“La tentación de san Valentín”, de Francesc Rovira Llacuna, por José Luis Muñoz

tentacion san valentinJosé Luis Muñoz

Con la arquitectura de la novela negra se puede incursionar maravillosamente bien en el género de humor, y la hibridación, cuando hay talento, suele ser descacharrante. El vasco Juan Bas, director del festival La Risa de Bilbao, puede ser considerado como uno de los máximos epígonos de esta variante literaria en España.

La tentación de San Valentín tiene los ingredientes precisos para que una novela de este tipo, más humorística que negra, funcione y enganche. La investigación de Marc de Prim, un abogado atípico con coleta, que tiene un canario en su pisito de soltero que atiende al nombre de Pavarotti y dedica los fines de semana a cabalgar a lomos de una Harley Davidson con sus amigotes Pascual, Alaric e Isabelo, con los que forma el grupo Moteros de la Justicia (todos son abogados, fiscales o jueces) se centra en unos chanchullos urbanísticos en los que la clase política local está bien implicada, es decir, actualidad total, sólo que Francesc Rovira LlacunaLa respuesta está en Orsay y Héroe en la casa de los vientos– no pone nombre a la formación política y deja que lo haga el lector en función de sus fobias. Tiene la desgracia nuestro héroe de enamorarse de una señora estupenda, Claudina -sencillamente descacharrante la secuencia de la seducción tipo mantis de la mujer imponente al abogado con coleta-, futurible alcaldesa de Cabrera de Mar y novia de Conrado Sautier, un arquitecto director general de urbanismo que suena para ministro. No faltan muertes, como la de la prostituta María Perejil, paródica; párrafos subidos de tono –En lugar de mostrar contrariedad, me clavó de nuevo su mirada verdiazul y me acercó la boca muy despacio. Mis labios se encontraron con los suyos, al mismo tiempo que mi mano fue progresando muslo arriba hasta llegar a palparle sus finas bragas de tacto sedoso-, ni situaciones rocambolescas que hacen que la novela avance entre las manos del lector a una excelente velocidad de crucero.

Cuida mucho el abogado y profesor de narrativa sabadellense Francesc Rovira Llacuna el lenguaje, construye imágenes tan efectivas como descriptivas –Mis dedos se lanzaron a marcar el móvil de Claudina con la fatalidad del exalcohólico que toma furtivamente la botella a sabiendas de que, con ese gesto, contraviene su voto de abstinencia-, tiene un excelente oído para los diálogos, con los que moldea perfectamente los personajes de su novela coral, hace que la ironía planee siempre por la novela –Con el pequeño tsunami, se me había soltado la goma con la que me sujetaba la coleta y debía parecer el león de la Metro, una vez acabado de asear con la manguera a presión por los cuidadores del zoo– y sabe dotar de un buen ritmo a una narración que, por su tipología, es un poco deudora de las películas de Luis García Berlanga plagadas de conseguidores, trepadores y políticos que buscan el enriquecimiento personal.

La tentación de san Valentín
Francesc Rovira Llacuna
Ediciones Carena

2 comentarios en ““La tentación de san Valentín”, de Francesc Rovira Llacuna, por José Luis Muñoz

  1. Conozco personalmente a Francesc Rovira. Nos unen las mismas inquietudes literarias, ya que también soy escritora.
    Me invitó a la presentación de su novela “La Tentación de San Valentín” y en ese acto, compré su novela. Ya la he leído, y tardé muy poco en hacerlo, ya que su lectura es amena. Con muchas páginas llenas de sentido del humor e ironía.
    Y entre líneas lo dice muy claro todo.
    En ella se entrelaza el vigente tema de la corrupción, en este caso política y narra sus trifulcas y artimañas, para que el “poder” duerma con ellos siempre. A veces parecen buenos funambulistas, tambalean, pero llegan a conseguir su objetivo para estar en “primera página”. Mezclado con los palpitares del corazón, cuando es zarandeado y no consigue conquistar a su amada. En definitiva un tema que “te pega” a las páginas, hasta que has devorado la última palabra. Me dejó muy buen sabor de… Os aconsejo leerlo.

  2. Es una novela negra que entremezcla el erotismo y el suspense, contada con un fino humor. Como si el narrador lanzara un sutil guiño para que el lector se la tome con la seriedad que crea conveniente. Una excelente novela que a mí se me ha hecho corta.

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