“En la oscuridad”, de Ian Rankin, por Sergio Torrijos Martínez

9788490064962Sergio Torrijos Martínez

“Rebus dejó el teléfono y llenó el vaso de whisky. ‘Esta noche en plan fino, John’, se dijo, pues últimamente bebía muchas veces ya directamente de la botella. Tenía el fin de semana por delante y como único plan un partido de fútbol. El cuarto de estar estaba lleno de sombras y espirales de humo de tabaco; seguía pensando en vender el piso y buscar otro con menos fantasmas, que eran su única compañía: colegas muertos, víctimas, relaciones finalizadas. Volvió a coger la botella pero estaba vacía.”

Lo que el párrafo no muestra y yo les voy a informar es que el querido Rebus termina en el bar más cercano tomándose unas copas. No es que se le vaya a caer la casa encima, con seguridad, de derrumbarse no le pillaría dentro, le pasa algo que es absolutamente lógico, pero para saberlo, esto no se lo pienso contar, tendrán que leerse algunos libros más de Ian Rankin. No es un castigo, pues el escocés es de los mejores escritores de novela policíaca del mundo.

La criatura literaria de Rankin ha tenido mucho trasiego, no es de extrañar que cada poco aparezca una obra nueva suya. Sus fetiches, Rebus y Clarke son ya casi parte de la familia, tanto como sus pub, ese Oxford al que creo que he visitado más que el bar de la esquina de mi calle. Sitios con humo, con ambiente y no es el del compadreo propio de nuestro país sino de uno más especial, ese de Escocia o que se podría equiparar a los de todas las Islas Británicas, esos bares donde se va a beber. No es preciso charlar o ir con los amigos: los amigos, si los hay, pueden ser conocidos de coperío en garitos de ese calibre.

Aunque claro, vivir en Edimburgo y no beber tiene que ser terrible, sino leed el siguiente extracto:

“Así era Edimburgo. Reservada, autosuficiente, una ciudad en la que no hablas ni con el vecino.”

Ya con solo eso dan ganas de tomarse un par de pintas, aunque solo sea para pasar la angustia.

Pero vayamos a la trama. Rebus está apartado de sus labores habituales, le han trasladado al servicio de seguridad del nuevo parlamento de Escocia. Será en las obras de rehabilitación de la nueva sede donde se encuentre un cadáver que había sido enterrado sobre la década de los setenta. Se unirán, casi de forma paralela, un nuevo asesinato sobre un político local y un suicidio. Todo ello relacionado con, ¡oh novedad!, corrupción urbanística.

Cuando leí semejante hecho pensé en nuestro país. Sí, el mismo que hemos construido todo desde Tarifa a Finisterre; sí, el mismo que construyó más casas que Alemania y Francia juntas; sí, el mismo en el que tenemos más políticos en el juzgado o camino de él que media Europa. Es cierto, estamos en ese continente y también puede que haya similitudes, aunque claro, nuestra escala sobrepasa la suya. De leer esta novela algún político imputado, ya no digo condenado, se reiría y los llamaría pardillos.

En Escocia las corruptelas se relacionan con el crimen organizado, en nuestro país no, porque el crimen organizado… mejor lo dejo ahí y no me meto en líos.

La novela tiene lo que todas las de Rankin, una investigación muy bien elaborada y muy bien llevada a cabo. Un Rebus admirable y una ayudante Siobhan Clarke pues que sigue su senda. Lo cierto es que pocas obras pueden presumir de tener ese ambiente tan propio y tan sugerente. Quien haya leído a Rankin sabe de lo que hablo, es inimitable. Son novelas, esta me ha parecido muy buena, muy por encima de la media. Muy clásicas, eso sí, pero no por ello menos divertidas y agradables de leer. Soy un rendido admirador de Rankin, así que me evito la recomendación. Ustedes verán.

Por último una frase para resumir el pensamiento literario de Rankin sobre la vida de los policías:

“La mayoría de la gente se limitaba a vivir su vida, mientras que la vida de un agente de policía formaba parte de la de otras personas.”

 

En la oscuridad
Ian Rankin
Trad.: Francisco Martín
RBA

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