“Si Sabino viviría”, de Iban Zaldua, por José Javier Abasolo

si_sabino_viviriaJosé Javier Abasolo

Si yo fuera uno de esos tipos encargados de escribir las fajas de las novelas de esa guisa tan espectacular y llamativa que procura despertar la inmediata atención del despistado lector que se pasea por las librerías buscando novedades, y me hubiesen encargado inventarme algo impactante para Si Sabino viviría, la novela de Iban Zaldua, habría sugerido que se escribiera con grandes caracteres tipográficos la siguiente frase: “UNA NOVELA QUE FLUYE ENTRE EL MUNDO DE ISAAC ASIMOV Y EL DE IAN FLEMING”. Hombre, no sería del todo verdad, lo reconozco, pero tampoco sería del todo mentira. Como tampoco sería del todo mentira ni del todo verdad si en la leyenda apareciese lo siguiente: “UN CRUCE ENTRE STANISLAW LEM Y RAYMOND CHANDLER”. O si habláramos de Tom Sharpe o…

Recapacitemos. A estas alturas el lector inteligente (y como buen pelota estoy dispuesto a jurar ante mil biblias que todos mis lectores son inteligentes) ya se habrá percatado de que en esta novela hay ciencia ficción, hay un detective y una investigación y hay, tiene que haberlo por encima de todo, sentido del humor, mucho sentido del humor.

No me queda más remedio que admitirlo. Nuevamente mis lectores inteligentes (o sea, todos mis lectores) han demostrado que lo son en grado sumo al percatarse de lo anterior. Porque efectivamente Si Sabino viviría es, desde cierto pinto de vista, una novela de ciencia ficción. Hay en ella una Tierra moribunda, apenas una reliquia olvidada por una humanidad dispersa en muchos planetas, planetas como Nueva Euzkadi, en el que por fin se ha conseguido el sueño de una Vasconia independiente, o como otro denominado Tauro que periódicamente recrea realidades virtuales en las que de modo nostálgico y aleatorio se reviven los primeros años del franquismo, el Siglo de oro español o la época de la Movida madrileña. E incluso hay un planeta llamado Trántor, como el de Asimov, aunque aún no ha llegado a ser la cabeza del gran Imperio Galáctico que eones después consiguió ser, siempre que sea verdad lo que nos cuenta la Enciclopedia Galáctica y no una de esas leyendas a las que tan proclives son los habitantes del Imperio y sus dos Fundaciones.

Estamos también, desde otro punto de vista, ante una novela de espionaje, negra, de misterio o como diablos se llame la cosa, en la que se cumple a rajatabla el ritual de que haya una investigación, con detectives, espías y matones. Todo ello causado porque, como parece obvio decirlo, los dos planetas citados, Nueva Euzkadi y Tauro, son enemigos irreconciliables, y cuando las autoridades del primero de ellos contratan a un detective para que recupere el ADN de Sabino Arana, sin el cual el gran ordenador que gobierna el planeta. el TBB o Tecno Buru Batzar, no puede funcionar correctamente, los taurotas harán lo imposible para desbaratar sus planes, complicando enormemente la ya de por sí difícil labor del detective elegido.

Y es que al bueno de Cosmic Josemi, como le gusta que le llamen a José Miguel López Belausteguieta, el hombre elegido por el TBB para tan ardua misión, le caen las hostias por todos los lados pese a ser un detective como Dios manda, en el caso de que a Dios le gusten las historias de detectives, no en balde fue Él quien esclareció el primer asesinato de la historia, el de Abel por su hermano Caín. Pero volvamos a las desgracias que sufre nuestro detective cósmico. La primera de ellas, su “doctor Watson”, un robot que pese a que es capaz de adoptar la forma de la más atractiva de las estrellas porno del vasto universo se empecina en ir siempre con el aspecto de Karl Wilhelm von Humboldt, un barón y varón alemán del siglo XIX especialista en Lingüística y que fue uno de los primeros investigadores del euskera. Una compañía muy interesante si tienes inquietudes culturales y eruditas, pero un coñazo total si lo que deseas es disfrutar de la vida. Y si ya eso no es positivo para el bueno de Josemi, tenemos también su condición de trisexual, debida a unos implantes de órganos sexuales arturianos que se hizo un antepasado y que se han ido transmitiendo de generación en generación. Una autentica faena ya que en lugar de proporcionarle más posibilidades de disfrutar sexualmente, como sería lo lógico, le convierte en un paria y un marginado. Y relacionado con lo anterior, y para acabar de rematarlo, no podemos pasar por alto su incapacidad para convencer a quien sea, hombre, mujer o androide, para que acceda a tener sexo con él, lo que aparentemente le califica, pese a haber nacido en otro planeta, como un auténtico neoeuzkadiano. La verdad es que tanto los viejoeuskadianos como los neoeuzkadianos llevamos como una cruz injusta esta fama inmerecida, la prueba de ello es que de ser cierta hace siglos que nos hubiésemos extinguido como pueblo, y eso sí que sería una pena, sobre todo porque nos hubiese impedido tener acceso a una novela tan interesante, rompedora y divertida, sobre todo divertida, como Si sabino viviría.

Y un último apunte. En el título no hay ninguna errata, es que somos así. A falta de sexo no hay quien nos gane a comer chuletones, levantar piedras y dar patadas al diccionario. Palabra de vasco.

Si Sabino viviría
Iban Zaldua
Lengua de Trapo

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