“Cien años de perdón”, de Claudio Cerdán, por Ricardo Bosque

cien-ac3b1os-de-perdon-editorial-versatilRicardo Bosque

Hace algo más de dos años caía en mis manos la primera novela rematadamente negra de Claudio Cerdán, El país de los ciegos, de la que decía, entre otras cosas:

Una primera incursión en el género -y me consta que no será la última- en la que el autor demuestra que conoce a la perfección las reglas del juego y combina violencia -incluso de la gratuita-, cinismo y humor negro, y no olvida que, si el género muere como pronostica el afamado autor del primer párrafo (véase reseña íntegra), lo hará matando.

Bueno, pues efectivamente no iba a ser la última. Y dos años más tarde llega Cien años de perdón, un segundo disparo, un segundo tiro a bocajarro que, si me apuran, resulta más violenta, negra y criminal que la que supuso su debut en el género.

Para ello cuenta con el mismo escenario que se erige en protagonista fundamental de la novela, ese Alicante que no tiene nada que ver con la ciudad de la luz sino más bien de las sombras, ese Alicante en el que las alcaldesas comparten fiestas de pijamas con empresarios beneficiados con suculentas contratas -esto no lo dice Cerdán aunque no se cortaría un pelo en hacerlo, lo dicen las noticias-, ese Alicante en el que un expreso como el Tuerto Durán, recuperado por el autor para esta nueva historia si bien con un papel secundario, se mueve como pez en el agua. Cuanto más turbia -el agua- mejor.

Quien lleva la batuta en Cien años de perdón es Antonio Ramos, policía corrupto donde los haya, residente en una de esas urbanizaciones saturadas de turistas en verano y desiertas en invierno, marido de una adicta a las sectas más extrañas y padre de dos tiernas criaturas que le odian y desprecian a partes iguales.

Un encanto de familia.

Y si un policía como Ramos descubre, junto al cadáver de un anciano con síndrome de Diógenes, cientos de miles de euros almacenados en bolsas de basura -como si de un alcalde marbellí se tratase- pues no le queda otra que hacer lo que debe: sentir que ese dinero le pertenece e impedir por todos los medios a su alcance que pueda “extraviarse” -unos miles por aquí, otros miles por allá- en alguno de los almacenes para pruebas por los que terminará pasando, aunque para ello deba contar con la colaboración de un compañero de trabajo -más joven, pero con una prometedora carrera en la corrupción policial-, del propio Tuerto, de un par de gemelos rusos y puteros, de un forense al que no le importa mucho manipular informes, de un fotógrafo sin demasiados escrúpulos… Personajes adorables todos ellos como puede verse, algunos de los cuales acompañarán a Ramos en una trama paralela -o no tanto- a la principal: la investigación de un sangriento crimen familiar propio del desaparecido El Caso que se ha cometido -oh, casualidad- en el mismo edificio en el que residía el viejo con síndrome de Diógenes.

Con todo ello tenemos, como decía antes, una novela más violenta que El país de los ciegos, dura de leer y salpicada de un humor negro con tintes un tanto surrealistas, esperpénticos. De hecho llegué a sugerir en Twitter -y mantengo la propuesta- la posibilidad de montar uno de esos crowfundings que tanto se llevan en la actualidad para financiar el rodaje de una película -Cerdán apuntó que tal vez preferiría una miniserie- basada en la novela: solo por ver en una pantalla la escena de Jesús -lean la novela y lo entenderán- declarando en comisaria valdría la pena cualquier dinero invertido.

El país de los ciegos, Cien años de perdón… Afortunadamente, y visto el gusto del autor por utilizar fragmentos de refranes para titular sus novelas negras, el refranero español es amplio y variado, lo que podría ser garantía de muuuchas más historias protagonizadas por la ciudad de Alicante y los encantadores ciudadanos -nativos, transeúntes o residentes- que tan bien sabe elegir Claudio Cerdán para sus historias.

En eso al menos confía servidor de usted.

 

Cien años de perdón
Claudio Cerdán
Versátil
 

2 comentarios en ““Cien años de perdón”, de Claudio Cerdán, por Ricardo Bosque

  1. Pingback: Cien años de perdón | Directo al hígado

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s