“El niño 44”, de Tom Rob Smith, por Ricardo Bosque

Niño 44,El_135X220Ricardo Bosque

Como suele suceder, se ha hablado y escrito mucho más de la película de Daniel Espinosa (de la que he leído más críticas malas que buenas) que de la novela de Tom Rob Smith en la que se basa.

Como suele suceder, soy poco de ir al cine y mucho de pasar horas con la nariz pegada al libro, así que, una vez más, me dedico a la versión impresa y dejo la celulóidica para otros. Así, de paso, podré decir aquello tan socorrido de “pues la novela era mucho mejor”.

El niño 44 (la novela) se basa en un caso real sucedido entre los años setenta y noventa en el que un asesino en serie -Andréi Chikatilo- acabó en la Unión Soviética con la vida de 52 personas, casi todos ellos niños. El autor traslada los hechos al final de la década de los cincuenta -final del estalinismo, también- y los adapta a sus necesidades, que pasan por utilizar la excusa de la búsqueda del criminal para dar al lector un baño de opresión, terror sistemático, desconfianza hacia el vecino y pánico al Estado y su policía militar. Uno de esos policías es Leo Stepánovich Demídov, seguidor ciego de la propaganda oficial y creyente fiel en la delación como medio ideal para acabar con los enemigos del Estado, representado en la figura del dictador con bigote. Claro que hasta a los más ciegos se les cae algún día la venda de los ojos: en el caso que nos ocupa cuando, por venganza o como modo de someterlo a la prueba definitiva, Demídov recibe la orden de espiar a su propia esposa. Y Demídov sabe que cuando el Estado pone los ojos sobre alguien, ese alguien está condenado de antemano. Porque el Estado jamás reconoce un error, porque el Estado jamás se equivoca.

La novela arranca con una escena pavorosa, sobrecogedora, ocurrida un par de décadas antes de que comience la caza del asesino, en un pueblo desolado y hambriento en el que escuchar el mauliido de un gato supone la esperanza de tener algo que llevarse a la boca. Dos niños que salen de caza, uno que regresa, el otro que desaparece.

En cuanto a la acción principal, esa caza del asesino en serie -ya he dicho en muchas ocasiones que huyo de ese tipo de novelas como de la peste pero en este caso está justificado, aunque solo sea por estar basada en “hechos reales”-, la novela de Tom Tob Smith es ejemplar, sin dejar un momento de respiro al lector, cuando no es por lo trepidante de los sucesos narrados lo es por la angustia que provoca el día a día de los protagonistas y sus conciudadanos, el temor a recibir una visita a las tres de la madrugada -no, allí nunca es el lechero-, la desconfianza hacia quienes les rodean… Trepidante y truculenta por momentos, todo hay que decirlo, que hay escenas -pongamos la huida del tren- que por muy bien que las cuente el autor resultan difíciles de imaginar -tal vez, aquí, el cine parta con ventaja.

Los personajes, todos ellos pero sobre todo la pareja protagonista, muy bien trazados, plenamente creíbles incluso en lo más íntimo de sus relaciones, en la colaboración interesada o no entre ambos. Las causas por las que el asesino en serie lleva a cabo sus fechorías, lo más flojo de la historia, lo menos admisible de todo, aunque tal vez esta impresión se deba a mi propia predisposición e incredulidad hacia este tipo de criminales.

Una historia sugerente, adictiva y perfecta desde ese desasosegante inicio hasta su final. Bueno, para ser exactos, hasta unas diez páginas antes de llegar a la palabra FIN: en mi modesta opinión, un desenlace demasiado blandito y esperanzador para tanta aberración -personal y estatal- como hemos leído en las 530 anteriores.

Se puede perdonar, desde luego, habida cuenta las intenciones de futuro del autor.

 

El niño 44
Tom Rob Smith
Trad.: Mónica Rubio
Salamandra Black

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