“Les Merveilles”, de Claire Castillon, por Noemí Pastor

les-merveilles1Noemí Pastor

“Soyez abject pour être vrai”

Traducida elegantemente, esa máxima de Michel Houellebecq (que no es santo de mi altarcito) vendría a decir algo así como: “Practicad la abyección para ser fieles a la verdad”. Y parece que ha creado escuela.

Consulto en el diccionario de la RAE la definición de “abyección”, me dice que es ‘bajeza, envilecimiento extremo’ y sí, me encaja con lo que he leído en Les Merveilles. Lo sintetizo así: un episodio violento desencadena crímenes varios en una de esas banlieue francesas donde se cuecen en una olla a presión los ingredientes que machacan a las clases bajas: trabajos precarios, delincuencia que acecha, formación escasa, oportunidades inexistentes, sexismo feroz, consumismo miserable, autoestima nula, racismo institucionalizado…

Todo eso lo presenta Castillon desde el punto de vista único de la protagonista, una tipa para quien inventa una lengua propia, empapada en odio, un habla descarnada, un monólogo interior que, entre bromas de mal gusto y crueldades, entre barbaridad y barbaridad, acaba por atraparte, porque a ratos toca, como decía Houellebecq, la maldita verdad.

No es esta, pues, una novela para almas sensibles. Yo misma no me tengo por blandengue y confieso que la he aparcado varias veces porque me desagradaba, porque me golpeaba el estómago, lo cual no deja de tener su mérito: lo peor que te puede pasar con un libro es que no te encienda nada, ni física ni intelectualmente.

Un pasado para Paolone

Castillon se inspira en un crimen real, cometido en 2005 por Liliane Paolone, una joven de 25 años de Saint-Louis, en el norte de Francia. Paolone no tardó en ser detenida y acusada del asesinato de Christophe Millet. Durante la investigación se descubrió que la joven no solo había mentido a la policía (dijo que la víctima la había atacado), sino también a toda su familia y a todo su entorno; su vida entera era mentira; estaban ante una impostora a la altura de Jean-Claude Romand, el protagonista de “El adversario”, de Emmanuel Carrère.

Cinco años después del crimen, en 2010, Paolone fue juzgada y condenada por asesinato a 23 años de cárcel.

En marzo de 2015 France 2 emitió un episodio de su programa “Faites entrer l’accusé” dedicado al affaire Paolone. Se titula “Liliane Paolone, la belle de jour” y podéis verlo en Youtube.

Esos son los hechos. Ahora llega el turno de Claire Castillon, quien, para esta su novela número once, inventa no solo, como he dicho, una lengua propia, sino también todo un pasado para Paolone. Quiere explicar cómo llega a hacer lo que hace, inventa que, a sus doce años (“la edad de todas las posibilidades, la edad de todas las fragilidades”) sufre un episodio de violencia familiar y, a partir de ahí, todo es venganza sobre venganza, como en una eterna navidad macabra, porque se da cuenta de que se siente bien cuando hace que otros se sientan mal.

“No se escriben novelas con buenos sentimientos”

He empezado con una cita de Houellebecq y acabo con esta otra, de Chloé Delaume, escritora francesa que, a su vez, parafrasea a Christine Angot.

Me viene bien esa frase para decir que, si alguien busca buen rollo y valores humanos, que coja otra novela, porque en Les Merveilles no los va a encontrar. O sí, siempre que realice un triple tirabuzón mortal que le dé la vuelta a todo y sepa tolerar el reverso de los ideales, lo cual supone enfrentarse a ciertos tabúes.

El tabú más grande es el odio, ese odio que casi nadie reconoce que tiene dentro. Puede que por eso nos desagrade tanto la protagonista de Les Merveilles, porque le da rienda suelta al odio que no queremos sentir; porque, como nos habla directamente en primera persona, se nos confiesa violenta, manipuladora, sádica. Alguien le abre una herida brutal y el perdón no entra en sus planes, sino que se convierte en una máquina de hacer el mal. Es su manera de protegerse.

La experiencia extrema de la protagonista le brinda a Castillon la oportunidad de ahondar en los abismos más negros del alma humana. Y esa es la literatura que nos gusta, ¿no?

 

Les Merveilles
Claire Castillon
Éditions Grasset
 

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