Novela: «Las horas crueles», de Marto Pariente, por Ricardo Bosque

PORTADA NOVELARicardo Bosque

Vaya por delante que servidor no es seguidor de Got Talent (sí, ya sé que esto suena al latinajo “excusatio non petita, accusatio manifesta”), pero que levante el dedo quien no sepa quiénes son Risto Mejide o Edurne, dos de los jurados habituales del programa que se puede ver en Telecinco casi a cualquier hora del día que no esté ocupada por Sálvame, al menos en las mañanas de los fines de semana, con repeticiones en bucle de programas más o menos recientes y otros de ediciones en los que el citado vestía todavía pantalones cortos además de sus características gafas oscuras.

Pues bien, viene esto a cuento de que, para evitar el manido recurso al poli malo, poli bueno, en esta ocasión recurriremos a esta pareja en la que Teresa Suárez hará del tipo con gafas y yo de la rubia ton…, de la rubia.

Y es que hace unos días RisTeresa Suárez emitía su veredicto de “para mí es un no” acerca de la última novela de Marto Pariente en esta argumentadísima reseña, con la que en parte tengo que estar de acuerdo, que pueden ustedes leer en su revista criminal de cabecera. Así que ahora es el momento de dar mi personal opinión al respecto.

En Las horas crueles nos encontramos con una nómina bastante extensa de personajes, unos mejor perfilados que otros (tal vez el más desdibujado sea Santana, el segundo de a bordo del inspector Méndez) pero que, en general y a mi modo de ver, alcanzan el notable alto en cuanto a su caracterización.

Destacan, por supuesto, Frank Durán, actualmente director ejecutivo y único empleado de una “asesoría”, su modo de vida (mala tirando a pésima) desde que perdió su trabajo como policía al excederse en sus funciones como tal y ni siquiera poder acceder a la obtención de una licencia de detective como dios manda; Eliana Santoro, desconcertante investigadora de una agencia (más bien una ONG) que se dedica a buscar personas desaparecidas y con un pasado de carterista que saca a relucir cada vez que la ocasión lo requiere; y Méndez, inspector de la vieja escuela empeñado en seguir sacándole las castañas del fuego a su exsubordinado Frank.

Esto en cuanto a los buenos de la película, entreverados en denominación utilizada por Teresa. En el lado de los malos (bastantes), mención especial para los hermanos Lázaro, tanto el listo como el tonto, dos personajes que van ganando encanto conforme avanza la novela y que padecen una enfermiza fijación con los viajes a Islandia; Tomás Moreda, culpable mientras no se demuestre lo contrario y objeto de búsqueda por parte de Frank y Eliana; y Samael, el enigmático monstruo ejecutor cuya identidad, a mí sí, se me ha escapado hasta casi las últimas páginas de la novela (no así otros enigmas de la misma que fui descubriendo con cierta antelación, quizás demasiada, al desenlace de la misma).

Tenemos también en Las horas crueles una trama compleja, enigmática, bien desarrollada y que, en principio, puede parecer ciertamente inverosímil, pero en la que, poco a poco, las piezas van encajando, consiguiendo que lo que en un sus inicios provocase cierto rechazo en mi lógico y racional modo de entender las cosas, al final dices “pues oye, y por qué no…”

Le choca a Teresa en su reseña la persistente presencia en la novela del cielo y las nubes, el sol y el devenir atmosférico. A ver, queridísima compañera de armas en Calibre .38, que estamos en el campo, y en el campo (igual que en los ascensores cuando te encuentras con un vecino) se habla del tiempo, así como también del esquilado de las ovejas, del precio del cereal y de las subvenciones de la PAC.

Me choca a mí el uso repetido varias veces como una coletilla o frase hecha (sobre todo en el primer cuarto de la novela) de la expresión “con las mismas”, que supongo será manchega de pura raza porque en mis dominios un pelín más al nordeste (aunque lindando con la provincia de Guadalajara) no la he escuchado en mi vida.

Para terminar, y parafraseando a Teresa, si tenemos en cuenta que, según dicen los entendidos, entre los elementos más importantes que define al buen thriller destacan el ritmo ágil, la trama compleja y, sobre todo, mantener el secreto hasta el desenlace final, en mi opinión, y solo en mi opinión, Las horas crueles, de Marto Pariente, sí cumple esos requisitos.

En definitiva, y poniéndome en modo Edurne: para mí es un sí.

Las horas crueles

Marto Pariente
Espasa

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