“Mátalos suavemente”, de George V. Higgins / Andrew Dominik: Los funcionarios de la muerte, por Francisco J. Ortiz

Francisco J. Ortiz

Cuando me tocó en suerte reseñar para esta misma revista digital Los amigos de Eddie Coyle, destaqué de aquella primera novela del malogrado George V. Higgins publicada en 1970 “su concisión formal, la abundancia de diálogos y lo sencillo de su anécdota”; tres rasgos definitorios que vuelven a caracterizar, todavía más si cabe, la tercera obra del autor, Cogan’s Trade, recuperada para el mercado español con el título de su reciente adaptación cinematográfica: Mátalos suavemente.

1974. Se publica Cogan’s Trade (que podría traducirse como “El comercio de Cogan” o “El negocio de Cogan”), un paso más en el recorrido literario que el ex periodista y fiscal George V. Higgins está construyendo a partir de su experiencia profesional contra el crimen organizado en Boston. Efectivamente, estamos de nuevo ante un argumento que puede resumirse con brevedad: Johnny Amato, un mafioso de poca monta, contrata a Frankie y Russell, dos criminales de su mismo nivel, para que asalten una timba de cartas ilegal, confiando en que se culpará a su propio organizador, Markie Trattman, pues este ya cometió un delito similar con anterioridad. Pero no resultará tan sencillo, pues Jackie Cogan, el pistolero contratado para averiguar quién está detrás del robo, no se conformará con la explicación más obvia antes de ajustar cuentas…

También volvemos a encontrarnos con un relato coral, pese a que en los títulos de ambas novelas aparezca el nombre de uno de sus personajes principales: en Cogan’s Trade (que también podría traducirse como “El gremio de Cogan”), este asesino a sueldo es solo una pieza más de un puzzle donde, como ocurría con Eddie Coyle y sus amigos, los distintos roles se definen por lo que hacen y sobre todo por lo que dicen más que por lo que pueda decir de ellos un narrador omnisciente que aquí se limita a las descripciones estrictamente necesarias de acciones y espacios. Así, los diálogos son de nuevo el principal aliciente de la obra: son conversaciones que guardan el equilibrio perfecto entre la naturalidad y la elaboración literaria, cargadas en cada una de sus intervenciones de significación sin resultar en ningún momento artificiosas. Muy al contrario, parecen una transcripción a partir de escuchas realizadas con micrófono oculto en los bajos fondos de la ciudad al más puro estilo de The Wire.

2012. El cineasta neozelandés Andrew Dominik, que debutara en 2000 con Chopper, retrato de un criminal auténtico a partir de sus libros autobiográficos, y que en 2007 sorprendiera con su lírico, telúrico y a la postre magistral western El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (al fin y al cabo, otro biopic sobre delincuentes reales), regresa al género negro con Killing Them Softly, adaptación de la novela de Higgins que nos ocupa y de la que firma también el libreto.

Scott McNairy es Frankie, uno de los ladrones

De la película, en la que vuelve a colaborar con el actor Brad Pitt (que fue Jesse James y que aquí encarna a Jackie Cogan), asombra la fidelidad extrema con la que el realizador ha acometido la adaptación: téngase en cuenta que la mayor diferencia entre la novela y el film radica en que al Conductor, personaje sin nombre específico que actúa como enlace entre el asesino a sueldo y aquellos que lo han contratado, se le describe en la primera así: “Tenía el cabello blanco, muy largo”; mientras que en el film, el actor encargado de interpretarlo es el siempre soberbio pero indudablemente alopécico Richard Jenkins. Aparte de esta ocurrencia, una simpática nimiedad, se han respetado prácticamente todos los elementos del texto de forma escrupulosa: desde los propios diálogos, recitados fielmente por los actores, a la estructura lineal del relato; incluso la presencia puramente testimonial (y que le confiere cierta aura mítica) de otro de los personajes, Dillon, un asesino a sueldo fantasmal al que todos temen pero muy pocos han visto en persona… aunque en la película lo encarne en una aparición episódica un rostro tan popular como el del actor, cineasta y escritor Sam Shepard.

