“A qué esperan los monos”, de Yasmina Khadra, por Sergio Torrijos Martínez

monosSergio Torrijos Martínez

Vuelve Khadra, si es que alguna vez se fue, y lo hace de nuevo a Argel, a esa ciudad que quiere y que le decepciona, porque en esta novela la decepción va de la mano del cariño.

No es la ciudad y el país de la guerra terrorista, ya superada, sino que es el Argel de siempre aunque visto con otros ojos, unos ojos mucho más críticos, más acerados, menos crédulos, que nos van mostrando, a ritmo de novela policíaca, la realidad de la ciudad y por lo tanto del país. La novela negra es la excusa, ideal, para contar lo que le interesa sobre el país, sobre su realidad más a pie de calle y que no es nada complaciente.

Los que descubrimos al inicial Khadra de la mano del inspector Llob trabajando por las calles de un país asolado por la guerra y la violencia, nos sorprende esta nueva faceta del escritor argelino, es cierto que es más maduro, más asentado en una realidad más estable, pero sigue siendo tan contundente como siempre. Es más, creo que en la novela existe menos violencia que en otras, pero la densidad de su atmósfera es mucho más pertinaz, más dura y cruel y también más desasosegante.

La idea principal que quiere reflejar el autor se puede resumir en estas líneas, al comienzo de la novela:

“Ya no es sino una ruina mental, piensa Ed Dayem al encontrarse de regreso a la mítica capital chapoteando en sus propios vómitos. ¡Ah! Argel, Argel… Sus santos patronos se han dado de baja y se ocultan tras sus propias sombras con un dedo en los labios para suplicar a sus fieles que finjan estar muertos; en cuanto a sus estruendosos himnos, los silenció el alboroto de una juventud en dique seco que solo sabe entretener la ociosidad en espera de que un estallido de ira encienda la calle y así poder saquear tiendas e incendiar edificios públicos. Salvo una minoría de pijos que adquiere en París sus peores defectos, esto es pura metástasis de bastardía. Hasta el vicio se deshilacha en la vileza ambiental y las calentonas, que antaño ponían cachondos hasta a los lisiados, huelen a sudario y a fiero sudor prostibulario.”

Argel como espejo de toda Argelia, con sus vicios y sus virtudes, aunque en la novela las virtudes no aparecen salvo por casualidad. La descripción del país no puede ser más atroz, por momentos me ha recordado a parte de lo que ocurre en nuestro país. Si no, lean el siguiente extracto y saquen conclusiones:

“―Eso, Eddy, deben de estar preguntándoselo un montón de nuestros dirigentes, votados y multimillonarios. Muchos de ellos no han abierto un libro en su vida. Son los grandes afortunados de un país corrupto que privilegia la mediocridad en detrimento de la competencia y donde se desfiguran las conciencias para poner a salvo la fealdad. Si no, ¿cómo se explica que, pese a sus enormes riquezas, Argelia siga siendo tan pobre en sueños y en ambiciones, y esté a la cola de las demás naciones?”

La novela mezcla, con sapiencia, la crítica social, feroz y crudelísima, con una trama policíaca interesante, en la que se iniciará con el descubrimiento de una joven muerta y se terminará con todo un embrollo de consideración, que afectará al establishment, lo que me recuerda buena parte de la novelística negra más primigenia, sí esa en la que aparecían tipos con traje y fumaban sin cesar y eran acosados por mujeres bellas.

Lo que hace Khadra, a ese aspecto ya manido, es sumarle elementos nuevos, por lo pronto la investigadora es la comisaria Nora Bilal, que es lesbiana en un país rotundamente machista. Su ayudante es un superviviente de una acción brutal del GIA y tiene un pequeño problema de autoestima y de impotencia. Los malos que aparecen no tienen nada que envidiar a cualquier otro malo de película y en medio de todo ello, una sociedad que bulle con una fuerza y un tesón sin parangón.

Yasmina Khadra escribe francamente bien. En esta ocasión emplea un presente rotundo, pertinaz, que le aporta a la narración un plus de rudeza y de prontitud. Es capaz de generar mucha literatura de nivel con recreación de imágenes francamente conseguidas. Los personajes son de una pieza, bien construidos y mejor administrados, nada desentona en la obra, incluso su manera de gestionar ese elenco de protagonistas deja al lector casi sin palabras, cuando lo lean se darán cuenta del por qué de esa afirmación. A ello le suma una trama bien urdida, con un interés creciente, puesto que cuanto más se mete en la trama policíaca más atrae, más hipnotiza al lector y más potente resulta. El libro se hace corto y deja a lector con ganas de más, mucho más.

Es muy sencillo recomendar este libro, a los amantes del género y viejos conocidos del autor seguro que les encanta y a los nuevos, pues que se preparen: Yasmina Khadra no deja indiferente, quien lo lea por primera vez que se prepare, sus novelas son potentes, en algunos casos demasiado, nunca se queda corto.

Por último les voy a poner otro fragmento para que comprueben la facilidad creativa del autor, es un breve diálogo que nos muestra la sensibilidad del autor:
“―Pareces un disco rayado, Sid.

―Es el único que me queda.

―No tienes por qué seguir escuchándolo.

―¿Qué otra cosa quieres que escuche?

―El oleaje, los pájaros, las risas de los niños.

―Eso no me suena a nada, Zine. La cacofonía de estos tiempos me impide reconocer hasta a Mozart.

Zine se convence de que Sid está tocando fondo. Una toxina voraz le corroe la mente.

Silencio.

―¿Cómo es la risa de los niños, inspector?

―Muy bella.

―¿Qué es la belleza?

―Lo que nos salva de nosotros mismos.”

 

A qué esperan los monos
Yasmina Khadra
Trad.: Wenceslao-Carlos Lozano
Alianza

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