Reseña: “Hambre a borbotones”, de Álber Vázquez

hambreSergio Torrijos Martínez

Decía de esta novela el director de la publicación, Ricardo Bosque, que más que novela negra es roja, y tiene cierta parte de razón aunque, mírense muy bien la frase, sólo cierta parte.

Leí la novela por su crítica y también porque me sonaba extraña. Anunciaba novela contundente a la par que incalificable, también, he de reconocerlo, apetece dar un palo de vez en cuando… Lo anuncio: traigo un saco lleno.

Vayamos por partes, nunca fue esta frase mejor usada. La novela no me parece roja, me parece negrísima, con ése aura de las cosas extrañas que se te cruzan en el camino. Es negra porque representa la negrura del alma humana, en muchas facetas, y también porque tiene un recorrido terminal. Una vez se inicia la trama todo el mundo es consciente, tanto el lector como autor, de que va a terminar mal. La deriva de los personajes, sus gustos, su impulso vital les lleva a la tragedia, está por ver que calidad de final les espera.

Como el director de la revista, no voy a explicar nada de la trama salvo destacar que se mezcla la novela negra, muy negra, con la gore y con toques de pulp. No es la elegancia de la novela Te quiero porque me das de comer que navegaba en mares muy similares, sino algo más truculento, más de pasión baja, sirva como ejemplo este fragmento:

“Al menos mientras duró la eyaculación, Castresana pensó que aquella había sido la manifestación de amor más bella que una mujer le había ofrecido jamás.

Arte en estado puro. Consciencia, comunión, sangre y semen. Supo que si el corazón le estallaba en aquel preciso instante, habría merecido la pena.”

Lo turbio y lo anómalo tienen espacio dentro de la novela, donde se mezcla con la elegancia, el arte en estado puro, la sutileza de las cosas bellas. Los personajes tienen ese canon, por un lado tienen gustos lejos de lo común en el resto de los mortales y a la vez poseen esa delicadeza propia de la alta educación, incluso de la pijería llevada casi al extremo. La sofisticación de la vida diaria, incluso en la mezcla de colores que preside su vida, se contrapone con los gustos que se esconden. La belleza y lo horrendo caminan de la mano, sin indisolubles porque de alguna forma tienen concomitancias.

Lo único que chirría en la novela es su capacidad para la violencia. No se entiende que sean tan destructivos si se parte únicamente de la determinación como principal arma, eso nunca ha funcionado así: la mala leche, la experiencia, el peso incluso pueden determinar un combate mortal, esa es la única pega que le puedes poner a todo el artificio.

La novela tiene un ritmo endemoniado, se asemeja a la degustación de un chuletón, una vez metes el cuchillo sabes que eso terminará en el hueso, será rápido y sabroso y tendrá un final feliz.

Me han encantado las labores del autor, manejando perfectamente el ritmo y las diferentes variantes de la trama para mantener la tensión del lector.

He disfrutado mucho con la lectura, ha sido apasionante en el sentido más amplio de la palabra. Se tratan elementos gore pero no provocan dentera al lector, o al menos, la justa, porque claro, la novela es lo que es y hay mucha carne, mucha sangre, mucho sexo a lo bestia, mucho fluido y mucha vida.

Parece ya una tradición, en 2014 fue la novela que hemos citado de David Llorente y en 2015 ésta, obras incalificables pero potentes y extremas. Sin duda me sumo a las opiniones del director de la revista, mi recomendación más encendida.

 

Hambre a borbotones
Álber Vázquez
Expediciones Polares

2 comentarios en “Reseña: “Hambre a borbotones”, de Álber Vázquez

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