Ray Liotta, Sam Shepard y Slaine también intervienen en la cinta

Al hilo de esto, y más allá de que ya hubiese colaborado con Dominik en su film inmediatamente anterior, cabe señalar que no me parece azaroso el concurso de Shepard, figura que indudablemente encarna al estereotipo del americano a la antigua usanza, con un considerable valor icónico a sus espaldas gracias a guiones como el de París, Texas o libros como Crónicas de motel… Porque precisamente América y la crisis que la azota son los temas principales del film, algo que resultará obvio a poco (muy poco) que nos fijemos en los subrayados de Dominik, como los discursos políticos en las pantallas de televisión o la sempiterna bandera de barras y estrellas entre el atrezo. Y es que el mayor cambio de Mátalos suavemente, la película, respecto de la novela en que se basa es su actualización temporal: si esta transcurría en algún momento impreciso de la década de los 70 en que vio la luz, la acción del film se desarrolla en 2008, durante la campaña electoral que protagonizaron el republicano John McCain y el demócrata Barack Obama y que se saldó con el triunfo de este último en las urnas. Un año que, según sabemos hoy, marcó el pistoletazo de salida de la crisis que sufre la sociedad capitalista, y que tal y como muestra el film no es solo económica, sino también de valores. Una crisis donde los asesinos a sueldo se ven obligados a rebajar su salario y a ofrecer ofertas de 2 x 1 a sus clientes mientras los humildes trabajadores del lumpen sufren cada vez más recortes hasta en los cañones de las escopetas recortadas. Pero siempre quedarán profesionales como el propio Cogan, un ángel exterminador para el que, como manifiesta en la última secuencia del film, “América no es un país, sino un puto negocio”, y que, como el psicópata protagonista de Henry, retrato de un asesino (1986), no disfruta con el asesinato ni se recrea en el sufrimiento de sus víctimas: es solo un obrero, en el mejor de los casos un funcionario, de la muerte.

Richard Jenkins y Brad Pitt en la última secuencia del film

A la hora de enjuiciar la película, algunos comentarios se han quedado en lo superficial, hermanándola solo a referentes cinematográficos: la presencia de actores como los citados Pitt y Jenkins, además de James Gandolfini (excepcional como un asesino a sueldo decadente, víctima de la obesidad y el alcoholismo), así como el humor negro que salpica el desarrollo de la historia, ha llevado a evocar enseguida el cine de los hermanos Coen; del mismo modo, la aparición de Ray Liotta en el papel de Mark Trattman ha recordado al Martin Scorsese de Uno de los nuestros. Otros, olvidándose de ese maestro de la escritura de diálogos que fue Higgins, ha comparado el film con los de Quentin Tarantino. Y quizás algunos consigan hilar más fino y se percaten del homenaje a David Lynch y su Terciopelo azul (una de las películas favoritas de Dominik, según ha declarado) en el uso del tema musical “Love Letters” interpretado por Ketty Lester, en una de las pocas set pieces llamativas de una propuesta por lo general tan sobria e incluso minimalista como esta. La mayoría de estos comentarios han obviado, por un lado, que la actualización del relato original sin necesidad de variar ni una coma de sus gloriosos parlamentos es, ya de por sí, una toma de postura política; por otro, y es algo que los que hemos tenido la oportunidad de leer la novela de George V. Higgins sí tenemos muy en cuenta: que sí, que Mátalos suavemente es una grandísima película, pero que antes de eso ya fue una grandísima novela.

 

Mátalos suavemente

George V. Higgins

(Traducción: Magdalena Palmer)

Libros del Asteroide

 

Mátalos suavemente

(Killing Them Softly, 2012)

Director: Andrew Dominik

Intérpretes: Brad Pitt, Richard Jenkins, James Gandolfini, Ray Liotta, Scoot McNairy, Ben Mendelsohn, Sam Shepard

2 comentarios en ““Mátalos suavemente”, de George V. Higgins / Andrew Dominik: Los funcionarios de la muerte, por Francisco J. Ortiz

  1. Saludos. Interesante reseña. Sobre la película, diré que a mi juicio se pierde en la formas. Todo lo que ocurre ha de ser presentado al espectador con extremo detalle, muy minimalista, con excesivo uso de la cámara lenta que ya aburre…la muerte del personaje de Ray Liotta, se queda vacío cual cargador en un intento de impresionar que ni impresiona ni nada. Es decir, que un tema que tan tristemente sobrevive al paso del tiempo se pierda en las formas, enturbia mucho el resultado final del film, por mucho que el reparto sea de 10, así como sus diálogos. Al menos para mi gusto. No hablo de la novela pues no la he leído.

  2. Pingback: De los escritores policiales y el crimen. Reseñando “La rata en llamas” de George V. Higgins, por Juan Mari Barasorda | Revista Calibre .38

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s