Novela: “Monstruoso corazón ardiente”, de Álber Vázquez

Sergio Torrijos Martínez

Me considero, y considero a la mayor parte de los colaboradores y lectores de Calibre .38, gente bregada, hecha a leer historias duras, violentas, sangrientas… no por algo el género criminal, en toda su extensión, está plagado de esas características, pero leer a Álber Vázquez y empezar a cuestionar el grado de dureza de las mismas va de la mano. Es como el parámetro que mide los minerales y los califica en su capacidad de resistencia: después de leer esta novela me cuestiono, muy mucho, si en el fondo no soy un timorato.

Tras la lectura, bueno, mejor dicho, durante ella, todo lo que me parece violento o bestia pasa a tener otra definición, es como si el autor hubiera hecho una nueva tabla que define la dureza por otros parámetros. La novela, como también la anterior, es muy bestia y no lo hace por vísceras y mondongos sino por otra clase de bestialidad que todo ser humano lleva dentro. El autor saca a relucir ese lado oscuro y tenebroso que, presume, todos tenemos muy dentro de nuestro ser, escondido en recónditos rincones.

No quiero dar muchos detalles por no desvelar gran parte de la gracia, pero apuesto a que sorprenderá a todos los lectores.

Decía que la novela es muy bestia, tanto que roza lo crepuscular, se pasea por el filo de la navaja al estilo Apocalipse Now y por momentos se detiene en ese cortante espacio.

Ya desde la portada, bestia, cómo no, se presume que pese a tratar de los Bonet, personajes límite, hay algo diferente, algo que no tenga tanto que ver con la sangre y la carne, aunque, es imposible obviarla tratándose de ellos, y ese algo es el sexo y todo lo que conlleva. Conlleva tanto que el autor lo lleva al límite, pero límite de verdad, siendo molesto, tortuoso y enfermizo y, claro, estamos en el siglo XXI y eso ya no es tarea tan fácil, ni mucho menos pues se ha escrito, visto y oído mucho sobre todo esto, y aún así el autor lo consigue.

Los Bonet y Centenario, los primeros comen, hacen… mejor lo leen ustedes y así descubren el artificio, pero apareciendo ellos y todo el mundo que les rodea seguro que es divertido y macabro.

La novela, como obra de ficción, es una delicia: molesta, crea dentera, es dura, compleja y es imposible de dejarla de lado, la tarea de dejar la lectura por un rato se convierte en misión imposible, porque lo que cuenta y cómo lo cuenta atrapa al lector en una espiral de tal vorágine que se asemeja a la que viven sus personajes.

Mientras leía pensaba a quién recomendarla y me costaba encontrar a personas, porque puede desagradar o encantar, no tiene término medio, no es de las novelas que pasen desapercibidas o que pasen a criar polvo en una estantería, marcará, más que la primera porque está me ha parecido más profunda.

Personalmente Álber Vázquez me tiene ganado, la primera novela me gustó y mucho, está ha superado las expectativas y no eran pocas. Tenemos a un autor atrevido y que sabe escribir, capaz de crear una trama tan intensa y novedosa como esta, algo que no puede pasar de puntillas.

También hay que agradecer a la editorial atreverse con esta burrada, no por algo vivimos momentos de mojigatería alarmantes y la novela no pasaría de la página diez en ninguna editorial tradicional.

Para quien escribe, me apunto a la siguiente entrega de la trilogía. Es más, creo que tres son pocos, por favor señor Vázquez, hágaselo mirar. La novela es muy buena, de lo mejorcito, sino lo mejor, del año.

Monstruoso corazón ardiente
Álber Vázquez
Expediciones Polares

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