“El índice del miedo”, de Robert Harris, por Jesús Lens

Jesús Lens Espinosa de los Monteros

Robert Harris sabe de lo que escribe. Y precisamente eso es lo preocupante de “El índice del miedo”, una novela de finanzas-ficción que, al estilo de “El Código Da Vinci” y otros grandes best-sellers, cambia los enigmas bíblico-histórico-artísticos por algo menos prosaico, pero mucho más actual, cercano y preocupante: la Bolsa.

O, como se han dado en llamar: los Mercados.

Todo comienza en Suiza, claro. Doblemente claro. Primero, porque lo más granado, selecto y, por supuesto, inquietante de las finanzas internacionales está domiciliado en el país del reloj de cuco. Y, segundo, porque allí está el CERN. Sí. El CERN. El del Bosón de Higgs, el acelerador de partículas y la partícula de Dios. El CERN que trata de encontrar el origen del universo, nada menos.

Todo comienza cuando, una noche, alguien entra en la casa de uno de los responsables de un poderoso Hegde Fund, un fondo de inversión que, ya bien hundidos en la crisis, reportaba una rentabilidad de más de un ochenta por ciento a sus inversores.

Y ese alguien entra en dicha casa justo cuando el mencionado Fondo de Inversión está a punto de presentar a sus inversores un novedoso y ultramoderno programa que, con una generosa inyección de capital adicional, les hará aún más ricos.

Dinero.

¿Es susceptible, todo, de ser reducido a dinero? El mundo del arte, por ejemplo, que también tiene su presencia en la novela de Harris. ¿Y un accidente de avión? ¿Cómo es posible que el programa diseñado por el profesor Hoffmann estuviera vendiendo masivamente las acciones de una compañía aérea con excelentes resultados y aún mejores perspectivas de futuro… horas antes de que uno de sus aviones tuviera un accidente?

¿Existen las matemáticas predictivas? ¿Cuál es su grado de fiabilidad? ¿Qué papel puede desempeñar la inteligencia artificial, si tratamos de convertirla en broker?

Y, sobre todo, ¿hasta qué punto es ética y permisible la maximización de beneficios de unos pocos si, con dicha acción, se provoca la ruina de miles, de cientos de miles de personas? O, quizá, es la ruina de muchos la que hace posible el beneficio de unos pocos. En realidad, ¿hay diferencia?

Literariamente, “El índice del miedo” no nos dice nada. Pero la he leído en tres sentadas. Porque la trama es interesante. En este caso, lo que cuenta supera a cómo lo cuenta. Y no es que lo cuente mal. Es que la narración es más plana que una pista de patinaje sobre hielo.

Pero la hipótesis, el punto de partida y el desarrollo de la historia, pespunteada de un darwinismo aterrador, nos hace plantearnos si, en realidad, no está ocurriendo precisamente lo que cuenta este thriller de finanzas-ficción, más allá de la anécdota científica.

Es decir, ¿y si la culpa de la actual crisis en que estamos sumidos la tuviera la radical despersonalización, además de la letal desregulación, de un sistema económico tan voraz y agresivo que acaba tendiendo al canibalismo, como los tiburones que enloquecen al olor de la sangre y terminan devorándose entre sí?

 
El índice del miedo
Robert Harris
Trad.: Gemma Rovira Ortega
Grijalbo

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