“Palabras rotas”, de Karin Slaughter, por Sergio Torrijos Martínez

palabras rotasSergio Torrijos Martínez

Nueva entrega de Karin Slaughter cuya obra El número de la traición reseñamos no hará muchas fechas. Lo cierto es que la novela está alejada, radicalmente, de la obra de los grandes escritores norteamericanos, digamos que un Ellroy, un Lehane, un Koryta o un Connelly tienen un nivel mucho más elevado que Slaughter por mucho que la prensa nos anime a creer otra cosa. En mi opinión se acerca a lo peor de Coben, en especial a ese mundo algodonoso que recrea el autor y que personalmente me supera por aburrimiento.

Tampoco es cuestión de dar un palo gratuito a la autora pues percibo que tiene capacidad para más y creo que esta obra es un refrendo, ha mejorado sensiblemente con respecto a al anterior. Ha avanzado en dos aspectos: ha desarrollado mucho mejor la trama y se ha olvidado de los asesinos en serie, gracias a Dios, lo cual creo que ha sido un alivio para nosotros y creo que para ella también, porque entrar en la carrera de cual es más atroz o más bestia o más diabólico tiene que agotar.

En esta ocasión todo se inicia con la aparición de un cadáver en el lago Grant. Todo apunta a un suicidio, pero las investigaciones posteriores llevarán el caso por otro derrotero. Gracias a esa ubicación geográfica, Sara Linton entrará en liza y su llamada de auxilio será atendida por Will Trent, que mezclara el esclarecimiento del asesinato con la investigación sobre la policía local en cuyas celdas se suicidó un detenido que tenía que ver con el cadáver aparecido. La localización geográfica tiene mucha importancia, puesto que la protagonista Linton residía en aquel condado y de allí huyó hacia Atlanta tras la muerte de su marido, policía del condado, y que gracias a él cuenta con relaciones con el grueso de la policía local.

El problema de Slaughter es de inicio: no plantea mal las novelas ni las tramas, puesto que incluso puedes llegar a comerte lo del asesino en serie de su primera entrega; lo que plantea mal son los personajes, no funcionan, son algodonosos, sentimentaloides y poco dados a resistir los meneos de una trama criminal. Nadie se hace a la idea de una médico forense llorando con gran ternura por su marido desaparecido hace años y al poco metiéndose en harina a la hora de realizar una autopsia de la que se dan pelos y señales. Rechina. Tampoco es muy creíble un inspector de policía que es incapaz de leer y que tiene unas relaciones con su entorno absurdas, por no decir que totalmente incomprensibles.

Los puntos fuertes son varios: la trama, su desarrollo, la ubicación física -Atlanta y alrededores-, tipos sureños tremendamente americanos y, sobre todo, el ritmo. La autora tiene mano, es capaz con esos elementos de recrearnos una historia entretenida, pero debería buscar la manera de potenciar ese talento. Leer a Lehane o a otros de similar nivel y a partir de ahí construir personajes de una pieza, que el lector sienta odio o atracción por ellos, no pena.

De todas formas percibo que la autora se ha creado un nicho propio en el panorama editorial americano y que probablemente le costará abandonar ese cómodo cubil. Sus novelas van destinadas a un público femenino con interés por cierta cantidad de sangre y por algo de asombro. En mi opinión tiene hechuras para mucho más, es más, creo que en ciertos aspectos técnicos de la obra supera a algunos de los grandes escritores y, aunque en su conjunto pierda con ellos, todo es cuestión de, como ya he dicho anteriormente, potenciar esos aspectos.

Palabras rotas
Karin Slaughter
Trad.: Juan Castilla Plaza
Roca Editorial

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