelto.

Fatal
Jean-Patrick Manchette
Ediciones B, Libro Amigo, 1987

3 comentarios en “Libros de saldo, 2. “Fatal”, de Jean-Patrick Manchette, por Alexis Ravelo

  1. Mmmmm viejas novelas de ediciones B , de la Etiqueta Negra de Jucar o de Alfa7 de Laia…viejitas , arrugadas y sabrosas como unas papas arrugadas con mojo picon. siempre se merecen una re-reseña como la que nos regalas. Yo tambien tengo Fatal en mi biblioteca, aunque a mi me gusta mas el asesino de Cuerpo a tierra,… claro que yo era muy comiquero en mis tiempos mozos y ese Paris que retrataba Tardi para imaginarnos el polar de Manchette era insuperable.
    Un abrazo.

  2. Pingback: El caso N’Gustro, Manchette más vivo que nunca « Ceremonias

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